Secciones
Servicios
Destacamos
El pasado fue, para ella, reconoce María Teresa Marín (Murcia, 1971), «un verano duro». De esos en los que el sol se disfruta solo a ... través de las pantallas: de una televisión, un ordenador o un wasap de móvil que alguien envía presumiendo de vacaciones desde un lugar lejano. «Estaba trabajando en el libro de mi discurso para ingresar en la Academia», recuerda la directora del Museo Salzillo y profesora de la Universidad de Murcia (UMU) de unos meses, para ella, ajenos al ocio y enfocados a escribir sobre belenes. «No logré encontrar la inspiración hasta noviembre», confiesa. 'El arte del diorama y la escenografía en los belenes históricos' es el trabajo con el que en mayo Marín ingresó, como académica de número, en la Academia Alfonso X El Sabio de la Región, «la segunda mujer en hacerlo tras Conchita de la Peña», subraya con orgullo. Antes fue diputada regional por el Partido Popular durante dos legislaturas (2007-2015). Lo dejó, dice, «porque quizá ya había dado todo lo que podía» y porque era, añade, «el momento de volver a la universidad». Su mayor alegría ha sido «ser madre».
–¿Qué le apetece mucho?
–Bañarme en la playa y desconectar. Mi padre es de Torrevieja, y este año estoy deseando ir.
–¿En invierno no viaja a la playa?
–Habitualmente, no. Me gustaría, pero, al contrario de lo que piensa la gente, los profesores universitarios no tenemos mucho tiempo libre. Me hace gracia porque hay quien creerá que no es así, pero lo cierto es que no paramos. Cada vez hay más burocracia y nos llevamos mucho trabajo a casa.
–¿La docencia fue, en su caso, una vocación?
–A mí me encanta dar clase, y de hecho, creo que es lo que más me gusta, aunque gestionar un museo también es un trabajo apasionante.
–¿Qué les dice a sus alumnos?
–Intento transmitirles la pasión por lo que hacen, que estudien porque les gusta y no por obligación. Eso es fundamental.
–¿Usted mantiene intacta la pasión?
–Sí, por la materia, por supuesto. Me sigue encantando investigar y de eso no te llevas decepciones; del sistema o de las personas quizá sí, pero de la materia no.
–¿Por qué Salzillo?
–La primera vez que visité el museo fue siendo una niña. Nos llevaron en el colegio y recuerdo que compré unas postales antiguas. Entonces, solo tenía una planta, y ya me pareció maravilloso. Fue después, estando en la universidad, cuando me hice cofrade.
–¿Qué le fascinó?
–La genialidad de las esculturas; eran muy realistas y, a la vez, muy naturales. Se nota que el escultor va buscando la belleza y eso impacta.
–¿Alguna vez quiso ser pintora o escultora?
–Nunca lo he probado. Me gusta el dibujo, y quizá, cuando sea más mayor me apunte a algún curso pero no tengo dotes de artista. Como todo historiador, admiro lo que hacen los demás.
–¿Qué le sigue sorprendiendo del arte?
–Su capacidad de adaptación a los cambios políticos y sociales. Está ahí para dar respuesta a las necesidades de la gente y para reflexionar sobre aquello que nos interesa, aunque lo que más me gusta es su capacidad sanadora.
–¿De qué le ha sanado a usted?
–El arte y la literatura, en general, sirve para evadirse. Es una de sus funciones: transportarte a otros mundos para hacer que la vida sea más llevadera.
–En su trayectoria, ¿qué significa el Museo Salzillo?
–Siempre he dicho que poder dirigir una institución con el prestigio de este museo es un gran honor, a pesar de que es una institución muy problemática por la falta de recursos, y de que es un trabajo sin remuneración.
–¿Se ha sentido sola?
–Cuando han llegado los problemas económicos, sí. Pero no solo yo, sino todo mi equipo. Este museo es uno de los referentes de la ciudad, pero también de la Región, y entendimos que nos rebajaran el presupuesto en 2011, pero no que sigamos igual. Parece que como sobrevive, las instituciones se relajan o se conforman, y no, el Museo Salzillo merece mucho más. Este año vamos a tener que cerrar en agosto porque la persona que está allí se va de vacaciones y no podemos sustituirla. O las instituciones se mentalizan de que nos tienen que ayudar o no hay manera. Eso es lo que ahora mismo no me deja dormir.
–¿Por qué entró en política?
–Fue algo inesperado. Ballesta había sido mi rector en la Universidad, y a través de él contactó conmigo el entonces presidente de la Comunidad, [Ramón Luis] Valcárcel. Me preguntaron si quería ir en las listas y casi no tuve tiempo de pensarlo. Fue una aventura apasionante, y otro de los grandes honores que tengo: el de haber podido representar a los murcianos en la Asamblea y de trabajar por ellos desde el poder legislativo, desde el que no se puede hacer tanto como desde la política ejecutiva, pero aún así me gustó mucho.
–¿Qué aprendió?
–El respeto por la política. La gente tendría que conocerla desde dentro para no verla de forma tan negativa. La política es muy sacrificada, sobre todo la ejecutiva, y me apena que, por unos pocos que lo hacen mal, paguen todos. En su gran mayoría, los políticos están ahí por vocación y por esa voluntad de servir a los demás; aprendí a respetar más a la gente que se dedica a la política.
–¿Volvería a decir que sí?
–Sí, sí, lo haría. Quizá alguna vez me he arrepentido porque te quita tiempo para investigar y eso hace que te quedes atrás en la universidad. En ese sentido, alguna vez me ha pesado, pero poniendo la balanza creo que mereció la pena.
–Estuvo dos legislaturas. ¿Para usted fue suficiente?
–Creo que era el tiempo correcto. Me pidieron que siguiera, pero fui yo quien dio un paso atrás. Pensé que dos legislaturas estaba bien y que, quizá, ya había dado todo lo que podía, y, por tanto, era el momento de volver a la universidad. Pero comprendo que hay políticos muy vocacionales, y los he conocido, que no tengan que estar limitados a ocho años. Si esa es su vocación y valen muchísimo, ¿por qué no pueden estar en política más tiempo? No obstante, creo que a todo el mundo le vendría bien salir de la política de vez en cuando, aunque luego la retomara, para no perder los pies del suelo.
–¿Qué ha sido difícil en su vida?
–Gracias a Dios no he tenido grandes dificultades.
–¿Y su mayor alegría?
–Ser madre. Era una de las cosas que más deseaba y he tenido mucha suerte.
–¿Cómo es la relación con su hija?
–Muy buena. Es una niña muy estudiosa, tiene 16 años, casi todo el tiempo que llevo en el museo, y le gustan mucho las matemáticas. En eso ha salido a su padre, Leandro, que también es profesor en la Universidad. De Matemáticas.
–¿Ha conseguido siempre lo que quería?
–Sí, casi siempre, pero a lo mejor tampoco me he puesto metas muy altas.
–¿Qué sueños ha cumplido?
–Trabajar en lo que me gusta y tener una buena familia. Eso es lo más importante.
Un sitio para tomar una cerveza La plaza de las Flores
Una canción 'Gold', de Spandau Ballet
Un libro para el verano Cualquiera de novela negra. Me encanta Benjamin Black
¿Qué consejo daría? Vive y sé feliz
¿Cuál es su copa preferida? Vino blanco o cerveza
¿Le gustaría ser invisible? Sí, a veces
Un héroe o heroína de ficción Jane Eyre
Un epitafio No tengo
¿Qué le gustaría ser de mayor? Pintora o escultora
¿Tiene enemigos? Desgraciadamente, sí. Siempre hay
¿Qué es lo que más detesta? La envidia y la maldad
Un baño ideal En Cabo Roig
–¿Qué ha supuesto su ingreso en la Academia?
–Un paso muy bonito porque allí publiqué mi primer libro sobre Salzillo. Fue mi tesis, que dirigió Cristóbal Belda, también académico, al igual que Juan Torres Fontes, que fue director del Museo Salzillo. Muchas de las personas que admiro y admiraba estaban ahí, y por eso ha sido muy bonito, pero también como mujer, porque hasta que yo entré, como académica de número solo estaba Conchita de la Peña. Es importante que las mujeres vayamos dando pasos en instituciones quizá más tradicionales y clasistas. Aún me choca, a pesar de todo lo avanzado, una fotografía en la que ves muchas corbatas.
–¿Qué cree que no le podrán recriminar?
–Haber sido mala persona. He podido fallarle a alguien, pero no con intención. No entiendo a la gente maligna, y desgraciadamente, en la vida, te encuentras a personas así.
–¿Qué hace con los miedos?
–¡Uf! Soy muy miedosa y cada vez tengo más fobias. Lo llevo fatal.
–¿A qué le tiene pánico?
–A la muerte, a la muerte de tus seres queridos, a no hacer bien las cosas, a fallar a las personas que han puesto su confianza en ti... Y luego, a cosas tan absurdas como bajar una escalera, montar en un ascensor, subir a lugares altos...
–¿Qué hay más allá de la vida?
–Algo tendrá que haber. Que la vida se limitase solo a esto sería muy triste. Supongo que hay algo, pero nunca lo llegaremos a entender. Por eso, casi mejor no pensarlo.
–¿Qué le gusta que le regalen?
–Libros. ¡Me encantan!
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.