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El poeta y dominico Antonio Praena, fotografiado en Águilas. Jaime Insa / AGM
«La sexualidad es un regalo, un don de Dios»

«La sexualidad es un regalo, un don de Dios»

Antonio Praena, sacerdote dominico y poeta

ANTONIO ARCO

Sábado, 11 de agosto 2018, 00:00

Les presento a un poeta extraño, cautivador, que no deja indiferente. Les presento a un sacerdote dominico, y profesor de Teología, extraño, cautivador y que no deja indiferente. Autor de poemarios tan celebrados y recomendables como 'Historia de un alma' (Visor), que mereció el XXVII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, Antonio Praena (Purullena, Granada, 1973) es un hombre de Dios que habita entre nosotros en carne y hueso.

  • 1 -¿Un sitio para tomar una cerveza? -En el barrio de Ruzafa, en Valencia.

  • 2 -¿Una canción? -Cualquiera de Alanis Nadine Morissette.

  • 3 -Libro para el verano. -'Historia de un alma', mi último poemario.

  • 4 -¿Qué consejo daría? -Elige el camino de la bondad.

  • 5 -¿Cuál es su copa preferida? -Una de vino.

  • 6 -¿Le gustaría ser invisible? -No.

  • 7 -¿Un héroe o heroína de ficción? -Noé.

  • 8 -Un epitafio. -«Fue más fuerte el amor que su muerte».

  • 9 -¿Qué le gustaría ser de mayor? -Un joven con el corazón calmado.

  • 10 -¿Tiene enemigos? -No creo.

  • 11 -¿Qué detesta más? -No me gusta que nadie se crea superior a nadie.

  • 12 -¿Un baño ideal? -En la playa Amarilla, en Águilas.

-¿Qué ama usted?

-La visibilidad, todo lo visible. Amo la materia, amo la encarnación. Soy aristotélico-tomista por definición filosófica.

«Me quedo leyendo hasta las tantas, con lo cual por la mañana, cuando me tengo que levantar para ir a rezar laudes, estoy que no me entero»

-¿Cuénteme un momento feliz de sus vacaciones en Águilas?

-Estoy en la playa Amarilla, al atardecer, junto a mis dos sobrinos, que son mi pasión. Emmanuel tiene 12 años y Efrén tiene 5. Si el sentido de la existencia es conocer el amor profundo, en este momento que le describo soy feliz: rodeado de belleza, metido con ellos en el agua, me abrazan, siento que ellos también son felices. Si Dios existe, y le aseguro que existe, en esos momentos se manifiesta claramente. Esta mañana, antes de venir a la entrevista, Emmanuel me ha estado contando sus cosas en el desayuno. Me parece un milagro que, con edades tan distintas, podamos estar en sintonía, comunicándonos con absoluta confianza. En las cosas más sencillas, tocas a Dios.

-¿Por qué esa obsesión de la religión con todo lo vinculado al sexo, a lo carnal?

-El control de la sexualidad, de la vida íntima, de la corporalidad, de las relaciones humanas, es una forma fuerte de introducirse en la conciencia de la gente y, de alguna forma, controlarla. Si tú pones mucho el acento en ese aspecto, al final la culpabilización hace sentir en la gente una necesidad de purificación...; de alguna manera, necesitará de ese tipo de religión ritual para volver, digamos, a esa pureza perdida. Y eso es una deformación de la religión, porque el Evangelio vino a inaugurar una forma de relación con Dios que se fundamenta en el corazón, en la solidaridad, en el amor, en la caridad...; eso es verdaderamente lo que continuamente está en la predicación de Jesús.

«Yo no me siento castrado, ni soy ningún reprimido. Mi castidad es una forma de vivir el amor»

-¿Qué le resulta curioso?

-En la Edad Media, que no era tan oscura como creemos, hubo movimientos teológicos nada platonistas, mucho más de corte aristotélico, con una concepción del ser humano, con respecto a la sexualidad y la corporeidad, mucho más realista de la que a veces hoy podemos encontrar.

-¿Cómo relacionarnos con nuestro cuerpo y con el de los demás?

-El cuerpo, ya en el inicio del Génesis, aparece como una realidad creada por Dios; al ser humano lo hizo de la tierra, y por lo tanto la materia es buena para el cristianismo. La carne, la corporeidad, son creaciones de Dios. El ser humano no tiene cuerpo, es cuerpo; y es cuerpo, sobre todo, para el encuentro con el otro. El otro es parte de mi identidad. Sin cuerpo no hay expresión: ni poética, ni del afecto, ni hay entrega... Todo se queda en palabras.

-¿Qué tipo de religión es la cristiana?

-El cristianismo es una religión de la encarnación. Es revolucionario el hecho de que Dios se encarnó, se hizo hombre asumiendo la carne en todo: en sus sentimientos, en sus pasiones... Existe el cuerpo para amar, para entregarse; sin cuerpo no somos ni para el otro, ni para nosotros mismos. Amar significa dar tu tiempo, tu cansancio, tu inteligencia...; el cuerpo es el gran regalo que tenemos de parte de Dios, y con él nos emocionamos y podemos vivir la alegría y el drama.

-¿Cómo vivió Jesucristo su propia corporeidad?

-Vivió su propia corporeidad entregándose a la gente, tocándola. El judaísmo prohibía, por ejemplo, tocar a una mujer con la menstruación porque se suponía que quedabas contaminado; y si te acercabas a un leproso, también te contaminabas. Jesús se salta esas prohibiciones, y cuando ve a una viuda que está enterrando a su hijo, la toca a ella y también al muerto. Pese a todas las críticas que eso podría conllevar, Jesús se deja tocar por las mujeres y se aloja en sus desplazamientos en casas de mujeres solteras. Ese modo de actuar nada tiene que ver con esa concepción purista de la religión que te hace ver tentaciones y peligros por todos lados. Jesús mira al corazón, no se queda en la apariencia. No es buena esa concepción pecaminosa de todo gesto de cercanía. Si miras el Evangelio, es desconcertante y revolucionario. Con la adúltera, fíjese, tiene un trato de cercanía y, además, se enfrenta, denunciando su doble moral, su hipocresía, a todos los que la acusan. En el Evangelio llama a los hipócritas raza de víboras, sepulcros blanqueados. Eran los judíos más ortodoxos los que se la tenían jurada. Era un hombre que se salía de su tiempo, por eso sigue fascinando hoy a tantísima gente.

-Y la sexualidad, ¿qué importancia tiene?

-La sexualidad es una forma de expresar nuestro deseo de sentirnos vivos, de estar en la vida, de encontrarnos con el otro. Ahora bien, te puedes quedar en una sexualidad puramente narcisista, egoísta, utilitarista, en la que tu propio cuerpo y el cuerpo de los demás no es más que un instrumento de desahogo, de placer; o se puede mirar la sexualidad como una especie de motor que expresa, como le decía, nuestra profunda vocación de sentirnos vivos, de encontrar a otra persona, y de que otra persona nos encuentre, para poder compartir también emociones; hablo de entrega verdadera.

-¿Cómo la definiría?

-La sexualidad es un regalo, un don de Dios, una de las dimensiones más vibrantes que ha puesto en nuestra existencia. La sexualidad hay que gozarla y vivirla lo mismo que gozamos con la naturaleza, el arte, la música, la belleza en todas sus manifestaciones.

-¿Sexo siempre con amor?

-Yo lo creo así: sexo con amor. Pero la sexualidad la vamos aprendiendo, como el lenguaje, como el afecto y como todo en la vida. Hay momentos en los que nos quedamos deslumbrados ante el mero placer, pero sería triste quedarte anclado en una experiencia adolescente y egocéntrica del sexo. Vamos creciendo y vamos buscando algo más, necesitamos algo más, y descubrimos que a través de la sexualidad ese algo más que buscamos es el amor, la compenetración con el otro. Pero somos tiempo, somos historia, vamos creciendo, y Dios ha creado a cada uno con unos dones, unas peculiaridades, una personalidad irrepetible.

-¿Tiene amigos de todas las orientaciones sexuales?

-Tengo muy buenos amigos y muy buenas amigas que son heterosexuales, gais y lesbianas.

-¿Qué rechaza?

-Rechazo la hipocresía y las actitudes clasistas vinculadas al estatus social y al dinero. Jesús continuamente está hablando de los peligros de la riqueza y de la búsqueda del poder y de la fama y, sin embargo, hay mucha gente que a eso no le da ninguna importancia; personas que compatibilizan sin problemas sus convicciones religiosas con hacerse millonarios robando, engañando, explotando...

-¿Qué es usted?

-Soy muy poco romántico.

-¿Qué ha aprendido?

-Yo entré en un convento con 19 años, me ordené de cura en 2001 y llevo 18 años dando clases de Teología; he aprendido que no debes discriminar a nadie por las apariencias, que juzgamos demasiado a la ligera y que hay muchísimas historias personales que te hacen temblar, muchísima gente que necesita una palabra de consuelo.

Carambolas

-¿Cómo entró en contacto con los dominicos?

-Cuando me trasladé a estudiar a Granada, mi familia no me dejó irme a un piso y buscamos un colegio mayor. Yo había estado ya en el de los dominicos, y me había encantado el edificio, viendo una obra de teatro griego a la que nos llevó, precisamente, una profesora completamente atea. Así es que soy dominico por una de estas carambolas de la vida de las que Dios se sirve.

-¿Qué es un error?

-La literalidad de las Escrituras, en el cristianismo y en otras religiones, a lo que lleva es al fundamentalismo; y lo que te aleja del fundamentalismo es la capacidad crítica, que debemos fortalecer y no perder.

-¿De qué da fe?

-La vida comunitaria no es fácil, pero te hace madurar a un ritmo acelerado porque te obliga a vivir continuamente saliendo de ti y en relación con los demás.

-¿Lo más duro es la castidad?

-No. El sentido de la castidad es una forma de entender tu vida que incluye que también has orientado tu cuerpo a entregarte a lo demás. Yo no me siento castrado, ni soy ningún reprimido. Mi castidad es una forma de vivir el amor.

-¿De qué está seguro?

-Existen las almas gemelas que se entienden.

-¿En qué no ha sido muy convencional?

-Nací en la carretera, camino del hospital. Entre Purullena y Granada.

-¿Lo mejor que le he pasado?

-Además de mi familia, que es maravillosa, he tenido la suerte de gozar de la amistad y del amor más profundos. Y cuando los encuentras y los experimentas, ya no quieres vivir sin ellos.

-¿Arrastra usted alguna herida amorosa?

-Alguna experiencia de enamoramiento me ha marcado mucho, sí; resultó traumática en su momento, pero me ha dejado una forma de ser de la que doy gracias tanto personal como literariamente.

-¿Qué es muy saludable?

-Hacer deporte. El cuerpo también hay que cuidarlo, no lo olvidemos.

-¿No piensa dejar de fumar?

-Pensarlo, lo pienso, pero no termino de decidirme. Siempre lo estoy intentando dejar [sonríe].

-¿Qué reconoce?

-Que soy muy trasnochador. Me quedo leyendo hasta las tantas, con lo cual por la mañana, cuando me tengo que levantar para ir a rezar laudes, voy que me ponen delante un prospecto de medicina, en vez de los salmos, y lo rezo igual porque es que estoy que no me entero.

-¿Qué más?

-Me tengo que echar un ratico la siesta cada día; en eso le reconozco que soy muy fraile.

-¿Qué le gusta hacer?

-Me dejo querer.

-¿Cuántas veces le han dicho que no parece usted dominico?

-Muchas, pero lo que me pregunto yo es a cuántos dominicos han visto quienes me lo dicen, porque puede que hayan visto dominicos solo en [la película] 'El nombre de la rosa' o en cuadros del siglo XIV. Entre nosotros decimos mucho eso de que no hay nada más diferente de un dominico que otro dominico. Yo me he encontrado, desde un dominico que duerme con el hábito hasta otro que no se lo ha puesto en los últimos 30 años de su vida. Y hay dominicos de lo más conservadores, y dominicos que votan a Podemos.

-¿Esperaba el éxito de 'Historia de un alma'?

-No, la verdad. Es un poemario muy fuerte, escabroso, complicado, y tuve muchas dudas sobre cómo iba a funcionar. Pero ha funcionado muy bien. Pensaba que me iban a crucificar, pero ha ocurrido todo lo contrario. Es un libro que lo recomiendo sin complejos [sonríe de nuevo]. A la gente que lo lee, la remueve tanto...; y a mí me parece fundamental que te remuevan.

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