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Antes de entrar en materia, debo anticipar al lector que este artículo no va a entrar en polémicas dolorosas. Quiero solamente exponer cómo considero que ... se debiera abordar la cuestión de Israel de una manera responsable desde la disciplina de la filosofía política, considerada desde la perspectiva de Leo Strauss. A mi juicio, la filosofía-política tiene una misión diferente a otras disciplinas como la ciencia política, la historia, el periodismo o cualesquiera que tengan como objeto lo político.
Sin entrar en disquisiciones académicas, diríamos que la filosofía-política tiene una obligación diferente al resto de disciplinas de entrar en lo político 'sine ira et studio' yendo a la raíz de las cuestiones, a su fondo oscuro e incómodo, y hacerle conceptualmente frente, sin subterfugios morales o ideológicos, sin estadísticas ni intentos de captar la benevolencia del auditorio. El filósofo-político no tiene derecho a dejarse llevar por las pasiones, de ningún tipo. Su guía es el estudio desnudo y comprensivo, caiga quien caiga, y normalmente el primero que cae es uno mismo, que se ve forzado a cargar con verdades terribles e incómodas, pero inhumanamente justas.
Con este espíritu escribí el que considero mi único libro: 'Ser perseguido. Resistencia al poder en Maimónide'. No sé si lo logré o no, pero lo que nadie podrá negar es que la redacción de este texto está atravesada por la pauta straussiana de la responsabilidad intrínseca de pensar y escribir desde la filosofía-política. Se podrá estar o no de acuerdo, pero el libro está escrito desde esta posición. No me pongo de ejemplo de nada. Sólo manifiesto mi perspectiva.
La cuestión de Israel constituye el problema conceptual más radical e importante de la filosofía-política. La respuesta a la misma define al filósofo-político que la aborda. Ser perseguido fue mi modo, creo que responsable, de legitimar y defender la existencia del Estado de Israel. Es un deber intelectual para el filósofo de la política responder a esta cuestión. Incluso, me atrevo a decir que el filósofo-político que no aborda Israel como tema central de lo político no cumple con su deber ni culmina su trayectoria. Después de Auschwitz, el primer mandamiento del filósofo-político es hacer una expresión pública conceptual fundamentada. El silencio sobre esta cuestión inculpa, pero sobre todo inculpa más cuando el filósofo de la política finge responder a esta cuestión, cuando lo hace desde cierta ciencia política, desde la columna ideológica periodística o desde retóricas hipócritas para ganarse la benevolencia del respetable. Y aquí es donde quisiera detenerme un poco ahora: en el filósofo de la política irresponsable que responde a la cuestión central de lo político hoy desde cierta ciencia política, la historia y/o la ideología, pero no desde el duro y frío análisis de la filosofía-política.
No quiero decir que sea una irresponsabilidad que un especialista en filosofía-política exprese en público, en un periódico, su perspectiva sobre Gaza (en tanto momento circunstancial de lo político que hoy emerge). Es absolutamente legítimo y necesario. Lo que digo es que no ha cumplido responsablemente su misión dentro de su disciplina si sus intervenciones públicas no están avaladas por una posición conceptual seria sobre la cuestión, en el sentido straussiano. Uno, que también conoce el arte de la lectura, puede sospechar que es más cómodo escribir una columna que va a recibir aplausos que un comprometido análisis en el que dar cuenta de posiciones que nos sacan del confort moral.
Un argumento recurrente del filósofo de la política irresponsable afirma que el buen judío hoy es el judío que está contra el Estado de Israel. Éste es un argumento quizás cargado de antisemitismo impensado (quiero creer), porque en el fondo está exigiendo la 'conversión' del judío al antisionismo. Para ello, claro está, el filósofo-político irresponsable manipula el sentido del sionismo hasta devorarlo y hacer del mismo una caricatura nacionalista. Este argumento aspira a un mundo de judíos sin Estado o contra su propio Estado. Es decir, sin quererlo, están pidiendo judíos a los que se pueda de nuevo perseguir. Creo que éste no es el modo de afrontar el problema central de lo político.
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