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Probablemente no es el tema más absorbente de la semana, pero a mí la pieza que más me ha tocado la fibra estos días es ... la 'newsletter' de mi compañero Miguel Ángel Ruiz, reciente Premio Nacional a la Conservación de la Biodiversidad. 'El Noroeste se seca', titula Ruiz, haciendo un repaso por la situación medioambiental de la comarca tras la rápida implantación de la agroindustria y las macrogranjas porcinas en busca de agua y tierra baratas. Ríos secos, contaminación de los acuíferos, anarquía ecológica e impunidad para los explotadores forman parte del siniestro balance, que según el Consejo de Defensa del Noroeste es una ampliación hacia el interior del ecocidio del Menor, con los mismos responsables. Qué difícil no acordarse de aquello de las Zonas de Sacrificio, término procedente de la moderna ciencia geográfica y que designa territorios atrasados, normalmente en países en vías de desarrollo, aquejados por diversos déficits democráticos, sobreexplotados y contaminados muy por encima de su capacidad de recuperación. Perdedores de la globalización, vertederos regionales, sociedades obligadas a malvender su tierra y verla arruinarse. Un buen número de indicadores, desde el número de puntos negros medioambientales (Portmán, Menor, Sierra Minera, contaminación del aire de Murcia, etc.) hasta el de cabezas de porcino por habitante relacionan este concepto con nuestra Región, la mejor tierra del mundo según sus mandantes.
Qué duda cabe de que este no es el temazo de la semana, una en la que todos los días lo han sido del Orgullo Friquifacha a las puertas de las sedes del PSOE. Lo mejor de cada casa se ha reunido bajo la consigna de putodefender España del acuerdo de investidura entre socialistas y junteros, llenando la actualidad informativa de proclamas preconstitucionales, bengalas rollo fútbol turco y pancartas bizarras. Aún sin lavarme los ojos tras asistir a este 'crossover' entre el asalto al Capitolio y las misas del Valle de los Caídos, se me ocurre que podríamos empezar a usar palabras mágicas tipo 'amnistía' o 'condonación de deuda' para putodefender también un poco la Región, que con tanta pulserita de España la tenemos hecha unos zorros. Porque vamos a ver, ¿no es una amnistía la que PP y Vox acaban de concederle a los responsables políticos del incendio de las discotecas de Atalayas, impidiendo la creación de una comisión de investigación? ¿No hemos indultado una y otra vez a los culpables del ecocidio del Mar Menor, crimen que de momento se salda con exactamente cero unidades de condenas? ¿Se puede llamar ya 'amnistía' a la política fiscal de nuestro Gobierno regional en beneficio de las rentas altas y las grandes empresas, que ha quebrado nuestras arcas públicas y nos ha colocado en el pódium de mayores deudores en relación con el PIB del país? De hecho, la propuesta de condonación de deuda autonómica, que forma parte del acuerdo de investidura, beneficiaría enormemente a la Región, que disfrutaría de una quita de casi 2.000 millones de euros de su enorme deuda pública (casi ocho mil euros por murciano/a) y un ahorro inmediato de 30 millones en intereses. Eso son muchas pulseritas, querido Fernando.
De la infinita variedad de asuntos por los que movilizarse, una parte de la sociedad española escoge una performance que tuvo lugar hace más de seis años en Cataluña y la eleva a crimen de lesa humanidad. Sí, me refiero al referéndum de pega que se escenificó aquel 1 de octubre de hace más de un lustro y que aún tiene a tu cuñado hiperventilando. Cuando se entere de cómo gestionó la derecha británica el independentismo escocés lo mismo le da un ictus, no se lo cuentes en Nochebuena, que no queremos que la mamá tome pesambre.
También estos días se ha presentado ante el Congreso el informe del Defensor del Pueblo sobre los abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia católica española sobre cientos de miles de personas. Una inmensa amnistía en forma de pacto de silencio ha favorecido a los agresores durante décadas, ante la tenaz resistencia de la Conferencia Episcopal a colaborar con las investigaciones. Miles de delincuentes sexuales han disfrutado de una plácida impunidad mientras los Obispados los iban cambiando de parroquia por toda respuesta. No voy a pedir un golpe de Estado por esto, como están exigiendo los manifestantes antiamnistía de esta semana, pero hombre, tranquilo no me deja, si te digo la verdad. Y por último: el martes se cumplió un mes de masacre en Gaza, que estos días ha elevado la cifra de víctimas palestinas por encima de las 10.000. Se me ocurre que tal vez podríamos empezar a llamar amnistía a este genocidio a ver si nos indignamos un poco y empezamos a concentrarnos a las puertas de alguna sede. A putodefender los Derechos Humanos, no sé si me explico.
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