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«La gripe siempre vuelve». Pocas cosas podemos afirmar tan categóricamente. Y es que, tras unos años de menor circulación por las medidas de protección ... asociadas a la Covid-19, el fin de las restricciones ha conllevado el regreso de la gripe estacional humana, representada por los virus H1N1 y H3N2. Lo que probablemente no esperábamos es que la incertidumbre de saber «cómo vendrá la gripe este año» o el clásico dilema de vacunarse o no, compartiera protagonismo con la alerta mundial surgida en referencia a un posible brote de gripe aviar en los seres humanos, algo que en las últimas semanas ha ocupado muchas portadas. ¿Existe un riesgo real de que suframos una pandemia de gripe procedente de las aves?
El mundo entero está sufriendo una pandemia de gripe aviar sin precedentes. Desde 2021, el virus gripal H5N1, el implicado en esta historia, está ocasionando un desastre ecológico nunca visto antes en las aves silvestres. Normalmente, la infección cursaba de un modo asintomático en muchas especies, pero esta cepa del virus no se está comportando así, y arrasa allá por donde va. Y a la mortalidad en individuos de vida libre, añadimos las más de 50 millones de aves domésticas sacrificadas hasta la fecha tras el contacto directo con aves silvestres infectadas. Un desastre al que sumar el incremento de los costos en bioseguridad, las restricciones de movimiento y salida al exterior, la suspensión de eventos y un largo etc. No obstante, hasta aquí, parece solo un problema de sanidad animal... pero las apariencias engañan.
En líneas generales, los virus gripales, constituidos de ARN como el coronavirus SARS-CoV-2, están cambiando constantemente, acumulando errores y mutaciones, generando tal variabilidad que, por ejemplo, nos obligan a modificar anualmente la vacuna de la gripe estacional. Si usáramos la misma de un año para otro, el virus habría cambiado tanto que no resultaría eficaz. En ocasiones, esas mutaciones también les permiten adaptarse mejor a un hospedador, lo que parece haber sucedido con el H5N1 en octubre de 2022, en la ya famosa granja de visones del municipio gallego de Carral. El resultado: la transmisión exitosa del virus en estos mamíferos y las señales de alerta inmediatas. Es sencillo. Si se replica y transmite bien en los visones, y también parece hacer lo mismo en otras especies como las focas, no es descabellado pensar que pueda llegar a hacerlo en nosotros.
Debemos saber que prácticamente todos los virus de la gripe conocidos proceden ¡de las aves! Ni siquiera los que circulan ahora en la especie humana son realmente nuestros. Les resultará curioso saber que el H1N1 que forma parte de nuestra gripe estacional no es ni más ni menos que el virus de la gripe porcina que originó la pandemia en 2009. 'Virus mezcla' de cepas aviarias, porcinas y humanas, se adaptó a la especie humana y se quedó con nosotros. El tener un genoma dividido (su molécula de ARN se divide en varias partes) permite a los virus gripales la posibilidad de recombinarse en el hipotético caso de que varios coincidan a la vez en el mismo hospedador, lo que, previsiblemente sucedió con el H1N1 que originó la gripe porcina en 2009. Un mecanismo menos frecuente que las mutaciones, pero de mayor repercusión, al generar virus nuevos.
Y ahora, ¿debemos preocuparnos? Hay que mantener la calma, pero, evidentemente, el riesgo cero no existe. Los virus gripales han estado saltando constantemente de unas especies a otras, incluyendo al ser humano. Las grandes pandemias humanas del siglo XX como la gripe española de 1918 (H1N1), la gripe asiática de 1957 (H2N2) o la gripe de Hong Kong de 1968 (H3N2) surgieron así, saltando desde las aves. No obstante, hasta ahora, a pesar de la enorme difusión y mortalidad en las aves, o la transmisión de este H5N1 en algunos mamíferos, pocas personas se han infectado, y siempre tras un estrecho contacto con aves infectadas. Por tanto, aunque debamos mantenernos vigilantes, la situación es preocupante en estos momentos principalmente por el impacto que está generando el virus en las aves a nivel mundial.
Evidentemente, hay que estar alerta y evitar todas aquellas situaciones que pudieran facilitar una eventual adaptación a la especie humana, limitando las posibilidades de contacto del H5N1 con aquellas especies domésticas que, por su mayor cercanía con el ser humano, pudieran facilitarlo. A la par, hay que seguir vigilando su evolución en la naturaleza, en espera de una eventual disminución de la virulencia que reduzca el riesgo. Saltar de una especie a otra nunca es fácil, ni siquiera para un virus, pues requiere una adaptación importante. Pero lo cierto es que con los virus gripales nunca se sabe.
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