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Hace unas pocas semanas, fue noticia de ámbito nacional la presencia de un grupo de jabalíes que se acercaban, subían a las tumbonas y registraban ... en busca de comida todo tipo de enseres en diversas playas de la costa marbellí. Todo ello, evidentemente, ante la mirada incrédula de bañistas y viandantes. Más allá de que pueda resultar ciertamente curioso el comportamiento de estos animales, que tradicionalmente han rehuido la presencia humana, lo sucedido no es más que un nuevo capítulo de una compleja realidad, el incremento descontrolado de las poblaciones de este mamífero silvestre de la familia de los suidos, cuyo creciente número de individuos hace que su interacción con la actividad humana sea cada vez más frecuente.
Porque no es este un episodio aislado. Si revisamos la hemeroteca, seremos capaces de encontrar reportes de los múltiples encuentros acontecidos en muchos puntos de nuestra geografía, incluyendo toda el área mediterránea, desde Murcia a Cataluña. Más allá de la sorpresa o incluso la gracia que puedan llegar a generar estos encuentros puntuales, el problema no debemos focalizarlo en las molestias que puedan acarrear en un día concreto a unos desprevenidos bañistas, o el bocadillo de salchichón que pueda haberse llevado alguno de alguna basura. Debemos ser conscientes de lo que supone que una especie silvestre como esta, de vida libre en la naturaleza, con todo lo que ello implica, se exponga a un contacto más directo con nosotros.
En primer lugar, está el hecho de que pierdan el miedo y se acerquen a nosotros. Puede facilitar una interacción que, ante determinadas situaciones confusas que los animales malinterpreten de riesgo, los lleven a atacar a las personas que en ese momento estén alrededor. Por otro lado, los jabalíes son portadores en un elevado porcentaje de diversos agentes infecciosos zoonóticos. Sin ir más lejos, se estima que en torno al 50% pueden tener tuberculosis, causada en esta especie principalmente por Mycobacterium (M.) bovis. Aunque no estemos hablando de M. tuberculosis, el agente principal de la tuberculosis humana, el riesgo cero no existe, y ante un contacto estrecho con los jabalíes infectados también podemos contraer la tuberculosis por M. bovis. Lo mismo sucede con otras infecciones como la hepatitis E, la colibacilosis o la salmonelosis. Por último, dos de los aspectos de más trascendencia desde el punto de vista práctico. Por un lado, los cuantiosos daños que generan principalmente en la agricultura, a lo que hay que añadir, con el tamaño corporal que pueden alcanzar algunos ejemplares y el número creciente de sus poblaciones, las colisiones y otro tipo de accidentes que generan, cada vez más frecuentes.
No hay una sola causa que explique por qué cada vez hay más jabalíes. Influyen en esta situación factores de lo más variopintos entre los que podríamos comenzar citando el abandono del campo y el hábitat rural. A ello debemos unir la práctica total ausencia de depredadores en la naturaleza, a excepción del lobo, o la reducción de actividades que tradicionalmente ejercían una labor importante de control poblacional, como la caza. Todo ello sin menospreciar, cómo no tenerlo en cuenta, su propia capacidad de adaptación a múltiples ambientes. Es un animal que come de todo y además sabe aprovechar muy bien su cercanía al ser humano, con una expansión de las poblaciones basada también en su elevada eficiencia reproductiva -tiene camadas grandes y la duración de su gestación es relativamente corta-.
Por todo ello, no debe extrañarnos lo que ha sucedido en Marbella. Y la solución, si existe, tampoco se plantea nada fácil. Murcia, al igual que otras comunidades autónomas han hecho en algún momento, ha decretado la emergencia cinegética temporal en marzo de este año (y hasta febrero de 2027), en un intento de facilitar su caza y así, el control poblacional, reduciéndose los efectos perjudiciales que ocasionan. Aun así, no se antoja un objetivo nada fácil. Y a todo esto, la temible peste porcina africana, de efectos devastadores para la industria porcina, avanzando lentamente por Europa gracias a las poblaciones silvestres de jabalíes. Veremos cómo acaba esta compleja historia.
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