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No, no es este otro tedioso artículo contra las redes sociales, que la cosa ya cansa, como cada vez que sale un nuevo libro, otro ... más, sobre la guerra civil española. No, pero solo una línea para decir que, harto de las redes, donde todo el mundo parece tener una opinión, no sé, como demasiado formada, sea del tema que sea, es imposible no ver con simpatía a esa gente que habla sin tapujos y se muestra tal cual es, cada vez más infrecuente. Me pasa con Lolita, con Maruja Torres, que dice que en su generación se follaba más, y con algún otro como Fernando Savater, con quien puedes estar o no de acuerdo, pero se agradece la frescura: sí, viendo su escasez, el kilo de espontaneidad está más caro hoy que el de franqueza. A eso hemos llegado en un mundo donde la cultura de la cancelación lo navajea todo.
Dice el cantante Rodrigo Cuevas que, en contra de lo que parece, es mentira que haya hoy menos libertad que antaño y pone como ejemplo a Miguel Bosé: ¿por qué ha salido ahora del armario y no hace treinta años?, se pregunta. Pues no lo sé, puede que tenga razón y haya más libertad ahora, pero desde luego no lo parece. Que se lo digan a Karla Sofía Gascón, a quien unos infortunados tuits la han llevado a ser latigada y a la peor de las soledades, que no es la que sientes estando solo, sino la que sientes estando rodeado de gente.
Y es que no se puede ser un caballero a todas horas. El principal derecho que ha mutilado las redes no lo recoge ningún código, pero está claro cuál es: el derecho a equivocarse. Yo tampoco comulgo con lo que dijo Carla, pero si a todos nos hubieran puesto una cámara en el cogote desde chicos, a saber los desafueros que cada uno tendría en su prontuario. No sé si la actriz ha cambiado su opinión o es una racista redomada, pero me da igual, la cultura de la lapidación solo conduce a una cosa: al final nadie dice lo que piensa, sino lo que no molesta. De repente, nos hemos convertido todos en políticos.
Sí, Rodrigo Cuevas, quizá antes éramos un poco más borricos y abruptos, no te digo yo que no, pero ese mundo donde dice Maruja Torres que todos follaban más también era mucho más espontáneo y desenvuelto, y por ende puede, al menos puede, que también un poco más libre.
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