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José Luis Marín, junto a su rebaño, señala por dónde discurría la Cañada Real de Archivel, un dominio público ocupado hace 2 años por una plantación de almendros. GUILLERMO CARRIÓN / AGM
El ovino segureño se tambalea en el Noroeste

El ovino segureño se tambalea en el Noroeste

La escasa rentabilidad, la desaparición de los pastos tradicionales y la ocupación de las vías pecuarias reducen la cabaña de esta raza autóctona

Martes, 8 de enero 2019

El ovino segureño vive tiempos de vacas flacas en la comarca del Noroeste, uno de sus feudos históricos. No en vano, esta Indicación Geográfica Protegida (IGP) -una especie de denominación de origen protegida- extiende sus dominios por las comarcas de Los Vélez, Filabres-Alhamilla y valle de Almanzora (Almería), Huéscar, Baza y Guadix (Granada), Sierra de Cazorla, La Loma y Las Villas, Sierra de Segura, Condado de Jaén y Campiña de Jaén (Jaén), y la Sierra del Segura y Campo de Montiel (Albacete), además del Noroeste murciano, receptor secular de este ganado que trashumaba para hacer la invernada en los pastos litorales de la Región (entre Lorca y el Campo de Cartagena).

Paradójicamente, frente a los beneficios ambientales que se atribuyen a la ganadería extensiva -«en realidad es semiextensiva, porque la puramente extensiva ya no existe», apunta José Prats, veterinario de la Oficina Comarcal Agraria (OCA) del Noroeste desde octubre de 1990 hasta septiembre pasado, cuando se jubiló- y a las campañas promovidas desde ayuntamientos, como el de Caravaca, y desde comunidades autónomas como la murciana y la andaluza para promocionar el ovino segureño, «la ganadería extensiva está en peligro en la comarca del Noroeste», afirma Prats. Y se apoya en los datos para hacer esta afirmación. «Del año 1992, con 124.000 reproductores y unas 700 ganaderías, hemos pasado en 2018 a contar con tan solo 91.709 reproductores de ovino segureño y 163 ganaderías. Esto supone que hay 32.291 reproductores menos (-26%) y 537 ganaderías menos (-77%). La mayor disminución del censo se ha producido en Moratalla y han desaparecido los conocidos como 'piojales'», pequeños rebaños de menos de 100 ovejas, que han pasado a engrosar los de las ganaderías que perviven, resume Prats los datos de la OCA del Noroeste.

El segureño, en cifrasS

  • 124.000 reproductores de ovino de esta IGP había en el Noroeste en 1992.

  • 91.709 cabezas de reproductores de ovino segureño quedan en la comarca del Noroeste en 2018.

Frente a la cada vez mejor valoración que los consumidores, tanto restauradores y cocineros como ciudadanos, tienen de la carne de cordero segureño, esta raza de ovino se enfrenta en el Noroeste murciano a una serie de problemas que están dificultando su actividad a los ganaderos y está haciendo retroceder esta cabaña, de una variedad muy productiva. «Es muy prolífica y produce gran cantidad de leche, además de estar adaptada a las condiciones edafoclimáticas de la IGP y de tener un carácter maternal muy acusado, muy importante para la producción del cordero», apunta Prats.

«Hasta tres parideras suelen tener las ovejas», explica Fernando López Robles, ganadero y pastor de El Moralejo (Caravaca), que adaptan la cría de las ovejas a la demanda de consumo de la población: en septiembre, para tener corderos para Navidad; en diciembre, para cubrir la época de Semana Santa; y en octubre, para atender la demanda de principios del otoño. Fernando, que a sus 56 años lleva 30 ejerciendo de pastor-ganadero, cuenta que llegó a esta profesión «porque me gustaban los animales. Mi familia ha sido agricultora y la de mi mujer ganadera. Entonces, con un rebaño de 200 ovejas tenía más dinero que ahora, que tengo unas 800 y me veo más cogido para salir adelante», explica gráficamente una de las razones de la desaceleración del sector. Además, comenta junto a José Luis Marín, vecino de La Encarnación y propietario de un rebaño de unas 700 cabezas de ovino segureño, el precio de venta del cordero ha permanecido estable en los últimos 30 años: «Entonces podías vender un cordero, que en canal pesaría unos 12 kilos, por entre 12.000 y 14.000 pesetas -entre 72 y 84 euros-», cuando ahora pueden percibir entre 77 y 80 euros -12.800 y 13.300 pesetas- por el mismo producto, cuantifican. Y añaden que la cotización del cordero que ellos crían en semiextensivo, comiendo pastos del monte y cereales cultivados en ecológico, no varía con respecto al precio del ganado estabulado. Un sector en franca progresión a nivel regional.

Principales obstáculos

Muchos son los problemas a los que se enfrentan quienes, cada vez en menor cuantía, permanecen empeñados en continuar con la ganadería tradicional. «El principal problema son las vías de comunicación. Yo vengo de cinco generaciones de ganaderos y, seguramente, yo soy la última. Mis hijos no quieren dedicarse a esto», apunta José Luis, heredero de la saga de 'Los Marines', que durante generaciones regentaron el Ventorrillo de las Revueltas, dando alojamiento a los pastores que trashumaban por la Cañada Real de Archivel, hoy en ruinas. Y denuncia que, justo frente al ventorillo, la Cañada Real de Archivel se bifurcaba del camino de Lorca y se dirigía hacia el barranco del Sudaor, un nacimiento de agua en el que abrevaba el ganado. «Hace dos años plantaron este campo de almendros y no respetaron la vía pecuaria». Pese a que, asegura, ha denunciado la ocupación del dominio público a los agentes del Seprona, no se ha sancionado al propietario ni se le ha obligado a restablecer la vía pecuaria. Una circunstancia que le impide llevar a su ganado a abrevar al tornajo y le obliga a suministrarles agua mediante cubas «y no doy abasto para atender al ganado». Además, le obliga, para llegar a La Encarnación, a triplicar el recorrido y le impide trasladar al ganado hasta las cada vez más escasas zonas de pastos. Y, pese a que la ley le ampara, no se atreve a cruzar el campo de almendros. «De momento, si las ovejas producen daños en el arbolado, tendría que compensar al dueño de los almendros y eso me obligaría a vender el ganado para hacer frente al pago. Y de qué vivo yo entonces», razona apesadumbrado.

Lo mismo le ocurre con la ocupación de las vías pecuarias a Fernando López en la zona de El Moralejo, problema al que se suma la transformación de los cultivos cerealísticos en campos de almendros. «Con la disminución de las lluvias, la producción del cereal se reduce mucho y la almendra tiene cada vez más precio», dice haciendo referencia al incremento del valor de este fruto seco en el mercado. «En los últimos 5 años, la superficie de almendros ha crecido casi 3.500 hectáreas en el Noroeste, con la reducción de pastos que esto supone para el ganado».

Además, lamentan los ganaderos, los cultivos de cereal acogidos a las ayudas para la protección de las aves esteparias rondan las 15.000, según estimaciones realizadas a partir de datos parciales disponibles, desde que en mayo de 2015 se publicó la orden. Una circunstancia que ha reducido los pastos disponibles para los rebaños, ya que impide pastar al ganado en ellas durante determinados periodos. «La normativa no es compatible con el ganado. Son normas hechas desde una oficina del norte de Europa, que impone unos plazos que no se pueden cumplir con el ganado», afirma Fernando López. Y aclara que, antes, «la mayoría de las fincas iban al 50% -se sembraba la mitad y la otra mitad se dejaba en barbecho para intercambiarlas la temporada siguiente-. Ahora toda la finca está labrada y en producción, el 70% con cereal y el 30% con barbecho semillado, lo que nos permitiría aprovechar los pastos a partir de febrero, pero con el frío que hace, no crece nada». Así que, resume, «este año, como ha llovido, están comiendo en la calle, pero a partir de enero las tengo que estabular para darles de comer cereal, paja y subproducto», lo que encarece la cría. «Unas ayudas que son para mantener el territorio y promover el desarrollo rural, están perjudicando a la ganadería tradicional de estas tierras», concluye Fernando. «En la zona de El Moralejo había 5 o 6 ganaderos y dos fincas grandes con ganado y pastores. Ahora, es lamentable ver esas fincas: han quitado a los pastores, se han acogido a las ayudas de las esteparias y la agricultura no es tradicional; van a justificar para cobrar las ayudas».

En terreno forestal público

Por último, José Luis Marín llama la atención sobre el aprovechamiento de los pastos en terreno forestal público. Un usufructo que se adquiere en subasta pero para el que, se queja, han empeorado las condiciones para el ganadero. «Antes se podía pastar nueve meses (de octubre a mayo) y ahora lo han reducido a seis. Además, antes se solicitaba, recibías la respuesta inmediata y empezabas a pastar. Ahora lo publican en el BOE más tarde de la fecha prevista para ello. Los pastos forestales deberían estar disponibles desde primeros de octubre hasta marzo, y todavía -afirmaba hace unas semanas- no han salido a subasta», protesta Marín.

«Apretándonos los tornillos»

«Cada vez van apretándonos más los tornillos». Lo último, «¡ya el remate!», exclaman ambos, son las restricciones al uso de antibióticos. Conscientes del problema que existe con estos fármacos, entienden que se limite su administración, pero, aseguran, ahora, «con la obligación de que el veterinario analice muestras de la res enferma antes de aplicar el tratamiento, cuando llegan los resultados el cordero se ha muerto y las bajas dentro del rebaño serán mayores». Todo, aseguran, «para que las farmacéuticas empiecen a vendernos ahora desinfectantes para nuestras instalaciones en vez de antibióticos».

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