
Juan Antonio Ortega
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Juan Antonio Ortega
La medicina que ejerce Juan Antonio Ortega (Cartagena, 1967) va mucho más allá de la que le va en el sueldo. Cuando acabó la carrera, ... en 1992, compaginó su trabajo, entonces en atención primaria, con tareas de voluntariado en un dispensario en África. Después pasó por Bolivia con Médicos Mundi, enfrascado en proyectos de acondicionamiento de ríos andinos y abastecimiento de agua con energía solar. Ambos ámbitos, el médico y el apasionado por la naturaleza, confluyeron en 2001 con la publicación de su primer trabajo: 'El pediatra ante el cambio climático'. Ahora ya son esferas inseparables en su trayectoria, que incluye el libro 'Llamando a la Tierra, llamando a la Tierra', al que describe como «todo un manual de salud medioambiental que se usa en el curso de posgrado para 'líderes de la salud medioambiental' de Europa y América Latina» de la Universidad de Murcia. Ortega fue el ideólogo del programa Aire Limpio con el que los centros educativos escaparon notablemente más de los brotes de la pandemia que los de otros regiones, y ha logrado que 24.000 bebés murcianos estén vinculados a un árbol desde que nacieron, por el programa 'Un bebé, un árbol'.
–¿Qué es la medicina medioambiental?
–Es una disciplina clínica, un puente que traslada la salud comunitaria (y pública), la ecología y la promoción de la salud a la práctica clínica de los profesionales sanitarios. Tiene una secuencia lógica vertebradora, pero hasta ahora todavía son escasas las estructuras, herramientas y modelos pedagógicos en el mundo. Murcia es una privilegiada. El campo de acción es amplio, abarca los riesgos y enfermedades ambientalmente relacionadas. Todos los grandes centros sanitarios de este país tendrán estructuras como la Unidad de Salud Medioambiental de la Arrixaca. Se diferencia de la sanidad ambiental, que tiene un enfoque diferente y complementario. De una parte está la salud pública (medioambiental) o sanidad ambiental con un enfoque centrado en las poblaciones, y cuya herramienta son los estudios epidemiológicos y la vigilancia del cumplimiento legal. Y, de otra parte, la medicina medioambiental, que hacemos en la Arrixaca, con un enfoque clínico y comunitario centrado en los individuos sanos o enfermos, y cuyas herramientas de trabajo fundamentales son la historia clínica de los enfermos y los programas de cribado o prevención. Ambos enfoques son necesarios, y es importante no confundir la contribución de cada uno, totalmente diferentes, necesarios y que se complementan. La cada vez más importante y necesaria integración de las políticas de salud y medioambiente ayudará a establecer y fijar puentes entre la salud medioambiental (clínica) y la sanidad ambiental (pública). Esta colaboración será clave para diseminar en atención primaria toda la experiencia de las unidades de medicina medioambiental.
La primera unidad de salud medioambiental clínica apareció en 1998 en Nueva York. En Europa, en Murcia fuimos los primeros, en 2005. Somos pioneros en el desarrollo de nuevos perfiles profesionales: médicos y enfermeros ambientales, ambientólogos y técnicos de salud medioambiental, psicoterapeutas ambientales, administrativos y celadores verdes Estamos haciendo historia, porque han venido a entrenar a Murcia durante 17 de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos (Stanford, New York, Harvard) y de grandes hospitales como Mount Sinai, de New York; La Paz, de Madrid, o el San Juan de Dios, de Barcelona; también de Chile; de México... Llevamos dos años con recortes de personal, espero que podamos dar continuidad a la decana de las unidades de medicina ambiental de España y Europa, aunque me consuela que la transferencia del conocimiento fuera de la Región ya está dando resultados.
–¿Con qué se ha encontrado al frente de esta unidad?
–He conseguido el cariño de miles de familias y el respeto de mis compañeros. Las familias buscan interlocutores para resolver sus dudas, temores e interrogantes y que se les ayude a planificar mucho mejor su futuro. La unidad de medicina medioambiental es como una avanzadilla del nuevo modelo de salud que emerge poscrisis. Somos naturaleza, y trabajamos desde hace dos décadas para renaturalizar la salud. Lo de humanizar para nosotros es el pasado. Llevamos décadas humanizando el planeta, y nunca habíamos estado más lejos de nosotros mismos. El desafío de la salud medioambiental es enraizar la salud de las personas con la del planeta. Prolongar la vida es importante, pero dotarla de sentido lo es más. El bienestar y la felicidad solo se puede se puede conseguir en harmonía con la naturaleza.
–¿Existe conciencia de que el cuidado del medio ambiente influye en nuestra salud?
–La sociedad sí. Y cada vez lo demanda más. Sin embargo, nuestros políticos y gestores sanitarios carecen todavía de la apertura a la innovación necesaria para implementar este tipo de programas. Siguen en la primera etapa de la innovación: resistencia al cambio. Aunque es imparable. A mí me recordarán como el viejo profesor que impulsó la medicina ambiental en Europa y el mundo.
–¿Ponga algún ejemplo de esa influencia?
–Hasta ahora la relación con la naturaleza ha sido más destructiva que respetuosa, recombinante e integradora. No conozco a nadie que se ponga en las orillas de los Urrutias, en el Mar Menor, y no sienta una honda aflicción. Y eso es algo nuevo, solo ocurre desde hace unos años. Esa pena es la esperanza de que vamos a encontrar una salida. Ejemplos son la exposición al plomo de los niños de la Sierra Minera; los ingresos por problemas respiratorios en La Arrixaca por la contaminación del tráfico; la pérdida de calidad seminal de los jóvenes; la exposición antes de nacer a alcohol, cannabis y tabaco; la falta de contacto con la naturaleza que afecta al 75% de los menores; la 'globesidad' y exceso de peso que afecta a un tercio de los menores. En lo académico, cada vez llaman a la puerta de la unidad de medicina medioambiental más estudiantes y profesionales. Acabamos de incluir una asignatura optativa sobre medicina medioambiental (pediátrica) en Medicina de la Universidad de Murcia. Hay esperanza.
–¿Cómo estamos en la Región de salud medioambiental?
–Estamos tomando conciencia de que quizás deberíamos hacerlo de otra manera. Los indicadores nos dicen que tenemos que cambiar y rápido. Entender que todo está interconectado es importante. Vivimos en una cultura de la basura, de usar y tirar sobre todo gas o petróleo o sus derivados. Hoy día, los adultos nos comemos a la semana el equivalente a una tarjeta de crédito en micronanoplásticos. Esto está relacionado con la obesidad y los trastornos endocrinos, que incrementan el riesgo cardiovascular y algunos tipos de cáncer. Entender que nuestra salud está unida a la del planeta es un paso importante. El 'Homo sapiens' está tomando conciencia. La huella de carbono individual será usada para estimar la pensión de jubilación y poder compensar nuestro tránsito por el planeta. Al tiempo.
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