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¿Salvar el Mar Menor sin contrariar al poder económico?

Seguiremos, tozudos en nuestro empeño, hasta conseguir soluciones eficaces y bajo criterios de corresponsabilidad y justicia social

PEDRO LUENGO

Martes, 7 de abril 2020, 21:55

Quienes trabajamos en la defensa del medio ambiente en la Región de Murcia, nos vemos insistentemente obligados a tratar uno de los mayores desastres ambientales que, por desgracia, nos ha tocado vivir en primera persona: la eutrofización del Mar Menor. Aunque ya era uno de nuestros temas estrella, reflejo de su importancia ambiental, sociocultural y económica, tras el fenómeno de la 'sopa verde' fue creciendo el interés social por sus problemas. Pero el detonante que lo convirtió casi en monotema de nuestras conversaciones con familiares, amigos y compañeros, es la imagen de miles de animales agonizantes tratando de escapar de la guadaña de la muerte en que se habían transformado sus aguas. Es la culminación de una degradación creciente y cada vez más evidente, reconocida, y denunciada. Desde el dantesco espectáculo, y durante meses, ha sido rara la conversación que no empezaba o acababa en el Mar Menor. Es raro no tener que explicar sus causas y soluciones, aludiendo a los muchos informes científicos que las constatan. Igual que no es raro tener que lamentar que se haya permitido llegar a este punto, a pesar de las leyes, las protecciones y las advertencias científicas. De la misma manera, nos produce sonrojo y vergüenza ajena leer titulares de políticos relativizando y minimizando el problema, contradiciendo la profusa evidencia científica y obviando las dramáticas consecuencias socioeconómicas. Es desesperante ver como quienes tienen en sus manos la responsabilidad de gestionar y solucionar el problema, se dedican a tirar balones fuera, a pasar la patata caliente a los demás, y sobre todo a evitar contrariar al verdadero poder gobernante: el poderoso caballero don Dinero. Muchas veces, los ecologistas, y me consta que muchos científicos, nos sentimos marcados por la 'maldición de Casandra', frustrados por no haber conseguido evitar desastres que veíamos venir. Es una impotencia y rabia que sentimos al ver que, una vez más, los intereses económicos están detrás de una crisis ambiental y socieconómica, evitable, y que esos mismos poderes económicos son el principal escollo que impide iniciar la senda de la recuperación. Muchos desastres ambientales, que son socioeconómicos siempre, ocurridos en diferentes partes del mundo, muestran una constante: la mezcla de corrupción, fuerte interés económico y falta de control social. Fijémonos en Portmán. Parecería imposible que algo así ocurriera en nuestro tiempo. Al fin y al cabo, ocurrió en un contexto de dictadura, opacidad y corrupción, falta de conocimiento y laxitud legal. Menos explicable es que, ya en democracia, la empresa responsable desapareciera del mapa sin asumir su responsabilidad, y dejándonos con uno de los mayores desastres ambientales de nuestro país, que tenemos que asumir con recursos públicos. No podemos, ni vamos a permitir, que se repita la historia, ni vamos a permitir que sus verdugos, y los facilitadores, se vayan de rositas. Seguimos, tozudos e irreductibles, en nuestro empeño, hasta conseguir la puesta en marcha de soluciones eficaces y en origen, bajo criterios de corresponsabilidad y de justicia social.

No descansaremos hasta tener un Mar Menor vivo.

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