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Retoques, antes de la inauguración, de la muestra de Roque López en el Museo Salzillo. :: EDU BOTELLA/AGM
Roque López, una nueva visión
Cultura

Roque López, una nueva visión

El Museo Salzillo abre una exposición que recoge las obras más valiosas del escultor

PEDRO SOLER

Miércoles, 14 de diciembre 2011, 10:52

A punto de acabar el año, en el que todavía se cumple el segundo centenario de su muerte, ha llegado, por fin, parte del homenaje que se merecía el escultor Roque López (Era Alta, 1747-Murcia 1811). El Museo Salzillo, con la exposición 'La mirada del discípulo', que ayer tarde fue inaugurada, ha sido el primero en iniciar lo que parece se convertirá en posibles y nuevos acontecimientos en recuerdo del que siempre se ha dicho y considerado el mejor discípulo de Salzillo, pero sobre el que también se dice ahora que su categoría supera los juicios que el tiempo y los entendidos le han asignado.

La muestra -que permanecerá abierta hasta el 31 del próximo enero- recoge algunas de sus obras más representativas y acertadas, como es la imagen de Santa Cecilia, de Convento de las Agustinas, o la Encarnación, de la parroquia de La Raya. También se cuenta con otras esculturas, como las del Niño Jesús, del convento de Las Claras y de la parroquia de Era Alta; San Miguel, de la iglesia murciana de la que es titular; la Dolorosa, de la Cofradía de la Preciosísima Sangre... En total, e torno a una veintena de obras de diversos tamaños, que recorren toda la trayectoria del prolífico escultor.

Para la directora del Museo, María Teresa Marín, «esta exposición no pretende ser una antología que recoja las obras más atractivas e importantes de Roque López, porque nos hemos limitado mucho en lo que a la búsqueda se refiere; pero sí es un modo de recordarlo, porque se nos hacía muy difícil que pasase este segundo centenario de su desaparición, sin haberle rendido un homenaje, aunque fuese tan sencillo como este».

Para contar con otras obras, que también se encuentran en la relación de las más preciadas, hubiese sido necesario recorrer muchos pueblos de Murcia y de las provincias lindantes, pero, como dice María Teresa Marín, «nuestra eximia economía no nos lo permite actualmente». Añade que esta exposición quiere ser un recuerdo de la que se celebró en 1947, cuando se cumplió el segundo centenario de su nacimiento. Evoca los respetables nombres de José Sánchez Moreno, Antonio Sánchez Maurandi y Elías Tormo, quienes entonces dieron a conocer sus interesantes trabajos de investigación sobre la personalidad y la obra de Roque López.

La palabra 'mirada' del título de la exposición «está incluida con toda intención -afirma María Teresa Marín-, porque se trata de la mirada de un discípulo fiel, demostradora de la capacidad de absorción de las enseñanzas que Roque López recibió de Salzillo. Diría incluso que se trata de una mirada que traspasa esos límites de aprendizaje, ya que también demostró una capacidad creativa, que no siempre ha sido valorada con la debida justicia».

Por su parte, Cristóbal Belda, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Murcia, se refiere a Roque López como «una figura parcialmente entendida y medianamente valorada, que solo ha sido recordada para evocar la fidelidad que mantuvo a las enseñanzas recibidas de Salzillo». Y añade que este segundo centenario de su muerte «es una buena ocasión para revisar todo lo dicho en torno a su persona y su obra», porque se trata de un escultor, que estuvo sometido y expuesto a los profundos cambios, fueran de orden artístico o religioso, «que afectaron a su vocación de artista». Se vivía un tiempo de «innovación en la escultura y una nueva forma de ver las cosas». A lo largo de este siglo en el que nació y vivió Roque López, había surgido «una nueva realidad».

Santa Cecilia

Belda se rinde ante esta obra, «una de las más importantes de la plástica tradicional española, por ser el símbolo de muchas realidades». Y añade que Roque López quiso hacer con ella «un verdadero alarde de las conquistas de su tiempo y de la forma desapasionada con que se podía situar a Santa Cecilia, en el centro de atención de un salón contemporáneo, como una hermosa dama, que interpretaba las melodías oídas y aplaudidas por los nobles de la época, con el mismo fervor con que discutían de los avances de la ciencia, sobre política o sobre las artes, o con el que veneraban los sagrados símbolos de la religión». También exalta Belda el interés de Roque López por los conceptos tradicionales y costumbristas, como queda demostrado en las -famosas figuritas de huertanas, hechas por encargo de nobles murcianos, y destinadas a la Corte». Y concluye, con rotundidad, que «estamos ante un autor de un valor como artista, mayor que el que la historiografía le ha asignado».

Precisamente Cristóbal Belda figura, además de autor de parte del contenido, como coordinador de un libro -'Roque López, al segundo centenario'-, en el que se incluyen trabajos de Francisco Candel Crespo, José Alberto Fernández Sánchez, Manuel Muñoz Clares y Manuel Pérez Sánchez sobre el escultor homenajeado. La obra será presentada en el Museo Salzillo, coincidiendo con la estancia de la exposición.

Por otra parte, Rafael Cebrián, presidente de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús -a la que pertenece el museo en el que se exhibe la exposición-, no tiene inconveniente en reconocer que la decisión de rendir homenaje al escultor nacido en Era Alta, «nos ha cogido un poco tarde, pero, aún así, creímos que era una cuestión de justicia apreciar los valores artísticos de su escultura». Para él, desde el enclave del Museo Salzillo, «no podemos olvidar que hablamos de quien siempre ha sido considerado el mejor discípulo de nuestro mejor escultor; por tanto, es un gran continuador de la obra de su maestro». También opina, como María Teresa Marín y Cristóbal Belda, que «muchas de sus obras salieron de sus manos con la calidad y la perfección de Salzillo. Roque López se merece mucho más que la negligencia general en la que su figura estaba transitando en este centenario de su muerte; también se merece más que este sencillo homenaje con el que hemos querido recordar su memoria». Una de las obras presentes en la exposición es la Dolorosa, cedida por la Cofradía de la Preciosísima Sangre, a la que pertenece. Su presidente, Carlos Valcárcel Siso, expuso el deseo de colaboración, como mejor modo de unirse al homenaje a quien realizó una imagen en la que han quedado evidentes «las aptitudes artísticas de su autor y en la que también aparece reseñado el aprendizaje recibido de su gran maestro».

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