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PEDRO SOLER
Jueves, 16 de diciembre 2010, 11:34
La admiración que siempre ha mostrado por su maestro Sánchez Lozano se convierte en casi profunda adoración hacia Salzillo, a propósito de la exposición que ayer se inauguró en el Museo que lleva el nombre del insigne escultor, en el que se encuentran los incomparables 'pasos' del Viernes Santo murciano. Hay que frenar sus ímpetus de agradecimientos, que Juan José Quirós extiende, como una alfombra inabarcable, desde presidente y directora, hasta «todos aquellos que desde el silencio apoyan mi labor artística». Este escultor nacido en el cartagenero barrio de Santa Lucía, cierra un año pletórico, tras varias exposiciones en salas de Murcia y Alicante, con esta que lleva por título 'Quirós, en el Museo Salzillo'.
-Conociendo su obra, para usted será una enorme satisfacción exponer en el Museo Salzillo, cerca de los 'pasos' del gran imaginero.
-La verdad es que siento una gran alegría, como escultor y como creyente. Esta es una exposición plenamente dedicada al barroco, porque, de nuevo, vuelve a salir de mis venas mi admiración profunda hacia Salzillo, Queramos o no, de él, de su obra han bebido y seguimos bebiendo continuadas generaciones. La exposición es una alegría escultórica, pero también anímica, porque para el Museo es para mí uno de los grandes templos del arte de la región. Me siento un privilegiado.
-¿Está a punto de derretirse de emoción?
-Pues sí, porque también tengo ocasión de mostrar, para que pueda contemplarlo quien quiera, nacimientos, precisamente en una fecha tan propicia para esto y tan ligada a nuestro acervo religioso y a nuestra tradición barroca. Y están otras obras que considero del máximo interés como mis homenajes a San Marín de Porres o a María Magdalena. Y se va a ver mi respeto devoto hacia el apóstol Santiago. Son piezas en bronces o en terracota, que van a convivir y son muestra de mi modo de trabajar. Creo que tienen mucho corazón.
-¿Todo consistirá en este sentido religioso y barroco?
-Aunque así sea, creo que se ofrecen distintos matices. No todas las imágenes se rigen por el mismo canon. Hay otras que no tienen mirada, pero sí fondo. Lo importante, algo que me preocupa, es la necesidad de demostrar que la sociedad, aunque mire hacia otro lado, precisa del este sentido religioso de la vida. Creo que también está presente en mi obra el respeto hacia la libertad y hacia el diálogo. Cualquier obra de arte debe encerrar un contenido espiritual y personal, aunque yo no soy un fanático de lo religioso. Para mí la religiosidad empieza cuando sientes un compromiso y la necesidad de ayudar a los demás.
-¿No parece que usted es incapaz, artísticamente, d e dar un paso adelante?
-Yo he dado más de un paso adelante. Es esta exposición están las obras que demuestran que no estoy anclado, aunque claramente se aprecia que vuelvo la mirada a mis raíces, a contemplarlas y a valorarlas. Andar hacia adelante no significa que tengas que renunciar a lo que ya has andado. Decir que me gusta lo clásico, y que un busto me hable no va en detrimento de una línea más moderna, que busca nuevos planos, nuevas luces, nuevos sentimientos. Amar lo que tienes ahora no es decir que no al futuro; pero para andar en ese futuro también es preciso saber valorar lo que hemos disfrutado. Para hacer cuatro líneas en condiciones, antes hay que saber dibujar y modelar muy bien.
-¿Cómo entiende usted el arte?
-No todo lo que se ofrece como arte es arte. El arte es el arte y lo bueno que contiene y cae por su propio peso. Yo no estoy en contra de las nuevas corrientes; todo lo contrario. Me sumo con gozo a ellas, pero, ¿cómo voy a ser capaz de rechazar la mirada de los apóstoles de 'La Cena', de Salzillo, o del Cristo titular de la Cofradía de Jesús? ¿Me cree capaz de rechazar a ese ángel de 'La Oración del Huerto' o el rostro de 'La Dolorosa? Sería un perfecto idiota, si así lo hiciera. Cada día me encantan más las nuevas líneas, pero también vuelvo la mirada hacia lo que considero la verdad artística. No estoy en contra del arte moderno; pero, ojo: que no a todo se le diga arte, porque tampoco lo es todo lo clásico. Hay obras muy buenas del moderno, y muy malas de lo clásico.
-¿Sufre cuando no consigue una obra tan perfecta como quisiera?
-Hacer una obra es como un camino alucinante. Nunca se sabe a dónde se puede llegar. Hacer una obra artística es algo muy difícil y, en ocasiones, torcido; pero siempre resultan como algo gratificante. Es como una caja de sorpresas, porque quizá salga algo muy distinto a los que uno espera. Hablas, te disgustas con la obra que estás haciendo, pero, al final, surge un acuerdo.
-¿Le falta mucho para llegar a una meta prevista?
-Mi meta es ser feliz a diario y hacer feliz a cuanto tengo alrededor; lógicamente, ahí se encuentran mis obras. No necesito escalar grandes montañas, y soy consciente de que no ni voy a ser nunca un Miguel Ángel. Me limito a ser honesto, sin trampa. Todos somos ególatras, pero las personas no somos billetes de quinientos euros. Estoy en un momento agradable de mi vida, porque soy feliz con lo que hago. Lo que quiero es que, cuando alguien vean mi obra, piense y diga que soy persona honesta. Me gusta la fama y el prestigio, ¿a quién, no?, pero hay que tener los pies en la tierra. Hay gente a la que le caigo muy bien; a otra, muy mal. Nunca he querido estar en la cresta de la ola, porque la cresta pasa y te puedes pegar un batacazo.
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