

Secciones
Servicios
Destacamos
Mateo Valero (Alfamén, Zaragoza, 1952) es uno de los grandes referentes mundiales en supercomputación. El catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores de la Universidad ... Politécnica de Cataluña, donde trabaja desde 1974, es fundador y director del Centro Nacional de Supercomputación, que acoge desde diciembre el MareNostrum 5, uno de los diez superordenadores más potentes del planeta y que ha supuesto la mayor inversión europea jamás realizada en una infraestructura científica en España. La instalación promete revolucionar la investigación sobre el cambio climático y ayudar a comprender mejor la biología y la genética, y acoge un proyecto para el diseño y desarrollo de microchips, una de la grandes asignaturas pendientes en Europa.
La Universidad de Murcia investirá hoy a Valero doctor 'honoris causa' a propuesta de la Facultad de Informática, en un acto que se celebra a las 12.00 horas en la Facultad de Economía y Empresa. Además, el catedrático ofrecerá mañana, a las 11.30 horas, la charla 'Supercomputación e Inteligencia Artificial al servicio de la Sociedad' en el Salón de Actos de la Facultad de Informática.
–¿Qué potencialidades desbloquea el MareNostrum 5?
–El aumento de potencia permite hacer cosas que ya hacías con mayor precisión como, por ejemplo, predecir el tiempo, pero también hacer otras que antes no hacías porque necesitaban demasiados cálculos. El MareNostrum 5 es 30 veces más potente que el 4, pero 10.000 veces más potente que el 1, que estrenamos en 2004. Son cuatro computadores, de los que, de momento, se han instalado los dos más grandes. Uno de ellos, tiene tecnología de Nvidia, con un chip que se llama Hopper. Tenemos 4.500 de ellos y cada uno tiene más del doble de velocidad que todo el MareNostrum 1. Esa máquina es la número 8 del mundo y es, hoy en día, la mejor que hay en Europa para la inteligencia artificial (IA). Luego hay otra con procesadores de propósito general, de Intel, que es la número 19. Las dos juntas son la mejor combinación para hacer, por ejemplo, el gemelo digital de la Tierra, un proyecto que tenemos y que es la mejor herramienta que hay para estudiar el cambio climático.
–¿Qué otras aplicaciones tendrá?
–Hay muchas. Alguna no la puedo contar porque es secreta. Pero, por ejemplo, estamos entrenando varios LLM –grandes modelos de lenguaje para el uso de inteligencia artificial– para ayudarnos a hacer mejor ciencia. Ahora la inteligencia artificial nos está devolviendo muchos favores. Está cambiando la forma en que hacemos investigación; en algún caso, sustituyendo totalmente el método clásico. Por ejemplo, para predecir la calidad del aire de las ciudades, nosotros entrenamos una red con datos durante tres años y, ahora, una GPU predice en dos minutos la calidad del aire en Barcelona con mayor precisión que antes. Aunque el proyecto que creo que supone un mayor reto, donde los supercomputadores nos van a ayudar, es el de la creación del gemelo digital del cuerpo humano, de cada uno de nosotros, que nos ayudará a predecir y prevenir enfermedades. Este necesita muchos datos, muchos supercomputadores, muchos años y mucho talento detrás. Pero estamos avanzando mucho.
–¿Podemos atraer y retener ese talento del que habla?
–Si quieres tener a las primeras figuras, en España no las vas a encontrar, porque cobran 7, 8, 10 veces más, y se van donde tienen todos los medios y no tienen que estar todo el día pidiendo un proyecto o justificando un gasto. Si el dinero no es un problema, aquí hay buenos centros de investigación y en las universidades hay grandes mentes. Pero sin dinero, no hay talento ni una buena universidad. Todo está relacionado. España no es un país para la ciencia. No hay más que ver cuánto se habla de ella en las campañas electorales, el presupuesto que se destina y los premios Nobel que tenemos. La investigación necesita inversión y que sea sostenida en el tiempo.
–La inteligencia artificial cada vez requiere más capacidad de proceso. ¿Podemos asumirla?
–Las redes neuronales van creciendo. Se calcula que necesitamos multiplicar por 28 la capacidad de cálculo cada dos meses para atender sus necesidades de cálculo. Aunque hay avances. En el 71, Intel sacó el primer microprocesador. Los transistores eran de 10 micras por 10 micras y había 2.300. Ahora, donde había un transistor de aquellos, hay 10 millones. Parece mentira.
–Este incremento de cálculo tiene también un coste ambiental.
–Sí. Es uno de los problemas más graves. Las redes neuronales necesitan mucha electricidad. El director ejecutivo de OpenAI está buscando entre 3.000 y 7.000 millones de dólares para hacer un combo de los mejores diseños y las mejores tecnologías de fabricación para impulsar la computación. Ahí toman mucho protagonismo las famosas minicentrales nucleares. El planeta tiene capacidad de producir mucha energía verde también. Pero sí, es un tremendo problema y nosotros, como arquitectos de la computación, tenemos como una de las misiones fundamentales hacer lo mismo con menos energía.
–Hay también un debate sobre la ética de la IA.
–A veces oigo que en Europa somos los líderes en regular la inteligencia artificial. Una vez le dije a la secretaria de Estado: 'Si lo que quieres es que Europa sea el juez de un partido que no vamos a jugar, bien; pero mejor sería dedicarnos a tener jugadores para jugar. ¿Tú crees que le vas a decir a los chinos que fabriquen siguiendo la ética europea? ¿Tú crees que le vas a decir a los estadounidenses que no pongan puertas traseras en todos los aviones que han vendido para inutilizarlos cuando quieran y dejarlos en tierra? Si no desarrollamos inteligencia artificial, estaremos muy mal. Y eso tiene dos cosas: si tienes 'hardware', tienes que hacer el 'software', pero es muy difícil hacer el 'software' si no tienes 'hardware', y la verdad es que no lo tenemos. Nosotros estamos trabajando en un chip que queremos que compita con Nvidia en ocho o diez años. Es fundamental que podamos llegar ahí.
–¿Qué opina de productos como ChatGPT?
–Yo no lo uso, pero me parece bien que lo crearan. Lo que me parece mal es que saliera, porque, sin que se haya probado suficientemente, tú no puedes sacar cosas así, que pueden hacer mucho daño a la humanidad. Tú no sacas un medicamento sin haberlo probado, pero ChatGPT sí salió así.
–¿Es de los optimistas con la inteligencia artificial o le preocupa su desarrollo?
–A mí, cada día me sorprende. Si es buena o es mala... Es una tecnología dual. Yo preguntaría: ¿La energía atómica es buena o es mala? La inteligencia artificial ha hecho grandes aportaciones a la humanidad, como predecir el plegamiento de la proteína. Está resolviendo muchos problemas. Pero, claro, si la utilizas para matar, la inteligencia artificial es mala.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.