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Un exceso de velocidad en su llegada a puerto y una actitud distendida en un momento crítico de la navegación, como es la maniobra de atraque de un barco con mercancías peligrosas, no son las únicas negligencias que la tripulación del petrolero 'Front Siena' cometió el lunes 19 de febrero por la noche, cuando llegaba a Cartagena tras un largo viaje desde México: también incumplió todos los protocolos de seguridad, según se desprende de la revisión de sus cuadernos de registro, entre ellos el de bitácora.
Con una longitud equivalente a tres campos de fútbol y 150.000 toneladas de crudo maya en sus bodegas para descargar en Escombreras, el petrolero fue frenado a cien metros de las rocas de la punta de la Podadera por el práctico Antonio Lario, que subió a bordo asumiendo grandes riesgos y puso en marcha una maniobra de emergencia para evitar una catástrofe sin precedentes en un puerto español.
Las autoridades marítimas que investigan el incidente han constatado que hubo un rosario de errores por parte del capitán del 'Front Siena', un georgiano de 40 años, así como de la veintena de miembros de la tripulación. Todos ellos incumplieron las normas que establecen los protocolos internacionales que regulan este tipo de maniobras. Según fuentes vinculadas a las pesquisas, no había plan de viaje y en los cuadernos del petrolero no figuraban anotadas, como es preceptivo, las reuniones de la tripulación para preparar el atraque en Cartagena. En ese tipo de situaciones, el capitán debe reunir a sus oficiales y al resto de responsables para revisar cartas náuticas, así como los planes de llegada y de maniobra, asegurando que todos los marineros ocupan los lugares correspondientes para hacer la operación con la máxima seguridad.
El capitán admitió su actuación negligente y asumió todas las responsabilidades en las dos declaraciones que, horas después de llegar a Cartagena, realizó ante el capitán marítimo, Óscar Villar. Así que la compañía noruega propietaria de ese petrolero con bandera de Hong Kong no solo lo relevó de su puesto, sino que ordenó su despido fulminante. Quienes hablaron con él sospechan que problemas familiares le tenían distraído. Llevaba dos semanas navegando.
También está cuestionada la actuación del primer oficial, un marino indio, quien en caso de no ver capacitado a su superior tenía la obligación de asumir el control de la situación. No lo hizo. Otros oficiales tampoco estaban en sus puestos, como el que popa, indicaron las fuentes consultadas por LA VERDAD.
El petrolero 'Front Siena', con 17 metros de su casco hundidos en el mar debido a que iba cargado hasta los topes, se aproximó a Cartagena a una velocidad de 10,5 nudos por hora, cuatro más de la permitida para el embarque seguro del práctico, que es el marino mercante habilitado para dirigir las maniobras de atraque y desatraque en un puerto. En este caso, Antonio Lario, consciente del peligro que suponía dicha mole, subió a bordo y puso firme a toda la tripulación. Ordenó dar máquinas atrás a la máxima potencia, tirar con dos remolcadores y fondear las anclas para parar el buque cuando se aproximaba a la bocana del puerto cartagenero.
Capitanía Marítima tiene abierto un expediente a la empresa armadora, que ha depositado 400.000 euros como garantía de sus responsabilidades. La compañía relevó a casi toda la tripulación del 'Front Siena', que tras pasar una inspección técnica oficial zarpó hacia Gibraltar.
La meritoria actuación del práctico Antonio Lario Romero para frenar el buque tanque 'Front Siena' cuando se aproximaba sin control a la costa de Cartagena ya ha sido reconocida con felicitaciones por escrito de la Autoridad Portuaria de Cartagena y la Capitanía Marítima. Pero esta última administración, dependiente de la Dirección General de la Marina Mercante, tiene previsto solicitar al Gobierno un mayor reconocimiento público para él, «porque se jugó la vida subiendo a esa mole en marcha», destacaron fuentes oficiales.
En los ámbitos de la marina mercante no solo hay unanimidad sobre la destacada actuación del práctico. También, acerca de las condiciones en las que navegan cada día más buques mercantes, muchos de ellos de gran porte y dedicados a transportar mercancías peligrosas: con banderas de países menos estrictos que los occidentales en el cumplimiento de las normas de seguridad y con tripulaciones poco cualificadas.
Ese era el caso del 'Front Siena', con un capitán georgiano joven al frente de una dotación formada principalmente por indios, filipinos y malayos. En los buques que cubren grandes distancias es cada vez más difícil encontrar capitanes y oficiales europeos. Han sido sustituidos por profesionales de otros países con costes más bajos y que exigen menos formación y experiencia para ponerse al frente de un coloso del mar. Disponen de seguros para garantizar indemnizaciones en caso de accidentes y eso les compensa.
Todas estas situaciones están detectadas por la Dirección General de la Marina Mercante, implacable en la realización de continuas y estrictas inspecciones a buques mercantes a través de sus capitanías marítimas.
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