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Daniel Vidal
Lunes, 25 de mayo 2015, 03:06
El pequeño batallón de simpatizantes y afiliados que se agolpaba frente a las pantallas del Hotel Siete Coronas, con un número de soldados mucho menor que en otras citas electorales, apretaba las manos y se las subía a la barbilla como en señal de súplica al Altísimo. La escena recordaba a los miles de madridistas que esperaban el gol de Ramos en la final de Lisboa el año pasado. Ese gol que llegó en tiempo añadido y que, a la postre, acabó dándole la Décima al Madrid. Pero esta vez no hubo gol. No hubo grito de júbilo. No hubo milagro. Ni siquiera con la presencia del presidente de la UCAM, José Luis Mendoza, uno de los primeros en llegar al 'estadio'. Al final no apareció esa suerte de éxtasis que los populares de la Región hubieran experimentado de haber logrado ese diputado, el número 23, que no terminó de escupir el escrutinio ni al 80, ni al 90%. El inamovible número 22, ese escaño que dejaba al PP en minoría, acabó tiñendo de negro la noche más triste que se vivió en el partido en los últimos años. Ni Pedro Antonio, a sus 39 años, recordaba semejante descalabro. Por mucha sonrisa y discurso forzado que dibujara todo su equipo y él mismo a la hora de comparecer ante la prensa: «Somos la comunidad autónoma que más cerca se ha quedado de la mayoría absoluta». Cierto. «Solo nos han faltado 8.000 votos», se lamentaba Fran Sánchez, del Consejo Local de la Juventud. Su cara era un poema.
En general, como la de toda la parroquia popular que ayer se iba acercando con cuentagotas al cuartel general de la formación: «Vaya ambiente mortuorio, ¿no?», preguntaba uno de los futuros diputados regionales, en su caso con una sonrisa en la cara. El humor, ayer, servía de fiel escudero para sobrellevar el disgusto. Los primeros sondeos a pie de urna empezaron a instalar el desánimo, incluso, entre algunos dirigentes. Los móviles echaban humo y los cigarros se consumían uno detrás de otro, sin descanso para los pulmones. La resignación aumentaba a medida que los porcentajes del escrutinio se hacían más fiables para valorar resultados finales. La poca alegría que se percibía en el ambiente la ponía un grupo de niñas que estaba apurando los coletazos de una comunión y un grupo de turistas chinos que cosían a fotografías a una periodista en plena conexión para su cadena de televisión. El candidato a la Comunidad Autónoma, Pedro Antonio Sánchez llegó al Siete Coronas por el garaje, con mucho secretismo, y fue recibido en la sala 'noble' -donde los dirigentes del partido seguían el escrutinio- con un estruendoso aplauso. En esa sala 'noble', protegida por seguridad privada y la trupé de escoltas, se comió las uñas durante más de dos horas toda la cúpula del PP regional hasta que al final llegó la sangre. El primer puñal hizo daño: «¡Hemos perdido la mayoría absoluta en Cartagena! ¡Y en Murcia!». Después, con la confirmación del hundimiento en la Comunidad Autónoma, llegó el mazazo definitivo. Se había perdido la Liga y la Copa, pero aún quedaba la esperanza de la Champions. Tampoco.
Sin embargo, el presidente del PP, Ramón Luis Valcárcel, el candidato a la presidencia de la Comunidad Autónoma, Pedro Antonio Sánchez, y varios responsables de la campaña aparecieron poco antes de la una de la madrugada entre los periodistas haciendo chascarrillos y sonriendo a diestro y siniestro. Llamaba especialmente la atención la risa -no se sabe muy bien si floja o nerviosa- de la vicesecretaria Inmaculada González, que no decayó ni un instante durante toda la rueda de prensa. El cuadro de felicidad, no obstante, lo rompía un adusto y circunspecto José Ballesta, quizá agotado de una campaña por tantas pedanías, que no sacó las manos de los bolsillos -como en el 'flashmob' de Santo Domingo- hasta que Valcárcel le animó y le dijo: «Ostentarás la alcaldía, Pepe». Ballesta adoptó entonces el discurso del optimismo y aseguró que era «un día de satisfacción, aunque queda mucho por hacer y todo comienza de nuevo».
Nadie en la gran sala donde se seguía el escrutinio dijo ni 'mu' cuando el consejero de Presidencia, José Gabriel Ruiz, confirmó que «el PP ha ganado estas elecciones». Silencio desgarrador. Ni siquiera un comentario. Pero Pedro Antonio Sánchez no cejó en el empeño de insuflar un poco de ánimo a la tropa popular y aseguró que van a trabajar «para que quienes nos han votado sepan que no se han equivocado, y quienes no nos han votado vuelvan a confiar en nosotros en las próximas elecciones». Además, como formación más votada, con responsabilidad de gobernar aun en minoría, prometió «esfuerzo, compromiso y lealtad para los murcianos», y una forma de trabajar «basada en el diálogo y el consenso». Por cierto, que el líder popular se refirió a posibles pactos de gobierno con Ciudadanos: «Nuestro programa está vivo, no está enlatado. Proponemos retos y soluciones para esta Región en nuestra agenda, que es nuestro programa, ese contrato que hemos firmado con nuestros votantes. A partir de ahí, cuantas más voluntades y respaldos, nosotros encantados».
A Sánchez también le preguntaron si pensaba hacer autocrítica. Respondió que «tomaba nota con humildad» de los resultados, pero añadió que estaban «razonablemente satisfechos teniendo en cuenta los resultados en el resto del país».
Por su parte, Ramón Luis Valcárcel reconoció que habían salido tarde porque habían esperado «a que se resolvieran los restos». Vamos, que también estaba con las manos en la barbilla. Eso sí, nada de llorar por las esquinas: «No son los datos a los que estamos habituados, pero volvemos a ganar las elecciones». Cada uno, si quiere, puede tener su propio gol de Ramos.
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