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La iglesia de la Purísima de Barriomar recupera su obra de arte más llamativa: la gran vidriera que adorna la fachada principal del templo. Se trata de una pieza realizada hace medio siglo por el pintor y muralista Antonio Hernández Carpe (Espinardo, 1921-Madrid, 1977) y regresa a la parroquia de este barrio del sur de la capital (4.500 habitantes) tras su restauración en los talleres de una empresa especializada de Yecla.
Los trabajos han permitido reponer los cristales que estaban rotos así como el emplomado, recuperando el vitral su colorido original. «Ha quedado como si fuera nueva; es una maravilla la enorme claridad que aporta ahora al templo», comenta el sacerdote Rafael Morales. Para la parroquia, hacer frente a esta restauración ha supuesto «un esfuerzo muy grande», indica el religioso, que agradece la ayuda de los vecinos e instituciones que han colaborado en la financiación. El proyecto ha tenido un coste de 25.000 euros.
Una brigada se empleó este miércoles en el montaje de los diferentes paneles de colores, si bien la terminación de los detalles se alargará toda la semana. Para el 27 de marzo, a las 18 horas, está prevista la visita del obispo Lorca Planes con el fin de que pueda contemplar el resultado de la restauración.
Esta vidriera representa un ejemplo de la renovación estética que llegó a la arquitectura religiosa a mediados del siglo XX. Terminada en los años 60, la modesta edificación de Barriomar (un diseño del arquitecto Pedro Cerdán Fuentes) se adornó con obras de artistas del momento; además de Hernández Carpe, esta parroquia cuenta con una imagen de la Virgen tallada por Antonio Campillo para el altar mayor. En otros templos contemporáneos, como el del complejo residencial de Espinardo (ya desacralizado) y el del psiquiátrico de El Palmar, ocurrió lo mismo.
La colorida pieza de Barriomar, que mide cinco metros de alto por seis de ancho, está decorada con formas geométricas y elementos florales. Aunque los murales de Hernández Carpe ornamentan sobre todo edificios civiles, el pintor también aportó su arte a la arquitectura religiosa.
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