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M. CARMEN RAMÍREZ
Lunes, 21 de diciembre 2015, 02:45
La directora del Museo Salzillo, María Teresa Marín, abre, con dificultad, alguna de las vitrinas que albergan el belén de Salzillo para que 'La Verdad' haga fotos del conjunto. «Esto creo que no lo he hecho nunca, las obras de arte se conservan mejor cuando tienen menos manipulación». Pueden pasar meses sin que nadie toque ninguna de las cerca de 500 figuras que componen una de las obras clave de la escultura salzillesca. Solo se mueven cuando el belén se traslada a otra ciudad para su exposición. O para limpiarlo, cosa que sucede, como mucho, una vez al año. «Como está dentro de la vitrina y apenas se abre no se ensucia». Esta labor la hacen los técnicos del museo, con guantes y un pequeño plumero. El belén, con cerca de 240 años de existencia, está muy bien conservado. Por lo que se sabe, no acusa bajas y las figuras se mantienen con dignidad. Es una de las joyas artísticas de la Región. Es la obra de Salzillo que podría resumir toda una vida dedicada al arte. Este año se cumplen cien desde que la Región es poseedora de la Colección Riquelme, llamada desde hace décadas el belén de Salzillo.
El marqués de Riquelme, Jesualdo, hijo de Joaquín, familia muy vinculada a la Cofradía de Jesús, encargó el paso de La Caída para que saliera en la procesión del Viernes Santo. Se sabe que en 1776, Jesualdo aficionado a las artes y las letras, de educación exquisita y enamorado de las obras salzillescas, ya montaba un nacimiento en su palacio, en la parroquia de San Nicolás. También se sabe que los encargos se sucedieron a lo largo de los años, los últimos de Salzillo, y que siguieron tras su muerte. Por eso muchas figuras no salieron de las manos del imaginero murciano, sí de Roque López, su discípulo y fiel seguidor que continuó su labor con lealtad al estilo. Cuando murió Salzillo, en señal de duelo, Jesualdo Riquelme estuvo años sin montar el belén.
La Colección Riquelme pasó de mano en mano hasta llegar a la bisnieta del marqués, Rosa María de Bustos y Riquelme, quien en 1883 abrió las puertas del palacio para deleite de los murcianos, con motivo del primer centenario de la muerte de Salzillo. Después, el conjunto cayó en manos de Alfonso Bustos, marqués de Corvera, quien, a pesar del deseo testamental de su tía de que no se deshiciera del belén, lo puso a la venta. Lo llevó a Madrid y pidió por él 33.000 duros, un dineral. De ello se enteraron los ilustres murcianos Andrés Baquero e Isidoro de la Cierva, que consiguieron que se tasara a la baja, hasta 27.000 pesetas, y el patronato del Instituto Alfonso X se hizo cargo de la compra. El belén se trasladó al Museo Provincial, actual Museo de Bellas Artes en 1915.
Pocos años después de su muerte, Salzillo ya era reconocido y todos eran conscientes de la importancia de su obra. En los 50 se creó el museo que lleva su nombre y el belén se trasladó allí, donde ha permanecido hasta ahora. Aunque ha viajado en varias ocasiones. En 1929 algunas figuras marcharon a Sevilla por la Exposición Universal; en 1961, el conjunto estuvo expuesto en el Museo Nacional de Artes Decorativas; en 1999 viajó al Vaticano; en 2002, al Instituto Cervantes de Bruselas; en 2008 al Palacio Real de Madrid; y en 2013 al Ayuntamiento de la capital.
Siempre ha estado expuesto en diorama, aunque a principios del siglo XXI se dispuso en vitrinas separadas. En 2009 volvió al diorama con fondos pictóricos de Pedro Cano. El belén de Salzillo es un resumen de su obra. Las caras recuerdan a imágenes de sus pasos. Los gestos homenajean a vecinos de la época. Las escenas son recreaciones de la vida murciana del XVIII. Y el conjunto dio comienzo a un estilo que perdura y que ha llevado a Murcia por todo el mundo, el Belén Murciano.
Se cumplen cien años desde que los murcianos son orgullosos poseedores de la antes llamada Colección Riquelme. Hoy comienzan unas visitas teatralizadas por el museo para conmemorar el centenario y conocer el contexto en el que se creó la obra. La última de Salzillo, la que resume toda una vida dedicada al arte. El principio y el fin de la imaginería murciana.
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