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La Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) ha calificado con un suspenso en movilidad urbana al eje de Serreta y Caridad, así como a las calles Duque y Jara, porque aprecia que el uso mixto para coches y peatones no funciona correctamente. Las adaptaciones realizadas hace más de diez años pusieron al mismo nivel la acera y la calzada, con una cantidad insuficiente de bolardos que las delimiten, indica la institución académica en un informe. Y la proliferación de andamios y la permisividad con las terrazas de hostelería, las mercancías a la venta y los reclamos y 'mupis' anunciadores complican aún más la convivencia entre viandantes y vehículos.
La Cátedra de Infraestructuras de la UPCT analiza de forma exhaustiva la movilidad en 15 calles, en un estudio encargado y financiado por el Ayuntamiento. En sus conclusiones, el equipo redactor lanza un diagnóstico de conjunto que pone de manifiesto que las arterias semipeatonales que están junto a las reservadas solo para viandantes son una de las principales fuentes de conflicto.
El estudio de la UPCT utiliza el concepto de 'walkability', que podría ser traducido del inglés como 'paseabilidad'. Y valora con un baremo de hasta 100 puntos las calles del casco histórico, entre la fachada marítima portuaria y el Paseo de Alfonso XII. El eje de Serreta y Caridad obtiene 20 y las calles Duque y Jara logran 40. Canales, Aire y San Diego están en 60 y Carmen, Mayor y Honda representan el máximo, con 100. Lo mismo sucede con la calle Real y las zonas aledañas, aunque los autores del informe confiesan que estas zonas están sometidas actualmente a una menor presión que las otras. En este último caso, lo que habría que intentar es evitar que allí se marchite el tejido empresarial, en especial el pequeño comercio.
El problema en el eje de Serreta y Caridad es que fue proyectado como zona de tráfico moderado y a baja velocidad, con adoquín portugués para aceras y calzada al mismo nivel. Sin embargo, soporta bastante tráfico rodado, lo que llevó a que se hundieran y desprendieran algunas sus piezas. El asfaltado aplicado hace siete años solucionó ese problema, pero la posterior desaparición de bolardos y la permisividad con el aparcamiento de vehículos han creado un escenario poco amable para el peatón.
Mucho aparcamiento y pocos bolardos. Esta arteria de comunicación del Ensanche, el casco histórico y la fachada marítima tiene la calzada y la acera al mismo nivel y con pocos elementos de separación que protejan el paso de los viandantes. El adoquín colocado en la senda de rodadura hace una década para reducir la velocidad de circulación fue sustituido por asfalto, con lo que eso no quedó garantizado. Los coches y las furgonetas aparcan en zonas de estacionamiento restringido y en otras en las que no está permitido.
La calle Duque tiene el inconveniente adicional de la presencia de tiendas que exponen sus productos a la venta en cajas y expositores situados en la acera. Además, en ella hay otros obstáculos, como los andamios de obras y para sustentar fachadas de edificios en estado precario. Asimismo, la calle Jara es estrecha y tiene un trazado en curva. En la parte de las aceras en la que no hay terrazas se concentran vehículos de reparto, sobre todo por la mañana.
Un escalón por encima del aprobado de la UPCT está la calle Aire, que sufre problemas similares a Jara pero es más ancha, tiene más visibilidad y carece de terrazas de hostelería. Al mismo nivel está la calle Canales, que tiene una parte con tráfico rodado y otra peatonal. El punto de conflicto está en medio. En la zona de transición, a un lado y a otro del cruce con la calle La Palma, se concentran los vehículos de reparto, las mesas de un restaurante, y los maceteros para impedir el paso indiscriminado de coches. Todo ello en una tramo de solo seis o siete metros de ancho. Las calles San Diego y Carlos III también logran solo 60 puntos sobre 100. La primera, por motivos similares a la de Duque. La segunda, pese a tener aceras elevadas, queda marcada porque varios pasos de cebra no están situados en los lugares más cómodos para los peatones, con lo que estos acaban cruzando por donde no deben.
La Politécnica no ha valorado calles semipeatonales estrechas, como Cuatro Santos y Caballero. La razón es que el tránsito de coches es escaso y que en ellas hay muy pocos obstáculos para los viandantes.
El área peatonal del casco histórico tiene índices máximos de 'paseabilidad'. Sin embargo, la Cátedra de Infraestructuras advierte de la necesidad de vigilar conductas que pueden ser perniciosas. Así, por ejemplo, subraya que las furgonetas de reparto suponen un obstáculo, que los maceteros de cierre por la alerta antiterrorista no deben ser una solución permanente y que hay un tránsito indiscriminado de vehículos sin motor (bicicletas y patinetes) sin regulación alguna.
Entre los diez criterios de valoración de la movilidad utilizados en el estudio están la disponibilidad de zonas amplias para moverse a pie, la capacidad para hacerlo sin trabas ni obstáculos y la existencia de zonas por las que cruzar sin peligro de ser atropellado. También la existencia de zonas de sombra, bancos, buena iluminación nocturna y señalización urbana, la accesibilidad para discapacitados, la seguridad frente al crimen y que no haya motos, bicis y patinetes que pongan dificultades.
El diagnóstico de la UPCT es uno de los documentos que el Ayuntamiento tiene en cartera para su plan de peatonalización. El borrador de proyecto anunciado en diciembre de 2018 por la alcaldesa, Ana Belén Castejón, no contó con el apoyo de los empresarios del casco histórico y posteriormente no se ha concretado. Castejón asegura, desde entonces, que muy pronto tendrá novedades que proponer.
El concejal de Seguridad Ciudadana, Tráfico y Vía Pública, Juan Pedro Torralba, indicó ayer, tras presidir la Mesa de la Movilidad, que ya ha empezado a trabajar en medidas concretas para conciliar el tráfico rodado con la circulación de peatones en la vía pública. Su intención, para ello, es reactivar antes de que acabe el año tres bolardos que regularán la entrada a la zona peatonal de vehículos autorizados. También recuperará las cámaras de vigilancia de la circulación en calles y cruces conflictivos. «La intención no es recaudatoria», indicó el edil, consciente de que hace cuatro años una coalición PSOE-MC de la que él formaba parte anuló los dispositivos de grabación en los semáforos porque ponían multas de 200 euros.
Además, quiere fomentar el uso del transporte público para los habitantes de barrios y diputaciones del municipio que se quieran desplazar a la ciudad. «Ya estamos trabajando con las asociaciones en la lanzadera de la zona oeste, desde Molinos Marfagones. Es una de las cosas que queremos potenciar en diferentes zonas, para que la gente pueda bajar a la ciudad sin necesidad de usar el vehículo», dijo.
La implantación de estas medidas de ordenación de la movilidad y la definición de una nueva peatonalización en el casco urbano serán sometidas a consultas con los hosteleros, los comerciantes y los vecinos antes de aplicarlas. Así, se pretende implicarles y que hagan sugerencias que pueden ser incorporadas. De esta forma, se pretende evitar que se extiendan las suspicacias que ya han surgido entre quienes han cuestionado las operaciones de instalación de los aparatos para accionar los bolardos.
La activación de estos dispositivos permitirá, según Torralba, eliminar maceteros y dotar de mayor seguridad a los peatones que transiten por el centro.
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