Borrar
Marinos republicanos detenidos en el puerto ucraniano de Odesa, en 1939, al final de la Guerra Civil Española. LV
Juan 'el Ruso'

Juan 'el Ruso'

LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁN

Cartagena

Lunes, 4 de noviembre 2019, 11:56

La historia de hoy es de las que me producen una extraña sensación: las de personas anónimas que vivieron situaciones extremas, en unas circunstancias en donde el destino parece jugar una mala pasada y la realidad supera cualquier episodio imaginado y recreado por los autores de historias increíbles.

Juan Conesa Castillo nace en Cartagena en 1914. Sus padres son los caseros del Asilo que había en la Rambla, actualmente Colegio de San Vicente de Paúl. A la temprana edad de 16 años ingresa en el Arsenal como aprendiz de marinero, iniciando una carrera como marino militar. En 1935, embarcado en el destructor 'Alcalá Galiano', obtiene el grado de cabo apuntador de artillería, al tiempo que compagina una gran actividad deportiva gracias a un portentoso físico.

El 18 de julio de 1936, al iniciarse la Guerra Civil, se encontraba representando al Arsenal de Cartagena en unas pruebas deportivas, en las cuales obtuvo medalla de oro. A su llegada a nuestra ciudad es detenido y encarcelado en la prisión de San Antón. Finalmente es liberado el 17 de enero de 1937 y destinado al acorazado 'Jaime I', donde permaneció hasta que se produjo su voladura en el espigón de La Curra el 17 de junio de 1937. Precisamente él se encontraba de guardia ese día. Herido en el pecho, cayó al agua pero tras una breve recuperación, volvió a ser embarcado, esta vez en un buque mercante de nombre 'Cabo de San Agustín'.

Con este barco, al servicio del Gobierno de la República, realizó varios viajes desde Cartagena a la ciudad soviética de Odesa, en el Mar Negro, transportando material bélico. Fue allí cuando, en marzo de 1939, encontrándose a punto de partir de nuevo hacia Cartagena desde el puerto ucraniano, la guerra terminó. Los soviéticos impidieron la salida y se incautaron de este barco, junto a otros cuatro más, y detuvieron a sus dotaciones.

Comienza entonces una nueva serie de acontecimientos para este cartagenero que, ante todo, era un marino y militar de aquella época, con la única pretensión de sobrevivir, manteniéndose al margen de luchas ideológicas y cumpliendo con su obligación.

La increíble historia de un militar republicano

Junto a otros grupos de republicanos, pilotos de aviones que estaban en la academia militar de Kirovabad, se convirtieron sin quererlo en unos exiliados circunstanciales. Se calcula que había unos 4.195 republicanos españoles (891 políticos, 192 alumnos en aviación y marinería, 130 profesores y 2.982 niños).

Algunos se incorporaron a la lucha contra la Alemania Nazi, encuadrados en el Ejército Rojo, y obtuvieron la nacionalidad rusa. Otros solicitaron el exilio a terceros países, como Méjico o Francia, y un tercer grupo expresó su deseo de regresar a España. Juan Conesa quería volver a Cartagena, donde su novia, Dolores Beján García, le esperaba para casarse con él.

Llegada al puerto de Barcelona del buque griego 'Semíramis', el 2 de abril de 1954, con Juan Conesa a bordo. LV

Sobre estos últimos se levantó la sospecha, por parte del comisariado del pueblo, de que, si querían volver a la España de Franco, es que eran fascistas y por lo tanto «enemigos del pueblo» y «antisoviéticos», terrible acusación que solo tenía una respuesta: el internamiento en un Gulag (campos de trabajos forzados dirigidos por la policía de la Unión Soviética y la KGB). Las condiciones en estos campos fueron terribles hasta 1953, cuando murió Stalin. Se calcula que más de dos millones de personas murieron en estos denominados Gulags.

Pero volvamos a nuestro protagonista. Olvidados por todos y sometidos a las purgas estalinistas, fueron de gulag en gulag, al cual peor. Juan Conesa y otros 48 marinos estuvieron en campos siberianos como Norilsk y Krasnoiarsk, campos de la estepa de Kazajstán como Spassk y Kok-Uzek o campos occidentales, como los de Odessa, Cherepovetz, Borovitchi, Stalino y Vorochilovgrad. Muchos de ellos no pudieron sobrevivir al trabajo impuesto, a la falta de comida, a las pésimas condiciones de higiene, a las enfermedades, al frío siberiano y al calor estepario. Solo una gran capacidad física, como la que tenía Juan Conesa le permitió sopórtalo.

El destino quiso que compartiera penalidades en estos Gulag con los prisioneros españoles de la División Azul, que habían ido a Rusia a combatir al comunismo encuadrados en el ejército alemán. Ya no estaban separados por ideología ni por trincheras, ahora conllevaban penalidades y sufrimiento.

Su novia le esperó

Solo la habilidad de Juan, al facilitarle sus datos a un prisionero alemán repatriado, hizo posible que la Cruz Roja pudiera incluirlo en sus listas para que, tras 15 años de internamiento, pudiera regresar a España en el mismo barco que lo hicieron los últimos divisionarios. Fue el 2 de abril de 1954. El navío griego 'Semíramis' atracó en el puerto de Barcelona. A bordo había 286 repatriados españoles, entre los que se contaban 248 soldados de la División Azul y 38 republicanos de izquierda (19 marineros, 12 pilotos, 4 niños de la guerra y 3 miembros de la embajada berlinesa). Juan Conesa había regresado.

Cartagena, 30 de abril de 1954. En la estación de tren, Dolores Beján espera la llegada de Juan. Él tiene ahora 40 años. Cuando se vieron por última vez tenía 25, han muerto sus padres y dos hermanos, pero su novia le está aguardando. Se casarían unos meses más tarde, iniciando una nueva vida en Cartagena, junto a su familia, como si nada hubiera pasado. Juan 'el Ruso', que así será conocido ahora por saber hablar en ese idioma, encontró trabajo, primero en el Ayuntamiento y después en el Instituto Nacional de Previsión. Nunca perdió su porte atlético y siempre agradeció que la vida le hubiera dado una segunda oportunidad.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

laverdad Juan 'el Ruso'