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LUIS MIGUEL PÉREZ ADÁN
Sábado, 18 de junio 2022, 09:54
Releyendo la novela de Arturo Pérez-Reverte 'La Carta Esférica' pude comprobar cómo en ella hay mucho de la vida del autor, de su pasado ... más cartagenero, de sus recuerdos de infancia y, sobre todo, de los lugares comunes que aparecen en esa novela y que están plenamente identificados con el entorno de Cartagena y sus gentes. «Aquí nací, y desde este puerto me asomé a los libros y a los océanos por primera vez».
Entre todo ellos quisiera destacar hoy las alusiones referidas a un personaje totalmente revertiano pero de vida real, Paco 'el Piloto'. «Era mucho tío», llegó a decir de él Pérez-Reverte. Fue un conocido protagonista de la galería de cartageneros pintorescos, ya desaparecidos, pero que subsisten en la memoria colectiva de los que lo vimos deambular por esta vieja ciudad.
'El Piloto', con su barca y desde su embarcadero, ya ejercía de Puerto de Culturas antes de que este se inventara. Con sus paseos por la dársena para visitar los buques de guerra y los túneles submarinos recorría turísticamente las aguas de su bahía después de ser un auténtico mercenario de la mar, un superviviente de otra época, en definitiva, alguien que dejó huella en la vida del que después se convertiría en académico de la Lengua y uno de los escritores españoles más leídos del mundo con traducciones a más de cuarenta idiomas.
Pero de todas las alusiones que de Paco 'el Piloto' se hace en la citada 'La Carta Esférica' me llama especialmente la atención cuando se refiriere a él de la siguiente manera: «El marinero que en el Cementerio de los Barcos sin Nombre me dio el primer cigarrillo y dijo que los hombres y los barcos deberían hundirse en el mar antes que verse desguazados en tierra».
Enseguida reconocí ese cementerio, no es otro que el lugar cerca de El Espalmador que fue desguace de buques, justo enfrente de los túneles submarinos, un espacio utilizado durante más de treinta años para este cometido, para poner fin a la vida de un barco, en tierra, lo que nunca debería pasar según decía 'El Piloto'.
Y es verdad, un triste fin para un buque que, en sí mismo, tiene su propia historia, a veces intranscendente pero otras llenas de hechos resaltables cuando no misteriosos, empezando por su propio nombre. Cuando se dice «El Cementerio de los Barcos sin Nombre» es incorrecto; todos tenían el suyo y detrás de él, su propia realidad y leyenda.
Volviendo a este cementerio, fue en 1958 cuando José Navarro Francés, cartagenero de Tallante, más exactamente de Valdelentisco, inicia en el puerto de Cartagena su actividad como desguazador de buques, primero en Santa Lucia haciéndolo sobre el submarino 'General Sanjurjo' y luego, interrumpidamente hasta la década de los años 90 del pasado siglo, en El Espalmador.
José Navarro Francés nació agricultor y carretero, pero pronto, al cumplir el servicio militar, se convirtió en un experimentado buzo de la Armada, aunque la Guerra Civil y sus consecuencias truncarían esta carrera, teniendo que reorientarla como buzo civil. Hizo de todo: colocó bombas de pozo, montó cadenas de almadraba, recuperó anclas y dio auxilio a desguaces. Sería en esto último en donde llegaría a obtener un gran éxito profesional fundando varias empresas dedicadas a estos cometidos, alcanzado la cima de su negocio con la compra de barcos a nivel internacional para su desguace y convertirse en el presidente de la Asociación Nacional de Desguazadores de Buques.
Por este cementerio pasaron casi un centenar de barcos. A manos del soplete fueron descuartizados pieza a pieza. Sus historias desaparecieron y se volatilizaron en el tiempo, quizás alguien algún día debería contarlas. Como, por ejemplo, algunos de los barcos de la clase Liberty, construidos en los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial bajo el Programa de Construcción Naval de Emergencia y que simbolizaron la producción industrial estadounidense en tiempos de guerra, en donde se botaba uno cada día, sobreviviendo a la guerra más de 2.400 barcos Liberty. Algunos de ellos vinieron al El Espalmador a morir en su cementerio. También el USS 'Capricornus' (KA 57), un carguero de la clase Andrómeda adquirido en 1986 por Navarro Francés para su desguace y que atesoraba una impecable hoja de servicio en la Navy. Durante la Segunda Guerra Mundial participó en la batalla de Okinawa, recibiendo el impacto de un kamikaze japonés. Posteriormente tuvo presencia en las guerras de Corea y en el Oriente Medio. Todo un veterano que vino a enterrarse a nuestro particular cementerio de los barcos que sí tenían nombre, como otros muchos más: submarino 'General Sanjurjo' (1958), transporte 'Tarifa' (1959), remolcador 'Argos' (1961), TSS 'Clan Buchanan' (1962), crucero 'Méndez Núñez' (1964), B/T 'Sulina' (1965), crucero 'Miguel de Cervantes' (1966), 'Ophil (1967), 'Lucia' (1967), 'Urumea' (1967), transatlántico 'Acra' (1968), 'Rita Gracia' (1968), 'Norma County' (1969), 'Howar M.Hanna JR' ( 1969), 'Frank E. Taplin' (1970), 'Diamandis' (1970), 'Parkdale' (1971), 'Liquilady' (1971), 'Walter E. Ranger' (1972), 'Mobiltest' (1973), 'Robin' (1974), 'Amhadi Coast' (1974), 'Transglobe' (1975), 'July Star' (1976), 'Manu' (1976), 'Roquebrune' (1976), 'Lipeck' (1977), 'Kotronas Sky' (1978), 'Feraios' (1979), 'Constathina' (1979), cragaminas 'Eume' (1980), algibe A-3 (1980), 'Volissos II' (1980), 'Kelly A' (1981), 'Barimar' (1981), submarino 'Narciso Monturiol' (1981), 'Evangelia' (1982), 'Panam I' (1982), 'Nona Maro' (1982), 'Mario Attanasio' (1982), portaviones británico 'Triumph' (1982), ferry 'Santa Mª de la Candelaria' (1983), 'Eleftheria' (1983), 'Puerto de Huelva' (1983), 'Argolicos Gulf' (1984), submarino 'García de los Reyes' (1984), remolcador AR42 (1984), 'Devon Express' (1984), 'Alfonso Cuarto' (1985), 'John A' (1985), USS 'Capricornus' KA 57 (1986), 'Angmed' (1986) y 'Galdácano' (1986).
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