Borrar
LUNES DE MÚSICA

Un insigne músico yeclano

ANTONIO DÍAZ BAUTISTA

Lunes, 4 de febrero 2008, 01:44

Gracias a los investigadores Enrique Máximo y Manuel Pérez Sánchez, de la Universidad de Murcia, y Alejandro Massó, de la Fundación Carlos de Amberes, se ha rescatado del olvido la figura de un importante músico murciano: D. Juan Oliver Astorga. El pasado día 25 se le tributó un homenaje en el bello Teatro Concha Segura de Yecla, su ciudad natal, interpretando el grupo La Tempestad algunas de sus obras, y se presentó el compacto que hoy comentamos, bellamente ilustrado y acompañado con un documentado estudio histórico de Alejandro Massó. Ciertamente el descubrimiento de este músico ha sido una sorpresa, por su biografía y por la indudable calidad de su música, aunque, tanto de la una como de la otra, nos falta aún muchísimo por conocer.

Oliver nació en Yecla en 1733, cuando era una pequeña localidad de unos dos mil habitantes. Era hijo de padre catalán y madre zamorana. No sabemos dónde adquirió los primeros conocimientos musicales, aunque cabe suponer que fuera en la antigua Iglesia de la Asunción de su ciudad natal o, posiblemente, en Valencia, donde, entonces, había orquestas de violines. Marchó a Nápoles, entonces floreciente emporio artístico, y allí debió perfeccionar sus conocimientos como virtuoso del violín y, seguramente, también del teclado, con Niccolo Jomeilli, en compañía de quien marchó a la Corte del Príncipe Elector Kart Eugen von Württenberg, un magnate cultísimo, sensible, vitalista y mujeriego, que vivía en el precioso palacio rococó de Ludwigsburg, cerca de Stutgart. Lo visité hace un par de décadas y, a pesar de que llovía ferozmente, me pareció un lugar encantador, que recomiendo a quienes viajen por aquella zona. Entonces no podía yo sospechar, ni por asomo, que en su magnífico teatro, ¿de 4.000 localidades!, tocaba un insigne músico yeclano. El Elector se arruinó y tuvo que disolver su Capilla musical, con lo que nuestro paisano se fue a Frankfurt y, muy pronto, a Inglaterra, donde fue protegido por el refinado aristócrata Lord Willoughby Bertie, conde de Abingdon. En la Corte londinense triunfó Oliver como violinista y flautista, acompañado al clave por Johann Christian Bach, nada menos, hasta que, en 1774, las intrigas de un bailarín, llamado Gallini, le decidieron a regresar a España. En Madrid obtuvo pronto, por oposición, un puesto de violinista en la Capilla del Palacio Real, donde siguió tocando durante muchos años, pero el sueldo era escaso, su edad cada vez más avanzada y los acontecimientos de la política española muy turbulentos. Sus últimos años los pasó, pobre, enfermo y viudo, en una casa de la Cava Alta, donde falleció en 1830, a la avanzadísima edad de 97 años. Fue coetáneo, por ejemplo, de Vivaldi, J.S. Bach, Haendel, Haydn, Mozart, Beethoven, Schubert, von Weber, Schumann, Mendelssohn, Chopin, Liszt y Wagner.

Las cuatro deliciosas sonatas recogidas en este disco, fechadas hacia 1769, es decir en su etapa inglesa, nos muestran a un compositor de gran altura, perfectamente comparable con los grandes maestros de la música europea de aquella época. Se inscriben claramente en el llamado «estilo galante», que dominaba en su tiempo. No sabemos si, una vez aislado en su retiro madrileño, recibiría las influencias del Sturm und Drang y del primer Romanticismo, o seguiría apegado al Rococó. Si su música, vitalista y luminosa, hubiese sido conocida algo más de un siglo atrás, habría aparecido, quizás, como un cristalino campanilleo sonriente, en los melancólicos coloquios que el maestro Yuste y Antonio Azorín, mantenían en la Yecla, ensimismada y aquietadora, de La voluntad.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

laverdad Un insigne músico yeclano