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Nadie como José Antonio Pastor González (Cieza, 1973) conoce las montañas de la cuenca del Segura. Profesor de Geometría y Topología en la Universidad de ... Murcia, alpinista experimentado y primoroso narrador e intérprete de la naturaleza, lleva toda su vida descubriendo y redescubriendo las sierras, valles y cauces fluviales del territorio formidable que él denomina 'el gran verde': la vasta mancha forestal donde se tocan el Noroeste de la Región, el sur de Albacete y las provincias andaluzas de Almería, Granada y Jaén. El autor indicado para escribir 'El agua que bebemos', un libro que recoge la historia de la Mancomunidad de Canales del Taibilla, los paisajes donde nacen los caudales que llegan hasta ochenta municipios de tres comunidades para abastecer a entre dos y tres millones de personas y las infraestructuras que transportan cada gota, salvando todo tipo de barreras geográficas, desde los picos nevados hasta el litoral. Si entran en Montañas del Sur, la web en la que relata sus andanzas a pie y en bici, accederán a un distrito personal en el que serán invitados a recorrer senderos, ascender cumbres y vadear arroyos, y del que no querrán salir.
–Sorprende todo lo que hay detrás del agua que sale por el grifo de casa: grandes obras de ingeniería, historia, naturaleza...
–Creo que suele ser así con casi todas las cosas de la vida que damos por sabidas. Este libro trata del agua, uno de los ingredientes básicos de la existencia, pero otro tanto sucede con la energía, los alimentos... Haber pasado penurias en situaciones extremas en la montaña y en viajes por lugares muy pobres me hace ser muy sensible con los bienes que disfrutamos y que apenas apreciamos: una bombilla, un grifo, un trozo de pan, un refugio.
–¿Qué ha aprendido en este viaje siguiendo el curso del agua desde las montañas del sur de Albacete hasta nuestras casas?
–Me ha sorprendido la capacidad tecnológica que ya teníamos a principios del siglo XX para acometer una obra de esta magnitud. Estamos hablando del canal de abastecimiento más largo de Europa en su momento y de salvar más de 200 kilómetros de una geografía compleja repleta de montañas y valles para transportar el agua por gravedad desde el corazón montañoso del Segura hasta las costas del Mediterráneo.
–¿Apreciaríamos más el agua que bebemos si conociéramos el gran esfuerzo en planificación y los espacios naturales donde nace?
–Por supuesto. En el Sureste, dentro siempre de un contexto de escasez y penuria hídrica, deberíamos ser más conscientes del milagro que supone tener uno de los abastecimientos de agua más seguros y fiables en España y Europa. Esto es posible gracias a la tecnología, a la planificación y a la existencia de organismos como la Mancomunidad de Canales del Taibilla. También somos afortunados de vivir cerca de las Béticas, las montañas que actúan como barrera y recipiente de la gran cuenca del Segura, reteniendo el agua en sus entrañas y liberándola poco a poco mediante manantiales y surgencias.
–Nuestra relación con la gestión del agua no es precisamente armoniosa: contaminación del Mar Menor, sobreexplotación de acuíferos en el Altiplano y el Noroeste, pozos ilegales en el Campo de Cartagena y el Guadalentín...
–Tenemos un serio problema: hace ya muchos años que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades, hasta el punto de que estamos tensando los sistemas más allá del punto de ruptura. Ninguno de nuestros gobernantes, ni en los gobiernos central y autonómico ni en los ayuntamientos, se atreve a asumir el coste político que supondría limitar y ordenar los regadíos con arreglo a la ley. Bien es cierto que las responsabilidades no están repartidas de igual forma, pero el ambiente está tan viciado, es tan hostil, que en la práctica es imposible señalar al enorme elefante que nos acompaña en la habitación.
Autor José Antonio Pastor González
Edita Mancomunidad de Canales del Taibilla
No está a la venta Próximamente estará disponible en la web de la Mancomunidad en PDF y formato HTML
–El libro ofrece prácticamente un descubrimiento en cada página... Sorprende lo poco que conocemos sobre estos paisajes.
–Es que el territorio del Sureste es muy amplio y hay muchísimos rincones para descubrir y disfrutar. La elaboración del libro ha sido un pretexto más para ir a conocer cumbres, vertientes y valles que antes jamás había recorrido.
–¿De dónde le viene su pasión por estas montañas?
–De niño vivíamos mucho tiempo en el campo y estábamos siempre buscando aventuras por las acequias, los cerros, los campos y las montañas de Cieza. Mi madre también ha influido mucho en mi visión de la naturaleza. Ella, como profesora de Química y Biología, fue una pionera del ecologismo en sentido estricto: aprovechar al máximo cada recurso, gastar solo lo necesario, cuidar el entorno, no desperdiciar y vivir con lo justo y necesario. Siempre me acuerdo de una frase que repetía: un cuerpo, un vestido.
–¿Cuáles son los rincones de estas sierras de la cabecera del Segura que deberíamos conocer?
–Diría tres lugares: la cuenca alta del río Taibilla, desde el embalse aguas arriba, pasando por el Zarzalar, hasta el propio pueblo de Nerpio y todo el valle que se va estrechando hacia Pedro Andrés y remontando hacia la divisoria con el Zumeta en la sierra de Huebras. Después, las hoces del Taibilla, desde la presa del embalse hacia Vizcable, con la presa de Toma y el cañón del río en el que, por fortuna, vuelve a escucharse el sonido del agua en todos sus tramos. Y también, la elevada y misteriosa sierra del Taibilla, vecina de Revolcadores, con sus abrigos repletos de pinturas rupestres, árboles monumentales y cumbres que se elevan por encima de 2.000 metros para ofrecernos el regalo de las nieves en cada invierno.
–¿Corre peligro este reservorio de naturaleza?
–Lamentablemente, sí. Además de las amenazas a nivel global, como la disminución de precipitaciones, el aumento de la temperatura media y la mayor erosión, con sus devastadoras consecuencias, encuentro especialmente grave el maltrato a los acuíferos de montaña en el interior de la Región de Murcia y en la vecina comunidad andaluza. Los últimos análisis realizados por la CHS en manantiales y ríos de la zona apuntan a una contaminación por nitratos muy superior a la establecida por las leyes y que es debida a la proliferación de actividades intensivas en insumos como los cultivos industriales y las explotaciones porcinas a gran escala. En un territorio tan vulnerable como el nuestro, maltratar los escasos recursos hídricos de calidad de los que disponemos supone un suicidio a corto plazo. Y se da una paradoja: si bien la Mancomunidad garantiza el recurso a muchos núcleos rurales aislados que antes se abastecían exclusivamente de fuentes o aguas subterráneas, dicha seguridad provoca que estos mismos usuarios olviden el agua de la que antes bebían y se despreocupen y dejen de cuidarla y protegerla.
–¿Qué ríos y arroyos le siguen sorprendiendo?
–La rambla de la Rogativa bien merece una visita con la bici o a pie. También el arroyo de la Aliagosa, saliendo de Nerpio hacia los Chorretites. Es una cuenca muy cerrada que, en su parte alta, comunica con 'dosmiles' destacados como la sierra de las Cabras. En general, cualquier paseo por la zona te descubre sorpresas increíbles como, por ejemplo, los frailes de roca bajo el Cantalar, en los Villafuertes [Moratalla].
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