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«Es una fuente de motivación y perseverancia». La líder de la extrema derecha en Francia, Marine Le Pen, describió este martes con estas palabras ... su condena judicial. La principal dirigente de Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés) presentó en una reunión con diputados de su partido su estrategia tras el serio revés sufrido un día antes en el Tribunal de París. Después de haber sido inhabilitada hasta 2030 y haberse quedado prácticamente fuera de la próxima carrera presidencial, Le Pen aspira a sacar un rédito electoral a partir de dos premisas: su victimización y la movilización de su electorado.
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«Los franceses tienen que indignarse y les digo: 'Indignaros'. Vamos a organizar este fin de semana distribuciones de propaganda electoral y movilizaciones democráticas y pacíficas», aseguró Jordan Bardella, número dos de Agrupación Nacional, en el plató de la cadena CNews, con una línea editorial afín a la derecha radical. El eurodiputado, que suena para sustituir a Le Pen, no dio más detalles sobre esas protestas aunque más tarde trascendió que su partido planea una concentración para el próximo domingo en París. También ha impulsado una petición en internet para «salvar la democracia» y apoyar a la dirigente condenada por haber malversado más de 4,5 millones de euros del Parlamento Europeo en la trama de falsos asistentes.
«Queremos ser los intermediarios del sentimiento de injusticia que sienten millones de franceses», defendió Bardella sobre la respuesta de su partido. «Esta llamada a manifestarse resulta inhabitual y se trata de un escenario nuevo» para esta formación nacionalista y xenófoba, explica a este medio el politólogo Jean-Yves Camus, director del Observatorio de las Radicalidades Políticas. A diferencia de lo que sucede con las siglas de izquierdas o con Reconquista del islamófobo Éric Zemmour, Agrupación Nacional no suele organizar protestas en la calle. Le Pen, según este experto, «es suficientemente inteligente por no haber tenido la misma reacción que Trump tras haber perdido las elecciones de 2020. No quiere que haya violencia».
Más que una gran movilización ciudadana en los próximos días, la prioridad del partido parece ser instalar su relato de que se trata de una «sentencia política». «El sistema ha sacado la bomba nuclear. Si utilizan un arma así de potente contra nosotros, eso se debe a que estamos a punto de ganar las elecciones», dijo la líder ultraderechista durante la reunión de su grupo en la Asamblea Nacional. «Nos robaron las legislativas y ahora no dejaremos que les roben a los franceses las presidenciales», añadió en referencia a los comicios del pasado 7 de julio, en los que la movilización de los votantes de izquierdas y de centro hizo que Agrupación Nacional terminara tercera.
Jordan Bardella
Presidente de Agrupación Nacional
Ante los representantes de su partido, Le Pen, que no ha perdido su escaño, defendió que «vamos a utilizar todos los medios» para revocar la inhabilitación y que pueda presentarse en 2027. No obstante, el margen de maniobra resulta realmente estrecho para la dirigente ultra. Sus abogados anunciaron que recurrirán el fallo. La Corte de Apelación de París indicó en la tarde del martes que contempla celebrar este proceso durante la primera mitad de 2026. La sentencia, según sus planes, sería pronunciada durante ese verano. Solo un veredicto absolutorio en segunda instancia evitaría que quede fuera de la carrera hacia el Elíseo.
El ministro de Justicia, Gérald Darmanin, espera «un proceso en apelación se celebre en el plazo más razonable posible». Durante una tensa sesión de preguntas al Gobierno, el primer ministro, François Bayrou, reconoció «sus dudas» como «ciudadano» respecto a la inhabilitación a efectos inmediatos de la dirigente de la extrema derecha. «No creo que Bayrou mantenga esta posición debido a la posible reacción de los militantes de Agrupación Nacional, sino porque teme un cuestionamiento más amplio del poder judicial», sostiene Camus.
Pese al ruido ambiental, la opinión pública gala no comparte la dramatización de la sentencia. El 57% de los franceses, según un sondeo de Elabe, considera normal la inhabilitación de la líder ultraderechista. La mayoría tampoco quiere que haya clemencia con los políticos que han malversado dinero público. Le Pen aún debe remar mucho si quiere instalar su polémico relato.
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