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José Andrés Prieto. Vicente Vicéns / AGM
Alto de Inazares pierde a su 'Vigneron' José Andrés Prieto

Alto de Inazares pierde a su 'Vigneron' José Andrés Prieto

El arquitecto técnico e Ingeniero de la Edificación, fundador y promotor del viñedo más alto del continente Europeo murió el pasado 30 de noviembre

Jueves, 5 de diciembre 2024, 12:45

Observar las estrellas desde un lugar tan privilegiado para ello como el Alto de Inazares, en Moratalla, era una de las cosas que más le gustaba hacer en su tiempo libre a José Andrés Prieto, parisino de nacimiento y murciano y moratallero de adopción. Lo hacía a solo unos pocos metros de las uvas que cuidaba con mimo y pasión en el viñedo más alto del continente europeo. En una pedanía a la que logró poner en el mapa con el sudor de su frente y donde muchos años fue el vecino que «había comprado».

Lo que había comprado este arquitecto era un terreno de algo más de tres hectáreas del que se enamoró el primer día que puso un pie en Inazares, y donde construyó con sus propias manos y las de su familia una bodega preciosa y una casita de montaña aún más bonita. En pocos sitios había escuchado yo música clásica con esa calidad, con unas cuñas de queso y, por supuesto, unas copas del exquisito vino que hacía junto a su esposa Ángela. Para 'encadenarnos' a nuestros nuevos y estupendos amigos por lo civil y lo criminal para no salir de allí en muchos días.

Hacía. Porque José Andrés Prieto falleció el pasado sábado 30 de noviembre a los 60 años. Ese día tenía una cata para 10 personas a las 12 de la mañana. Ángela y él se levantaron temprano, desayunaron en el porche. «Hacía un día magnífico», recuerda ella. «Me miró y me dijo: '¿En qué hotel de cinco estrellas te sentirías mejor que como estamos ahora mismo?' Nos reímos mucho y nos pusimos manos a la obra con la cata». En cuanto terminó de prepararla, cayó fulminado, sin más. Hacía poco más de un mes que nos había recibido en sus dominios, con los brazos abiertos y la sonrisa permanente, para explicarnos los intríngulis de un viñedo extremo y unos vinos únicos, cada vez más exitosos.

Pero, como suele pasar con gente tan brillante y auténtica como José Andrés, el reportaje derivó en conversaciones sobre la vida y su disfrute, que al final es de lo que se trata. En la pasión, por ejemplo, que José Andrés Prieto sentía cuando rescataba un sestercio enterrado desde hace 2.000 años. José Andrés era un hombre feliz, que se sentía feliz y en paz con lo que hacía y con lo que le rodeaba. Y eso se reflejaba en su mirada, en su forma de estar en el mundo y en su manera de relacionarse con los demás. Un sorbo a sus vinos valen más que mil palabras.

Efectivamente, como decía Ángela, «es una pérdida inmensa». Acompañar en el sentimiento cobra aquí todo el sentido. Una gran pérdida para todos, por mucho que gane ese cielo estrellado que tanto le gustaba mirar. Descanse en paz.

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