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Ee esas ideas surgió el movimiento cooperativo, una forma de entender la economía desde la solidaridad, la equidad y la primacía del ser humano sobre el capital. Hoy, 170 años después, ese legado sigue vivo en quienes, en pleno auge de la tecnología y la inteligencia artificial, continúan apostando por un modelo que pone a la persona en el centro.
Este 2025 es un año simbólico para el cooperativismo. No porque se celebra el Año Internacional de las Cooperativas, sino porque Murcia, que conmemora su 1.200 aniversario, ha sido designada Capital Española de la Economía Social, un reconocimiento que subraya la fuerte identidad de esta región con los valores de justicia y solidaridad. La economía social en Murcia no es un fenómeno reciente ni un experimento pasajero; es un compromiso con la dignidad del trabajo y con un modelo de desarrollo que busca el bienestar colectivo por encima de la rentabilidad a corto plazo.
El cooperativismo no es solo una manera de hacer empresa; es una actitud de desafío e innovación permanente. Crear una cooperativa no responde únicamente al deseo de generar riqueza, sino a la vocación de transformar la sociedad desde la responsabilidad compartida. En un mundo donde la incertidumbre es la norma, donde los lazos sociales parecen desvanecerse en la inmediatez de la modernidad líquida, el modelo cooperativo ofrece un ancla moral, una estructura que fortalece la cohesión social y el sentido de pertenencia.
Vivimos una era de transformaciones sin precedentes. El cambio tecnológico y cultural ha dejado a muchas sociedades en una permanente sensación de desconcierto, donde el individualismo y la precariedad parecen ser las reglas del juego. Pero frente a este panorama, el cooperativismo se erige como un bastión de estabilidad y confianza. Frente al capitalismo de especulación, la economía social apuesta por el empleo estable, la participación de los trabajadores en las decisiones y el respeto por el medio ambiente. Frente al pragmatismo sin valores, el cooperativismo reivindica la ética en los negocios.
Liderar en este contexto no significa simplemente hacer las cosas bien, sino hacer las cosas correctas. Y esa es la esencia del movimiento cooperativo: una forma de liderazgo que no se mide únicamente en beneficios económicos, sino en su capacidad para construir comunidades más fuertes y resilientes. No se trata de una utopía irrealizable, sino de una apuesta concreta por una economía más humana.
El filósofo Julián Marías decía que los españoles solemos preguntarnos «¿qué va a pasar?» cuando en realidad deberíamos preguntarnos «¿qué vamos a hacer?». En este siglo XXI, la pregunta sigue vigente.
La historia del cooperativismo es la historia de quienes han decidido hacer, de quienes han entendido que hay otra manera de concebir la empresa, el trabajo y la sociedad. No es solo una alternativa económica, es un proyecto de civilización que rescata los valores del humanismo y los adapta a nuestro tiempo.
El futuro no está escrito, y la mejor forma de predecirlo es construirlo. La Región de Murcia, con su larga tradición de economía social, tiene a día de hoy la oportunidad de liderar este nuevo Renacimiento, un modelo donde el ser humano vuelva a ser el centro de todas las cosas. No podemos detenernos ni tampoco mirar atrás. Necesitamos audacia y esperanza.
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