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'Ritmos, tramas, variables' es el título de la exposición de Soledad Sevilla (Valencia, 1944) que, comisariada por Isabel Tejeda, catedrática de la Facultad de ... Bellas Artes de la UMU, podrá disfrutarse hasta el 10 de marzo de 2025 en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS). Amante del silencio despierto y de la delicada sobriedad, la artista sevillana mantiene una ya larga relación con Murcia, donde ha expuesto en varias ocasiones en la galería Artnueve, que dirige Mari Ángeles Sánchez Rigal, y cuya universidad pública, la UMU, cuenta en su colección de arte con la pieza escultórica 'La forma de las estrellas', que la artista, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1993, regaló a esta institución en 2019 tras haber sido expuesta en la sala La Capilla [del Rectorado].
Soledad Sevilla ha mostrado su obra en Artnueve –un espacio en el que reconoce haber encontrado siempre «muy buenas vibraciones»– hasta en cuatro ocasiones, la última hace cinco años, en la que expuso diversas piezas de su proyecto 'Rutas del desasosiego', inspirado en el 'Libro del desasosiego', de Fernando Pessoa, poeta con el que comparte que, en efecto, «no hay acción por pequeña que sea –y cuanto más importante, más cierto es– que no hiera a otra alma».
'La forma de las estrellas' fue concebida y creada especialmente para su disfrute en La Capilla. Se trata de un tetraedro que se basa, en palabras de Sevilla, «en un plano del universo del arquitecto José Miguel de Prada Poole; un universo homogéneo, isótropo y regular, con imágenes que representan cuatro direcciones del espacio, que se supone que no es esférico sino cúbico, según sus palabras». «Esa investigación», explicaba la artista, «llevada a cabo durante su estancia en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), entre los años 1978-1982 del pasado siglo, también le llevó a considerar a partir de las representaciones elaboradas que el universo no es homogéneo, ni isótropo ni regular». «Compartíamos techo, ideas, opiniones, vida, y de esa comunicación surge en mí», reconoció la artista, «la necesidad de representar mi propio universo basado en el que él desarrollaba».
Las obras de Soledad Sevilla, habitualmente extrañamente inquietantes y en apariencia muy sencillas, propician que el espectador sin prisas pueda adentrarse por territorios, apenas insinuados, de depurada belleza y notable fuerza. Interrogantes artísticos, laberintos para los sentidos, caminos de ida y vuelta en busca de un mayor conocimiento y de una mirada más lúcida sobre las cosas y los cuerpos vivos. Obras sin desmesura ni artificio, poéticas, en ocasiones como rescatadas del fondo del mar. Obras sin palabras pero que te hablan: piezas cuyas suavidades pueden servirte de trampolín mental para viajar muy lejos: a las sombras, a mares vegetales, al origen, al otro lado del espejo, a los jardines colgantes de Babilonia, al interior siempre falto de exploración de uno mismo.
Soledad Sevilla procura vivir en paz, pintar en silencio y no dejarse arrastrar por cantos de sirenas, pero se ve obligada a menudo a transitar por la realidad respirando un aire distinto al que habita en la atmósfera casi sagrada de su estudio. Cree Soledad Sevilla que es en estos momentos «de tanta confusión de valores, cuando hay que tener conciencia de que la creación es algo intrínsecamente necesario para el ser humano, y que irradia una influencia benéfica incontestable».
'Ritmos, tramas, variables' repasa cronológicamente la trayectoria de Soledad Sevilla, mostrando una selección de más de un centenar de obras en diferentes formatos —dibujos, pinturas, instalaciones— que abarca desde sus primeros pasos en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid hasta sus producciones actuales, algunas específicamente realizadas para esta exposición.
Sevilla estuvo ligada desde sus inicios «al heterogéneo grupo de artistas españoles adscritos a los presupuestos estéticos de la abstracción geométrica, del que formaban parte, entre otros, Eusebio Sempere, Yturralde o Elena Asins, con los que ha mantenido una profunda afinidad toda su vida», indica Isabel Tejeda, quien también es la comisaria de la exposición de Alfonso Albacete 'La pintura inevitable', que hasta el 1 de diciembre acogerá en Murcia el Centro Cultural Las Claras de la Fundación Cajamurcia.
«A partir de la década de 1990», precisa Tejeda, la creadora valenciana «empieza a utilizar el óleo para seguir pintando obras de gran formato, una de las señas de identidad de su producción, con las que involucra al espectador provocándole, en palabras de la propia artista, 'sacudidas' emocionales».
Y fue a principios de la década de 2000 cuando realizó su serie 'Insomnios' (2002-2003), «cuadros que semejan grandes muros vegetales que se mecen con el fresco aire nocturno, pintados en tonos blancos, negros, rojos y grises, colores que no utiliza con un sentido naturalista, sino metafísico, trascendente». Soledad Sevilla, «que ha padecido insomnio toda su vida», observa Tejeda, «afirma que paradójicamente por la noche se ve todo más claro». La contemplación de 'Insomnios' es un momento crucial en el disfrute de la exposición.
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