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PILAR MARTÍNEZ MAÑOGIL
MURCIA.
Miércoles, 6 de julio 2022, 00:34
Manolo García (Barcelona, 1955) es indiscutiblemente uno de los músicos más relevantes de la historia del rock de nuestro país. Es la banda sonora ... de varias generaciones que han encontrado en las letras de sus canciones, sus propias alegrías y tristezas. Las mismas emociones que saldrán a relucir este jueves (22 horas), en la Plaza de Toros de Murcia, en la presentación de sus últimos discos 'Mi vida en Marte' y 'Desatinos desplumados'.
–Sus dos últimos discos son muy especiales y algo distintos al resto por las circunstancias que los han rodeado. ¿Qué ha sacado de cada uno de ellos?
–Yo lo que siempre considero, al margen de las circunstancias, es que cuando te pones a grabar un disco, lo que sacas es música. Es intensidad de vida porque para la persona que tiene ese afán de creación es una necesidad vital. Es llenar los huecos que la vida te presenta. Cuando tienes una cierta edad tienes una energía y cuando eres joven tienes otra, una natural y desbordante. Pero luego la vida te va enseñando los caminos y algunos no son de tu agrado y, al final, la música es otro recurso. Para el músico componer y grabar discos es una forma de recuperar la alegría y la emoción.
–¿'Mi vida en Marte' tiene algún rastro de la pandemia?
–No, yo no he estado tan metido en esa situación aunque como todo el mundo he sufrido la angustia y desazón correspondientes porque ha sido algo inesperado y terrible para muchísimas familias, que han sufrido las pérdidas de sus seres queridos. Ha sido un terremoto en la vida de todo el mundo pero a mí lo que me ha servido es ese tiempo de estar retenidos en un espacio reducido sin tener la libertad de salir a la calle. Ese tiempo me ha dado canciones; una necesidad de vida que me faltaba por otro lado. Me ha solucionado una posibilidad de angustia que estaba ahí sobre nuestras cabezas y sigue ahí porque no paran de comunicarnos que hay nuevas cepas. 'Mi vida en Marte' se hizo prácticamente en ese tiempo pero no es un disco negativo, ni oscuro, ni con miedos, sino que busca un camino de esperanza. El mensaje es que todo esto pasará como pasa todo en la vida y habrá que retomar las riendas de todo; y de que es algo circunstancial y terrible pero que no se puede sucumbir al pavor. Es un disco hasta optimista y amoroso aunque no centrado en la temática del amor pero sí buscando ese amor a la vida. Es una constatación de que las circunstancias serán las que sean pero lo importante es amar la vida.
–¿Cómo surgió 'Desatinos desplumados'?
–Es un capricho. Una vez acabado el primero pensé que me apetecía reformular, ir en otra dirección y recuperar algo que siempre ha sido de mi agrado, que es darle más peso a las guitarras españolas y menos a las eléctricas. Es un disco hecho con bastante urgencia, en el sentido de que lo necesitaba. En ese momento me apetecía hacer 30 y tantas canciones y, de hecho, trabajé casi en 40. Hice una criba evidentemente. Todo surgió a última hora. Cuando estaba a punto de entregar el primero, me planteé escribir nuevos textos y se obró el milagro, porque cuando uno decide hacer una canción, no siempre surge. Hay muchas veces en las que no sale nada o lo que sale no tiene la chispa que tú esperas. En cambio, milagrosamente, esta segunda entrega sí que fue un logro inmediato, yo notaba cómo en horas iban apareciendo textos y canciones. Yo creo que, al final, eran tantas las ganas, que esa voluntad se hacía patente y se volvía canción. Así que ha sido una cosa muy curiosa este segundo disco.
–¿Por qué escogió esas canciones para reformularlas y no otras?
–Porque a veces en el cajón uno va guardando cosas y deshechos, que en el instante de tomar decisiones sobre lo que pones en el disco, se quedan fuera. Yo para intentar conseguir un cuadro que me guste, a lo mejor he pintado diez y hay dos que realmente me gustan y el resto los dejo ahí guardados a ver si el año que viene los miro y los vuelvo a analizar; con las canciones pasa igual. Yo soy bastante trabajador, así que voy haciendo y guardando. En el disco anterior quedaron algunas que en principio no pasaban la criba porque creía que había otras mejores y ahora al escucharlas de nuevo, he tenido sorpresas. 'No tienes ni un minuto que perder' es una canción que dejé ahí y ahora al escucharla me sorprendió gratamente, cambié la batería grabada hace cuatro años, volví a retocar un poco el texto, metí alguna guitarra nueva y ahí está. Y esa canción que tiene alma la dejé no tanto porque no me gustase sino porque no cabían tantas canciones, y como esa otras muchas, como 'Se va el barco a la laguna' o 'Laberinto de sueños'.
–Este año se ha visto obligado a retrasar su gira por motivos de salud, ¿qué tal el reencuentro con el público?
–El reencuentro siempre es bueno porque la gente tenía ganas y eso ya es un empujón maravilloso que te da alegría. Tu corazón se alegra. El posponer conciertos, cambiar fechas y hacer un parón es algo que evidentemente no ha sido de mi agrado porque siempre he sido una persona muy seria y yo nunca he fallado, quitando una vez que tuve una operación de apendicitis en medio de una gira. Quitando eso, en treinta y tantos años largos, yo no he fallado. Si te soy sincero, me dejó chafado, fue un palo y me dejó moralmente mal y mira que yo siempre tengo la moral alta pero me sentí impotente, que no podía hacer nada y que era algo ajeno a mí y no deseado. Y es una situación que le ha pasado a muchísima gente lamentablemente. El no ya llegar a un límite extremo de peligro, de posibilidad de entrar en riesgo serio pero sí malestar general. En un oficio como el mío quedarte afónico y ver que tus cuerdas vocales no responden es angustioso. Así que a la hora de retomarlo ha sido poquito a poco, viendo cómo tengo la voz y cómo estoy de fuerzas. Hace tres semanas empecé la gira, estoy cantando y me da una alegría enorme. A veces tengo poquito de carraspera y me molesta la cabeza pero estoy bien, voy tirando.
–¿Cómo se cuida la voz? ¿Sigue alguna rutina en especial?
–Usando la cabeza. Como todo el resto del cuerpo, las cuerdas vocales necesitan descanso, no puedes abusar. Quizás con 18, 20 o 25 años puedes abusar y exigirle más al cuerpo pero a partir de cierto momento, es necesario tener un descanso razonable. Lo demás es bastante sencillo. También está la lucha contra los aires acondicionados y el llevar siempre la chaqueta tejana por si llegas a un sitio y está demasiado fuerte. No alcohol, no humo, no tabaco; esas cosas razonables. Intentar siempre el descanso emocional y físico, esa es la mejor fórmula.
–¿Cuál es el ingrediente secreto para continuar después de tantos años en lo más alto?
–Ahí el público tiene la última palabra. Como artista, hay que tener como norte el oficio, el respeto por el público y la pasión por la música. A la que flaquees y decaigas un poco o mires en otras direcciones, ya no va a ser tan fácil que continúes en esa senda. Si con esa premisa, tú vas haciendo la tarea de llegar al público, lo tienes más fácil. Además, hay que hacer buenas canciones o, más que buenas, que calen en el público y en ti. Normalmente al componerlas, ha habido algo que te ha subyugado, captado o emocionado y eso, a lo mejor, coincide con la emoción del público. A todo eso, hay que sumarle el respeto que vas a tenerles cada noche que salgas a un escenario y ellos han de notarlo y palparlo. Quizá ahí está el secreto de cómo pervivir un poco en la emoción general y en el devenir también.
–¿Sigue sintiendo las canciones de antes tan suyas como ahora? ¿Ve a otro Manolo García en ellas?
–Supongo que la esencia no se pierde pero sí los contornos de la persona son otros. Nadie es el que fue. Un mes después de conocer a alguien ya no es el mismo al que conociste. La vida nos va dando un barniz constante, nos va remodelando. No podemos estar quietos porque no somos una figura de bronce, que es como es con sus brillos y sombras. No, los brillos y las sombras van cambiando porque estamos en movimiento. Entonces, hay muchas canciones antiguas que las canto con cariño y con una dulzura tierna pero ya no soy ese. Yo soy más el de las canciones últimas Pero me pasa a mí, y a Rosalía, C. Tangana, Mike Jagger... Todo el mundo es lo que está haciendo ahora. Las canciones las toco con cariño y el público quiere oírlas porque siempre hay un punto de añoranza. La gente quiere volver a tener 25 años y al oír esas canciones vuelven a tenerlos durante un poquito. Así que, si me piden ese pequeño deseo, yo lo concedo encantado. Nunca soy de los que piensan «qué pesadez tener que tocar esa canción otra vez». Para nada. Entiendo que mi misión es hacerles felices porque me he propuesto que pasen una noche agradable y mi obligación es tocar canciones antiguas. Es verdad que ya no soy ese pero emocionarme me emocionan aunque de forma diferente.
–¿Está componiendo algo nuevo aunque se encuentre de gira?
–Ahora mismo estoy con toda la energía puesta en la gira y el poco tiempo que me queda entre viajes, ensayos y conciertos, estoy pintando un poco porque tengo una exposición en Madrid a finales de noviembre y, como siempre, 'a corre prisa'. Siempre estoy retomando cosas que tenía preparadas y empezando nuevas. Pero la energía musical ahora la tengo puesta en la gira. Además después de componer cerca de 40 canciones, me estoy tomando un descanso. Al final la energía es la que es y no da para más. Y está bien descansar de ciertas cosas para echarlas de menos y querer retomarlas.
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