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José María Álvarez, en una imagen de 2022. Martínez Bueso
Fallece a los 82 años José María Álvarez, el poeta cartagenero al que amó la vida

Fallece a los 82 años José María Álvarez, el poeta cartagenero al que amó la vida

Consagrado al placer y a la escritura, hombre radical, libre, viajero, cultísimo y apasionado, deja una obra poética monumental, reunida en 'Museo de cera'

Domingo, 7 de julio 2024, 20:52

Era radical, libre, viajero, cultísimo, apasionado y nada políticamente correcto. Y decía esto sonriendo: «En el sexo he sido siempre un hombre muy afortunado, lo siento por aquellos a quienes les fastidia mi buena suerte». Le gustaban la belleza y la provocación a José María Álvarez, poeta luminoso, un tipo amado u odiado, viajero eterno desde que nació en Cartagena, en 1942, y falleció, a última hora de la tarde de este domingo, también en su ciudad natal, donde permanecía ingresado en el Hospital Santa Lucía tras precipitarse al vacío su delicada salud. Su cuerpo será velado en el tanatorio Estavesa y su funeral será oficiado este martes.

Fue un hombre consagrado al placer y a la escritura, que convirtió siempre en un regalo: una fuente de vino excelente, una invitación a cabalgar libres sobre los sentidos y la sabiduría. Escribía oro envuelto en una gota de veneno. La alcaldesa cartagenera, Noelia Arroyo, indicó que «despedimos con gran tristeza a José María Álvarez, uno de los poetas españoles más traducidos, viajero inagotable, amante de la vida, personalidad inimitable y orgulloso embajador de Cartagena». Álvarez fue una de las personalidades distinguidas por el Ayuntamiento -que ha ofrecido a la familia la bandera cartagenera para que cubra el féretro, en señal de agradecimiento por su cariño a la ciudad-, el pasado mes de febrero como Embajador de Cartagena.

Autor de una extensa obra poética, que sus lectores de todo el mundo pueden encontrar reunida en su totalidad en 'Museo de cera' -dos volúmenes editados por Balduque, que dirige el también poeta José Alcaraz-, Álvarez fue homenajeado en su tierra, en 2002, en el marco del VI Festival Poético Deslinde.

El escritor y viajero José María Álvarez, en la biblioteca de su casa familiar en Cartagena. José María Rodríguez/ AGM

Del último poemario de Álvarez, también incluido en 'Museo de cera' (2022), '¡Non, je ne regrette rien', indicaba Abelardo Linares, editor de Renacimiento, que «no es sólo un nuevo libro de poemas del más juvenil, renovador y activo del celebrado grupo de poetas llamados Novísimos», sino también «un libro hermosísimo y radical, un libro de frontera: tras del que es difícil llegar más allá en la tensión del lenguaje, en la sonoridad restallante del verso -siempre blanco- y en la feroz afirmación de la libertad vital y creativa».

«Creo que con los años me he vuelto más apacible. ¿Mejor persona...? No. O puede que sí. Sin duda, menos agresivo»

Un poemario en el que cabe todo lo hermoso y también un rosario de desprecios. Habla en él de la película 'El río' (Jean Renoir, 1951) que, decía, «hay que contemplarla de vez en cuando... para ser mejor» porque «probablemente, lo mejor que podemos aprender está en 'El río'». Y también de Catulo, de cuya escritura afirmaba que «pocas veces se ha expresado con tal delicadeza ese momento asombroso, sagrado, de una mujer masturbándose». Y, por supuesto, Álvarez proclamaba: «Qué sería nuestra vida sin 'La isla del tesoro', sin haberla leído siendo niño».

También están presentes en 'Non, je ne regrette rien' sus obsesiones, como el cuadro 'La tempestad' de Giorgione, y su gratitud hacia Salvador Espriu, «y no solo por su poesía», sino porque, recordaba, «cuando yo tenía dudas, usted me aconsejó, me ayudó a fortificar mi pensamiento, y con su ejemplo a resistir la crueldad de los tiempos». Un libro espléndido del autor al que le hubiese gustado escribir, por ejemplo, «'Ada o el ardor', 'Cien años de soledad', 'El gatopardo' y 'Macbeth'... o 'Antonio y Cleopatra'».

Un poemario que es también un río que atraviesa impúdico su pensamiento y anhelos. Traducido a numerosos idiomas, al escritor cartagenero se le deben también celebradas traducciones en español de Kavafis, Robert Louis Stevenson, Shakespeare, Villon, Hölderlin y T. S. Eliot, entre otros.

«Creo que con los años me he vuelto más apacible. ¿Mejor persona...? No. O puede que sí. Sin duda, menos agresivo. Pero eso quizá es porque todo me importa menos. Muchas cosas que antes no toleraba ahora me traen sin cuidado», dijo en su última entrevista con LA VERDAD, realizada con motivo de su participación en el ambicioso proyecto Embajadores, en el que él brilló con una fuerza especial.

Noelia Arroyo: «Despedimos con gran tristeza a uno de los poetas españoles más traducidos, personalidad inimitable y orgulloso embajador de Cartagena»

Cuando se le preguntaba por el momento actual de nuestra sociedad, exclamaba: «¡Adelante con los faroles! Parece que le gusta el látigo. Poco puede uno hacer». Sobre la Cultura, opinaba: «Bastante tengo con que no se apague en mí». Y sobre los amigos, contaba: «He despedido a tantos que se llevó la muerte, y los indeseables ya no existen en mi memoria».

El poeta creía que «más o menos ya sé qué es el amor y que los arrebatos sexuales, y están bien todos, acompañan mucho». Y que la vida, «con frase que le tomo a Popper, no consiste en afirmar verdades, sino en corregir errores». Imposible entender a Álvarez sin la lectura ni los viajes: «Cada vez amo más leer», proclamaba, «y aunque no sea con la inocencia y el apasionamiento de la juventud, es mi alimento, como la música y la pintura». En cuanto a las ciudades, aquellas «donde he sido feliz han mudado a formas de vida que me repugnan. Pero sigo paseando por ellas viviendo en mi memoria como fueron, tratando de gozar lo que aún me guardan. Como Mutanabbi, les digo: 'Moradas que amé, vivís en mi corazón'».

José María Álvarez, con el escritor yeclano José Luis Castillo-Puche y el cartagenero Arturo Pérez-Reverte, en 1999. | Álvarez, en un retrato realizado por Enrique Martínez Bueso durante un posado para LA VERDAD. A. Gil | Martínez Bueso
Imagen secundaria 1 - José María Álvarez, con el escritor yeclano José Luis Castillo-Puche y el cartagenero Arturo Pérez-Reverte, en 1999. | Álvarez, en un retrato realizado por Enrique Martínez Bueso durante un posado para LA VERDAD.
Imagen secundaria 2 - José María Álvarez, con el escritor yeclano José Luis Castillo-Puche y el cartagenero Arturo Pérez-Reverte, en 1999. | Álvarez, en un retrato realizado por Enrique Martínez Bueso durante un posado para LA VERDAD.

Álvarez hablaba a sus lectores y al infinito. «Sí», afirmaba, «la vida que habíamos convertido en digna, todo parece desvanecerse, la civilización arrojada a un estercolero... Pero eso no hace que ame menos la vida. Y estoy en paz conmigo. Contemplo el crepúsculo. Venus asciende lentamente. y dentro de poco la Luna convertirá la mar en plata. Sí, agradezco vivir».

Compartió buena parte de su vida con la mujer que más amó sin descanso: la fotógrafa Carmen Marí

«¿Queréis que os diga algo de lo poco que he aprendido?», proponía el poeta. Y dejaba claro: «No le busquéis tres pies al gato. La vida no tiene sentido. Es hija del azar. Pero impecable. Y es ese azar lo que decide desde nuestros sueños al mundo que vivimos, el amor y la desdicha, la salud y la muerte. Y siempre el puro azar. Lo que no puedes ni imaginar. La libertad es no ser un títere porque sí podemos elegir en ese caos». Y, sí, afirmaba también, están los límites, porque «aunque sepamos lo que es el Bien y el Mal, no podemos desentrañar el ruido y la furia de la Historia». Y, atención: «No es cuestión de inteligencia. Pensad en los griegos y su sabiduría; y sucedieron las guerras del Peloponeso. O en los gobernantes de Roma tantas veces. Nosotros mismos. Quienes vivieron antes de la guerra del 14, ¿no eran acaso gobernantes con mil veces más talento que los que hoy asolan las naciones? Y dieron lugar a esa espantosa carnicería».

Asaltar Maracaibo

De Álvarez, que convierte la lluvia en versos refrescantes, y el dolor en belleza, quedan para la Historia poemas gloriosos, como este que él seguía considerando como su más fiel autorretrato: «Navegar con los hombres / Sin Dios ni patria / Ni ley. / Haber sentido /La cubierta y el aire del mar / Como última tierra. / Asaltar Maracaibo / Reír ante la horca / Y sobre las cenizas / De todo un mundo / izar / La seda negra de los perdedores».

«Yo me paso el día releyendo, sobre todo a los clásicos», reconocía el autor, padre de dos hijos y uno de los 'Nueve novísimos poetas españoles' reseñados en su día por José María Castellet. También novelista de literatura erótica y ensayista, compartió buena parte de su vida con la mujer que más amó sin descanso: la fotógrafa Carmen Marí. La alcaldesa Noelia Arroyo ha informado también de que el Ayuntamiento preparará un homenaje al poeta para recordar su obra y personalidad. Inigualables.

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