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Desde el entierro en octubre de la única hermana que tenía, Manuel Muñoz Hidalgo, dramaturgo y poeta nacido en Alcantarilla al acabar la guerra ... civil y miembro de la Real Academia de las Artes Escénicas de España, no ha vuelto «a mi tierra, ¡por Dios!». En otras ocasiones vino a la Región de Murcia por reconocimientos [es desde 2008 Hijo Predilecto de Alcantarilla, donde una avenida lleva su nombre], y esta última por hecho luctuoso. La edad no perdona, sabe este hombre de mundo que ha hecho del frenesí de Madrid su paisaje cotidiano. «Sigo sin tirar la toalla», deja claro al comienzo de esta conversación, en la que hará saber que en otoño ofrecerá una conferencia en el Real Casino de Murcia sobre el amor en la poesía española, un recorrido desde tiempos árabes a la actualidad. «Fue venir al mundo –descubre con desparpajo a LA VERDAD–, y la comadrona, según contaba mi madre, salió al balcón diciendo: «¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey! Y mi madre decía: 'Por favor, Doña Teresa, que nos encierran o nos fusilan'».
–¿Quién era su madre?
–Mi madre se llamaba María del Amor Hermoso Hidalgo Yelo. Su tío bisabuelo era el dueño del Teatro Guerrero de Abarán, por eso yo desde muy pequeño oía zarzuelas por mi abuela y mi madre. Mi madre era de Abarán, y mi padre, Manuel Muñoz Irles, de Orihuela. Me tienen en Alcantarilla, y yo me crié en Alcantarilla y en Orihuela. Me cantaban zarzuelas, me llevaban al Romea, y a ver autos sacramentales. Me gustaba el teatro, es que a mí me nacía. Me subía a los bancos de la industria de ebanistería que tenía mi padre y con mis amigos, mis vecinos, mis compañeros de clase... yo les hacía teatro. Representaba cuentos encima de los bancos, que era mi escenario.
–¿Por qué da por hecho que «la verdad no se puede decir»?
–Porque ya casi no podemos hablar nada, ¿y a esto le llaman democracia? Yo no soporto la falta de libertad en el atropello de los sueños, por eso escribo. La vida es demasiado corta, y es tan arriesgado decir la verdad... A mí siempre me ha preocupado la sociedad, y mi única forma de expresar mi entorno ha sido a través de los personajes de teatro. Decía Oscar Wilde que el disimulo y la paciencia son las normas para sobrevivir. ¿Qué es la hipocresía? ¡Careta contra careta! Ir contra las normas es hoy favorecer el progreso y la tolerancia, y el conocimiento. He llegado a la conclusión, lamentablemente, de que la educación oficial deforma y elimina la personalidad. Es decir, que la falta de respeto anula toda formación de libertad.
–De su vocación, su afición y su necesidad de teatro, ¿qué diría?
–Pues que el teatro actual se enfrenta con un problema, que es la confusión. Porque no todo es teatro. Y con la falta de emoción en los textos de autor. Y en las puestas en escena. Hay muy poca atención a autores de altura. Y a los auténticos autores, porque ahora escribe todo el mundo... La vocación artística, como yo lo siento, debe sujetarse a tres patas: la emoción, la pasión y la inteligencia. Si el espectador no percibe eso, se aburre y no irá al teatro.
–Ha vivido muchos años, y ya se ha hecho una idea de lo que es el ser humano, y así lo ha reflejado en su trayectoria. ¿Qué conclusión saca llegado a este punto?
–Me sigue sorprendiendo cómo somos. Cada persona es un mundo, igual que cada poeta es una definición de poesía. El ser humano atraviesa muchas etapas (niñez, pubertad, adolescencia, juventud, madurez, vejez), y siempre sorprende. Tenemos solo la felicidad que damos, y aquel que no es capaz de comunicar, acercar, atender, escuchar... no es persona.
–¿Cómo ha conseguido que nada ni nadie robe sus ilusiones?
–He procurado pensar en cosas positivas, porque mientras sueñas estás viviendo. Lo malo es cuando acaba el sueño; sientes dolor y tristeza, bajas a la realidad. No es soñar por soñar, sino tener los pies en el suelo. De lo contrario no sería un sueño sino locura.
–Escribió 'Francisco Salzillo. La pasión y la gloria' (Ediciones Irreverentes, 2020), una obra dramática que aún está pendiente de ser presentada en Murcia.
–No se pudo presentar en la Iglesia de Jesús, que estaba programada para el 25 de marzo de 2020 [dos semanas después de la declaración del estado de alarma por la pandemia de Covid-19]. ¡Me quedé con el billete comprado! Imagina lo que es presentar la vida y obra de uno de los escultores-imagineros más importantes del Barroco en España, que consiguió sus mejores logros especialmente en las imágenes religiosas, y dio nuevos cauces al arte sacro en Europa. Y además un hombre identificado con su tierra, de la que nunca salió. Es el personaje más destacado de la cultura murciana de su época y supo mostrar la estética de lo divino y lo humano, a través de sentimientos que definen su vida y su obra: la pasión, capaz de dominar la voluntad con la vehemencia, y la gloria, el triunfo de la tenacidad, el esfuerzo y la reflexión más disciplinada. Era una asignatura pendiente para mí escribir este libro. Porque yo era pequeño e iba de la mano de mi padre y de mi madre en la iglesia de Santiago de Orihuela, y cuando vi aquella imagen del Sagrado Corazón le pregunté a mi padre si él era San José, y a mi madre si era la Virgen. En mi vida influyó mucho mi tío abuelo Carlos, con el que me eduqué. Me dijo algo antes de morir: no importa lo que seas, pero quiero que seas alguien.
–Usted nace en 1939, en una España fantasmal y malherida, y hoy vemos Ucrania, Europa, el mundo... de nuevo envuelto en el torbellino del odio y la crueldad de la guerra. Parece que no salimos de ahí, del amor al peor espanto no hay casi diferencia...
–Lo que pasa es que como el ser humano es cada vez más inculto... por las condiciones, y por los que le gobiernan. Yo no he conocido un estado de calamidad tan alarmante. Por la corrupción, las mafias... Los discursos de odio tienen difusión, desgraciadamente, y la irracionalidad rompe el conocimiento. Frente a eso, la única protección es la cultura. No la cultura oficial, que tiende a favorecer los negocios multinacionales, pero sí la cultura que se hace como la creatividad, la poesía, el teatro, la escultura, la pintura, la composición musical... La ambición y el todo vale imperan en estos momentos, es una época incómoda y peligrosa de retroceso. ¿Cómo no va a haber crispación? ¿Esto es democracia? Estoy confundido, yo ya no entiendo nada. La mayoría, yo no, es masoquista.
–¿Le gustaría que otras voces, como la suya, contasen más?
–Aquí no tenemos un Avellaneda, una Carmen Conde, un Calderón de la Barca, un Valle-Inclán, un Lorca, y etcétera, etcétera. Una cosa es la cultura oficial, la de los políticos, y otra es la cultura que se hace, que es la verdadera cultura, a mi entender.
–El mercado busca la novedad.
–Todo, lamentablemente, es así. Nadie se acuerda de que las personas mayores no entendemos internet, por ejemplo, y que tenemos que acudir a los técnicos.
–Muchas de sus obras han sido traducidas al búlgaro gracias a la traductora Tamara Tákova.
–Sí, por ejemplo, 'Bien de almas. Amor prohibido', que estuvo diez temporadas en los Teatros Estatales de Sofía y Silistra (Bulgaria), con dos montajes diferentes del director Stefan Staychev, publicada luego en Fundamentos. La traductora de mis libros de teatro y poesía es la hispanista Tamara Tákova, desde 1983 profesora adjunta de la Facultad de Filologías Clásicas y Modernas de la Universidad de Sofía. Desde 1979, cuando fui invitado al I Congreso Internacional de Niños de la ONU, he viajado mucho a Sofía. El rey Simeón de Bulgaria asistió al reestreno de 'Bien de almas. Amor prohibido', y el Consejo de Estado Búlgaro me condecoró en 1982 con la Orden Primer Grado Cirilo y Metodio.
–¿Dónde halla refugio?
–En la escritura, porque ahí no me molesta nadie. Tengo una decena de libros de poesía inéditos, sigo escribiendo a mano, como una especie de hábito diario. La escritura es un bálsamo para la vida, y me queda la satisfacción de que a través de los montajes infantiles, como he hecho tantas veces a través del verso o la prosa, intento transmitir ilusión, fomentar la solidaridad y la convivencia.
–¿Qué detesta?
–Las promesas incumplidas. La gente que promete y no cumple.
–¿Quiénes le escucharon?
–He aprendido mucho y me escucharon gente como Nicolás Guillén, Camilo José Cela y Vicente Aleixandre (ambos Nobel de Literatura), William Meredith (Pulitzer), José López Rubio, Gabriel Celaya, Jaime Salom, Juan García Larrondo... Luis Rosales me contó, llorando, en su casa, tomando café, toda la historia de la detención de García Lorca. Ahora publica poesía todo el mundo, publicar se ha convertido en una costumbre generalizada para engordar el ego de la vanidad y adornar los engalanados currículos.
–¿Qué postura adopta a estas alturas para no tirar la toalla?
–Llega un momento en que te deprimes y necesitas ayuda. Pero, al menos, el ánimo no lo pierdo, pues he vivido como un anacoreta toda mi vida, andando por libre, al margen del mundillo del teatro. Para escribir necesitas la soledad y el silencio, y nada más. Si te encuentras en circunstancias adversas, escribe, es mi consejo. ¡Escribe, escribe! Sin hacer caso a lo que puedan decir. Cuanto más valgas más van a ir a por ti. Dijo Aristóteles que saber es acordarse, y yo no he perdido aún la cabeza. Tengo proyectos, pero en las librerías no hay ya documentación, ¿cómo es posible?
–Después de decenas de piezas teatrales estrenadas, ¿qué será lo próximo que le publicarán?
–'La palabra y el muro', sobre Quevedo, con palabras introductorias de José Antonio Molina Gómez. Este teatro poético es mi terapia.
–¿Le gustaría que su legado estuviese ya a disposición del pueblo? ¿Por qué aún no se ha cumplido el compromiso anunciado por el Ayuntamiento de Alcantarilla en 2010 de crear un museo?
–Hace 12 años cedí al Ayuntamiento de Alcantarilla, donde nací, todo lo que tengo. Correspondencia, libros dedicados, fotografías, manuscritos... y demás enseres de gran valor cultural, histórico, artístico y económico. Y no sé nada más, y esos silencios yo no los aguanto. No es cuestión de tener yo un museo [previsto en el Chalet de José María Precioso], y vanagloriarme. Tengo títulos de los que podría vanagloriarme y no lo digo. He conocido a personas importantes en esta vida, y los más grandes eran los más sencillos. Te hablo de Pepe Hierro, que prologó mi segundo libro de poemas, 'Ejes de vida'. José Ballester, que fue director de LA VERDAD, escribió el prólogo de mi primer poemario, 'Cosas de la tierra'. Mi padre era amigo de Miguel Hernández en Orihuela, por eso escribí su biografía, que no me lo perdonaron algunos. 'El tornillo' [recreación libre de la etapa carcelaria de Miguel Hernández, a modo de homenaje] fue tachada íntegramente por la censura. La mayoría de buenos escritores, pintores y músicos ha pasado un calvario con la sociedad. Porque han estado en contra, no de la sociedad, sino de leyes que les prohibían volar. Cada vida nuestra es una cometa, y tiene un hilo, y si la mano que la sujeta te lleva por buen camino, brilla, vuela, deslumbra...
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