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«El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona», según Friedrich Hölderlin, a quien no hay por qué hacerle caso. Julio ... Cortázar recordaba que «Thomas Mann dijo que las cosas andarían mejor si Marx hubiera leído a Hölderlin». André Gide hablaba de la posibilidad de hallar «un lugar de frescor exquisito, en el que el encanto de dormir era tan grande que hasta entonces parecía desconocido». No estaría nada mal, no. Gala Hernández (Murcia, 1993), cineasta, ha leído con pasión, y criterio, desde su infancia. Hija de la psicoanalista y escritora Lola López Mondéjar y del coordinador de Cultura del Ayuntamiento de Cartagena, e impulsor del ciclo Cartagena Piensa, Patricio Hernández, acaba de sumar otro galardón para su cortometraje documental 'La Mécanique des fluides': el premio 'Un impulso creativo 2023' del Festival de Cine de Autor de Barcelona, D'A Festival. Ya había conseguido cautivar a jurados de Stuttgarter, Burdeos, Valladolid, Berlín... En 'La Mécanique des fluides' se intenta «encontrar una respuesta a una nota suicida publicada en Reddit. El mensaje, escrito por un 'incel' autodenominado Anarquista Anatemático, se titulaba 'Estados Unidos es responsable de mi muerte'». La cineasta, que logra un trabajo que es un alarido, puro vértigo y experimentación, propone un viaje interior «por los resquicios de nuestras soledades conectadas».
–Primero fueron los libros.
–Gracias a mis padres, en casa había muchos y ya de pequeña me encantaba leer. La lectura fue una parte muy importante de mi infancia. El cine vino después de la lectura; mi padre es un cinéfilo empedernido. Y también el cine se quedó en mi vida.
–¿Qué niña fue?
–Una niña demasiado buena, todavía me queda parte de esa obsesión por ser la hija perfecta en todo. Estaba muy obsesionada con la perfección.
–Su vocación.
–Con doce o trece años, ya les dije a mis padres que yo iba a ser directora de cine, y además les pasé la página web de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña [Universidad de Barcelona]. Y allí empecé mi formación.
–¿Nunca se imaginó usted siendo actriz?
–No.
–¿Por qué?
–Si no me gusta posar para una fotografía, imagínese ponerme delante de una cámara de cine. Para mí es una tortura posar.
–¿Por timidez?
–No, no creo ser tímida, ni introvertida. A lo mejor tiene un poco que ver con esa obsesión por la perfección que le decía, por la búsqueda de lo ideal. Sé que mi imagen en una fotografía nunca será la que me gustaría ver. Y prefiero no tener que confrontarme con eso.
–¿Qué le interesa, además del cine?
–Siento pasión por el conocimiento, y me atrae mucho investigar: ¿qué consecuencias traerá el capitalismo digital?, ¿qué mundo estamos construyendo?, ¿cómo el desarrollo imparable de lo digital lo va a condicionar todo y va incluso a moldearnos?...
–¿Cree que nos encaminamos hacia un mundo mejor?
–No, no, hacia un mundo peor. Soy súper pesimista.
–¿Hasta qué punto lo es?
–Prefiero no tener hijos, no creo que sea una buena idea traer ahora hijos al mundo. También le digo que me gustaría equivocarme.
–¿Qué le incomoda?
–Sobre todo la desigualdad, me incomoda y me entristece; la económica y la social. Aquí en París, donde estoy ahora, los contrastes son tremendos. La brecha entre los que tienen más que de sobra y los que apenas tienen nada, o nada, es escandalosa. Y esa realidad va a peor: una élite está acumulando riqueza y poder mientras la población en general cada vez se aleja más de ella. Y una de las consecuencias de esta situación es la pérdida de confianza en el sistema y el incremento del miedo, dos cosas que están favoreciendo el resurgimiento de los populismos y de los extremos. La mezcla de falta de educación y de horizontes es explosiva. Y la ignorancia va ganando terreno.
–El reinado de lo digital.
–Tecnologías digitales, redes sociales, pantallas...; cada vez somos más dependientes de ellas, y eso lo está cambiando todo, también nuestra manera de sentir y de relacionarnos, e incluso el modo en que nos enamoramos. Parece que todo el sistema está montado para que no te puedes enamorar. En 'La Mécanique des fluides' hablo de la soledad, de esa soledad que no desaparece con el uso de las aplicaciones de citas, por ejemplo. He investigado sobre esas comunidades virtuales de los 'incel', todos esos hombres adictos a internet cuya identidad se define por la soledad y la misoginia. Me interesa mucho la realidad que produce el capitalismo computacional, los algoritmos de Tinder, de YouTube, la pertenencia a comunidades cerradas que nunca te exponen al disenso.
–Su madre.
–He aprendido muchísimo de ella, y de hecho compartimos bastantes temas que nos interesan. Siempre se preocupó de que pensase por mí misma y me animó a que mi curiosidad fuese infinita. Me ha enseñado a darle valor a la dimensión intelectual, a la reflexión crítica, a no tenerle temor a cuestionármelo todo y a no dejar de hacerme preguntas. Y a todo eso hay que sumarle el interés por la condición humana y por cómo funciona nuestra psique.
–Su padre.
–Le debo mi compromiso político con la izquierda, el tener claro que hay que participar de alguna manera en la lucha política, en combate contra las desigualdades y siempre en defensa de las minorías.
–Y cuando se trata de relajarse, ¿qué es lo que toca?
–Tomarme una copa de vino con mis amigas y mis amigos, reservar un poco de tiempo para ellos.
–¿Vino?
–También le debo a mis padres el aprecio que le tengo al vino tinto.
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