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«En ciertos aspectos estábamos atascados, en ciertos aspectos, tal vez varados, pero según lo planteaban, que nos dejaron abandonados y olvidados en órbita, no ... estábamos ni cerca de eso», dijo ayer Barry Wilmore, uno de los dos astronautas que permanecieron en la Estación Espacial Internacional durante nueve meses cuando su estancia en órbita no debía alargarse más de diez días. Wilmore y su compañera Sunita Williams comparecieron por primera vez tras su regreso a la Tierra hace dos semanas.
«Íbamos a volver, y creo que la gente tiene que saber que volvimos para compartir nuestra historia», insistió Williams. Tal insistencia obedece a la polémica generada tanto por Donald Trump como por Elon Musk. El presidente norteamericano aseguró que Joe Biden, su predecesor en el cargo, pensaba «dejarlos en el espacio» para evitar una «mala publicidad» durante las elecciones del pasado mes de noviembre. El magnate dueño de Space X, la empresa que casi monopoliza el acceso estadounidense al espacio, aseguró recientemente que ofreció el año pasado a Biden traer de regreso más rápido a Williams y Wilmore, pero que lo rechazó por «cuestiones políticas».
Despejada esta cuestión, incidieron en la causa que los mantuvo en el laboratorio espacial hasta 285 días, la Starliner. Construida por Boeing, debía ser una alternativa para las cápsulas Dragon de Musk. Ambas fueron una millonaria apuesta de Barack Obama para terminar con la dependencia que la primera potencia mundial tenía de Rusia para llegar al espacio una vez cancelado el costoso programa del transbordador espacial. Space X recibió un contrato de 2.600 millones de dólares, menos que los 4.200 millones otorgados al gigante aeronáutico. Mientras que la primera cumplió con su parte en 2020, la Starliner se convirtió en una calamidad que acumuló un retraso tras otro hasta que finalmente pudo despegar en junio del año pasado.
Una vez en la ISS, se detectaron unas fugas que obligaron a la Nasa a hacerla regresar sin tripulación. No quedaba otra alternativa que recurrir a Elon Musk. La solución fue dejar en tierra a dos de los cuatro astronautas que debían sustituir a los que se encontraban en la infraestructura para dejar sus asientos a Willams y Wilmore. Pero deberían aguardar allí arriba hasta que llegara la siguiente misión de relevo. De ahí la espera de nueve meses. Pese a la odisea vivida, aseguraron que la Starliner «es una gran nave espacial» y que «volarían de nuevo» en ella. «Sabíamos que volveríamos a casa cuando se hiciera la rotación de astronautas. Estamos muy agradecidos por el interés, pero solo estábamos haciendo nuestro trabajo«, afirmó Williams.
Sobre su estado de salud, «hemos estado bien desde nuestro regreso y nuestros entrenadores nos están ayudando en la rehabilitación; de hecho tengo que felicitarme porque ayer fui capaz de correr 3 millas -casi cinco kilómetros-», declaró la astronauta. Se les preguntó también qué es lo primero que hicieron al llegar a nuestro planeta. Ambos aseguraron que abrazar a las familias, a lo que Williams añadió que se comió un sandwich de queso. «Mi padre era vegetariano, así que cuando llegué a casa me comí un buen sándwich de queso a la plancha. Eso me recordaba a él».
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