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La tierra, en concreto alguno de los minerales que la componen, esconde una posible solución para conseguir la recuperación del Mar Menor y, de paso, mejorar la producción agrícola del entorno. La idea ha seducido al Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), encargada de financiar un proyecto para un nuevo fertilizante ecológico basado en este concepto «que puede cambiar el panorama del Campo de Cartagena». Así lo cree la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja) de Murcia, que se ha encargado de presentar este mes la innovación con la que se trata de conseguir el vertido cero de la agricultura y los proceso de riego en la cuenca del Mar Menor. Para ello pretende instaurar un modelo de fertilización alternativa basado en el uso de zeolitas naturales, unos minerales microporosos con una capacidad para hidratarse y deshidratarse que ha impulsado su uso como absorbente comercial. La industria de refinado de petróleo, por ejemplo, las emplea en sus procesos, como también son útiles en el control de la contaminación.
«Partimos de una solución basada en la nutrición de la planta y no en la genética, antibióticos o refuerzos químicos, que al final, siempre terminan resiliendo [sic] en el ser humano», explican los desarrolladores de un proyecto encabezado por un comité científico conformado por especialistas de distintas entidades. En él se encuentra el catedrático de Edafología y Química Agrícola de la Universidad de Murcia (UMU), y ex alcalde de Murcia, Miguel Ángel Cámara; el ingeniero agrónomo y director del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (Imida), Andrés Martínez; María del Carmen Montano, especialista del Instituto de Tecnología Química y Medioambiental de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM); la doctora Margarita Ros, del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (Cebas-CSIC), donde es especialista de Enzimología y Biorremediación de Suelos y Residuos Orgánicos, y el doctor en Ciencias del Suelo de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) Raúl Zornoza.
Los zeolitas y biosílices empleados en esta solución resultan «capaces de encapsular, inertizar y bioestimular sin dejar huella residual latente», de modo que abren la vía a «una nueva agricultura ecológica que se centra en la movilización de nutrientes del suelo, la estimulación de las células madre de los meristemos de la planta y el refuerzo en su vigor y defensas ante plagas y enfermedades». Sus creadores no sólo ofrecen de esta manera «una solución global a un problema fraccionado, determinante en la sociedad actual y complementaria a la problemática del Mar Menor». La mejora, aseguran, «alcanzará también a los frutos, ayudando a obtener mejores calibres, más homogeneidad, mejor textura, resistencia a la conservación, mejor paladar, y también mayor cantidad de producción».
El proyecto presentado ahora pretende demostrar su eficacia aplicando los tratamientos de fertilización que propone en tres tipos de cultivos diferente para reducir la presencia de nitrógeno. Este último ha sido profusamente utilizado para mejorar el crecimiento de las plantaciones en el Campo de Cartagena, lo que ha tenido importantes consecuencias medioambientales para el Mar Menor. En palabras del doctor en biología José Antonio Hernández Cortés, investigador científico del Cebas-CSIC, «el menor uso de fertilizante nitrogenado ayudará a una menor contaminación de los suelos y consecuentemente también lo evitará en los acuíferos. Es lo que se pretende con el uso como fertilizante alternativo de las zeolitas que propone la iniciativa financiada por el Miteco, a través de la Fundación Biodiversidad, durante 2024 y 2025.
El proyecto bebe directamente de una investigación previa de Félix Navarro Buitrago, recogida en un extenso informe (168 páginas) titulado 'Biohacking al Mar Menor y el Campo de Cartagena', editado el año pasado por Asaja y la compañía Aurelian Biotech, implicada también en el nuevo proyecto y cofundada por Navarro. «Una década de experiencia biogeológica han dado como resultado más de 120 minerales (principalmente aluminosilicatos microporosos [como el caso de las zeolitas]) con potencial biotecnológico en la agricultura, la ganadería y el agua, que permitirán», explica el emprendedor, «dar soluciones definitivas a problemas estructurales agropecuarios, como por ejemplo la contaminación producida por las macro granjas, y su afección a aguas y campos, la agricultura intensiva o la eutrofización de ríos y lagos».
Desde el ministerio coinciden en que «las zeolitas naturales y otros biosilices minerales son parte de la base de la solución para la recuperación del entorno productivo agrícola del Mar Menor», según apuntan en la información oficial sobre este proyecto, denominado Fertizel. Los ensayos, «para la reducción de nitróteno», se extenderán sobre una veintena de localizaciones repartidas en dos municipios dentro del Campo de Cartagena. «Del mismo modo», añade la fuente oficial, «se trabajará en tratamientos con zeolitas que permitan la sustitución de desaladoras y filtros por medios catalíticos naturales que favorezcan al mismo tiempo la deseutrofización de balsas de riego».
Las partículas de estos minerales diluidas en el agua producen lo que sus desarrolladores califican de «efecto rápido y sorprendente, capaces de eliminar las algas de agua de riego en 28 días, realizar una recuperación de un cultivo en 14 días, y adelantar la cosecha el limón [por ejemplo] un mes, acelerando el proceso natural y totalmente ecológico». Los cálculos realizados indican que el tratamiento de una hectárea del cultivo puede limitar su coste hasta quedar en menos de la cuarta parte de lo que supone ahora con medios convencionales.
Asaja se ha encargado este mes de realizar presentación nacional de este «proyecto demostración para cambiar el panorama del Campo de Cartagena y del Mar Menor, haciendo frente al desafío de la desnitrificación agrícola y las algas en balsas de riego mediante un nuevo aditivo tecnológico ecológico». Los artífices de los ensayos se muestran algo más modestos al apuntar que lo que pretenden es «mejorar sensiblemente la calidad del agua en el entorno del Mar Menor, mediante el uso de zeolitas naturales y otros biosilices«.
Por cierto, sobre la zeolita la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) acaba de acoger una tesis doctoral, presentada por Juan Carlos Beltrá, en el que se evidencia su papel, junto a la caliza y el compost, para reducir la toxicidad de los depósitos mineros y facilitar su cobertura vegetal. Este trabajo, explican desde la UPCT, « ha determinado la mejor combinación de enmiendas para rehabilitar depósitos mineros con elevados contenidos de metales y metaloides en la Sierra Minera de Cartagena-La Unión, reduciendo los riesgos potenciales para la salud y el medio ambiente junto con la valorización económica de las zonas». La zeolita, concluye el trabajo, contribuye a que el tomillo y el romero de estos terrenos queden libre de contaminantes y sirve para producir aceites esenciales.
La financiación del proyecto Fertizel se obtiene a través de la convocatoria de ayudas auspiciada por el Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor (MAP Mar Menor). Y sus desarrolladores presumen, en la información que recoge el portal de internet que el ministerio ha habilitado junto a Asaja Región de Murcia, que «la participación del conocimiento de agricultores y regantes, conjugada con la supervisión científica, otorga el rigor suficiente para que el proyecto piloto sirva de referencia regional y nacional para la descontaminación de suelos, enmiendas, movilización de nutrientes y defensas agroquímicas y orgánicas».
En último término, afirman, «esto abaratará costes al agricultor, respetando el medio ambiente y las prioridades europeas respecto a la nueva orientación del mercado 'De la granja a la mesa'», lanzada por la Unión Europea. «Descontaminar las tierras, y abandonar el uso de los agroquímicos, permitirá que el Campo de Cartagena lidere el cambio agronómico hacía el Pacto Verde Europeo, haciendo de la dificultad virtud», señala Navarro Buitrago con un convencimiento y unos avales técnicos que han concitado, de la mano de Asaja, el interés del ministerio y el apoyo, a través de su comité científico, de especialistas de la UMU, la UPCT, el Imida, el Cebas-CSIC y también de la UCLM
Básicamente, el proyecto Fertizel persigue la sustitución de fertilización y otros productos agroquímicos empleados como tratamiento de plagas en la agricultura por bioestimulantes inorgánicos de plantas y suelos a partir de zeolitas naturales o sintéticas (biosílices). De manera más concreta, lo que se pretende es la sustitución de nitrógeno y productos agroquímicos en la agricultura en un 80%. También busca la sustitución de desaladoras y filtros por medios biocatalíticos naturales en balsas de riego ablandado el agua. Otro de los propósitos es conseguir la deseutrofización de balsas de riego en un 100% de forma natural.
Y, más allá de los logros tangibles, la iniciativa persigue «lograr un consenso técnico entre agricultores y regantes», e igualmente un «lograr un consenso científico en los resultados de bioestimulación inorgánica».
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