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Al igual que un parque natural protege un espacio de gran interés biológico o paisajístico, existe un concepto equivalente para defender las singularidades agrícolas de un área de alto valor. De ese modo se lucha para que ni el crecimiento de los espacios urbanos ni un excesivo celo por la preservación medioambiental acabe con ellos. En Barcelona y Madrid, por ejemplo, ya existen extensiones de este tipo que conforman modelos para una iniciativa similar sobre la que ya se trabaja en el entorno del Mar Menor. Agrónomos y urbanitas se reunieron hace unas semanas en Cartagena para abundar en esta propuesta, bautizada como proyecto NewAgroMarMenor.
El planteamiento no se ciñe a la vuelta de antiguas técnicas agrarias de escasa productividad, sino que tiene un notable componente de avance y aprovechamiento del terreno. Se trata, según sus desarrolladores, de potenciar «prácticas agrarias innovadoras para contribuir a la mejora ambiental de la biodiversidad en el entorno del Mar Menor».
La iniciativa está financiada principalmente por la Fundación Biodiversidad, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que ha aportado más de 1,94 millones de euros, de los casi 2,16 millones en los que está presupuestado el proyecto.
Lo que se pretende es lograr en el área de actuación una reducción de la huella hídrica, de la huella carbono, de la contaminación por nitratos y del uso de fertilizantes inorgánicos y fitosanitarios; regenerar la estructura del suelo y aumentar su biodiversidad, la de su entomofauna, que es el grupo de animales invertebrados, y la del microbioma, compuesta por la comunidad de microorganismos presentes. «En Baix Llobregat, donde existe un parque agrario desde 1998, hemos conseguido preservar el suelo agrícola y evitar su desaparición» avaló durante el encuentro en Cartagena su responsable, Sonia Callau.
La fórmula, en la que las decisiones se toman de manera compartida entre autoridades y agricultores, abre la vía de nuevos canales de distribución para los productores, en referencia particularmente a la creación de mercados agrícolas locales de venta directa al consumidor, explica Callau.
La urbanista de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Ana Zazo, insiste por su parte en que para la instauración de un parque agrícola «se requiere un pacto para proteger el suelo, un plan de gestión y una gobernanza común».
De momento, la iniciativa ya se plasma en el desarrollo de ensayos de nuevas prácticas agrícolas en más de 4.000 hectáreas de parcelas comerciales de cultivos de hortalizas y cítricos de producción convencional, de acuerdo con el Ministerio.
Se trata de fincas de empresas adscritas a la Asociación de Productores de Frutas y Hortalizas de la Región de Murcia (Proexport), implicada en la iniciativa junto a la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT). Su papel es validar innovaciones tecnológicas que contribuyan a la mejora ambiental del entorno del Mar Menor.
La investigadora agrónoma María Carmen Martínez Ballesta, coordinadora del proyecto, afirma que ya se están logrando «ahorros de un 9% en el riego y una reducción muy relevante del lixiviado de nitratos aplicando carbón vegetal para retener agua y nutrientes», por ejemplo. Otras de las prácticas que se están experimentando incluyen el uso de riego inteligente (con monitoreo en tiempo real del estado hídrico del suelo y la planta), la plantación de leguminosas en el mismo terreno del cultivo principal «para reducir el aporte de nutrientes» y la instalación de setos entre las parcelas a modo de obstáculos para impedir que las escorrentías de agua lleven aportes de nitratos al Mar Menor.
La jornada sobre parques agrarios de la UPCT reunió en el Campus del Cuartel de Instrucción de Marinería (CMI) a estudiantes de las escuelas de Ingeniería Agronómica y de Arquitectura y Edificación junto a miembros de la oficina técnica del Mar Menor, personal de la Consejería de Agua, Agricultura, Ganadería y Pesca, técnicos del Ayuntamiento de Cartagena y productores agrícolas asociados a las organizaciones Proexport y Fecoam.
El objetivo, resumen los artífices de la propuesta de parque agrícola en el Campo de Cartagena, es «lograr unas directrices de conservación y promoción del paisaje productivo y tradicional en el entorno del Mar Menor, a través de una agricultura altamente productiva y tecnificada y respetuosa con el medio ambiente».
El proyecto NewAgroMarMenor contempla cinco acciones principales. La primera está formada por actuaciones para la reducción de la huella hídrica en 120 hectáreas a través de estrategias de fertirrigación sostenible. La segunda consiste en la aplicación de estrategias de fertilización sostenible y recuperación de suelos. La tercera se centra en la recuperación de agua y la reducción del residuo en cultivos hidropónicos mediante tecnología microondas. Otra más aborda la diversificación de sistemas de cultivo para aumentar la sostenibilidad agrícola a largo plazo, como un enfoque basado en la naturaleza. Y, por último, la quinta acción se refiere a la realización de un proyecto piloto de una red de trampas basadas en tecnología de inteligencia artificial para la monitorización y previsión del desarrollo de plagas. Su objetivo de reducir la aplicación de fitosanitarios en los cultivos.
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