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La catedrática de la UMU Celia Chain. NACHO GARCÍA / AGM
Celia Chain: «Quien pagaba para que le hicieran el mapa podía imponer sus condiciones»

Celia Chain: «Quien pagaba para que le hicieran el mapa podía imponer sus condiciones»

Catedrática de Información y Documentación en la UMU e investigadora principal del grupo 'Semiodoc'

Lunes, 28 de septiembre 2020, 22:07

La cartografía es una representación de nuestro planeta más o menos exacta, que ha tenido múltiples usos positivos a lo largo del tiempo, que nos ha permitido desplazarnos con más seguridad y poder identificar nuevos territorios. Pero es a la vez un poderoso instrumento para manipular y desinformar. Estos aspectos negativos deberían ser tenidos en cuenta en la formación de niños y jóvenes.

–¿Es cierto que los mapas del mundo que conocemos y que desde pequeños encontramos en los libros no se ajustan a la realidad?

–Sí, esto ocurre como consecuencia de que la perspectiva elegida para su representación achata o agranda algunos lugares, con lo cual la imagen no es la real. Por eso, si lo viéramos en una esfera, como ocurre en los globos terrestres, se parecería más a lo que realmente es la superficie del planeta.

«Gracias a los satélites y fotografías aéreas, se muestra un mapa muy parecido al real»

–¿A qué se debe esto?

–Se debe principalmente a que un mapa es una superficie plana, mientras que la Tierra, evidentemente, es esférica. Por ello, pasar una realidad que es curva a una superficie plana supone que se produzcan alteraciones en las formas en mayor o menor medida. El proceso de representar una superficie esférica en una plana se denomina proyección. Desde tiempos remotos se han usado diferentes proyecciones, que según la técnica empleada puede ser cónica, cilíndrica o acimutal. Es muy frecuente el uso de la cilíndrica, heredada de un cartógrafo llamado Gerard Mercator, que vivió en el siglo XVI. Por ejemplo, los continentes se 'estiran' hacia los polos y se achatan hacia el Ecuador. Así resulta que países como Noruega o Rusia parecen ser más grandes de lo que lo son realmente, mientras que África o Sudamérica parecen más pequeños. De hecho, Groenlandia se representa casi tan grande como África, cuando es mucho más pequeña.

–¿Siempre ha sido así?

–A lo largo de la Historia se han utilizado diferentes proyecciones, pero todas tenían su grado de divergencia con la forma terrestre real, debido a la necesidad de utilizar un dibujo con dos dimensiones para representar una superficie con tres. Otra característica, aparte de dibujar el territorio o los mares, es que se terminaron convirtiendo en instrumentos de poder y de prestigio, que los monarcas y gobernantes usaban para mostrar sus posesiones, pero también para despertar temor ante posibles ataques. Este nuevo uso introdujo en la cartografía un condicionante: quien pagaba para que le hicieran el mapa podía imponer sus condiciones, y muchas veces la delimitación territorial que en él aparecía no era acorde con la real. Muy vinculada con este tema se encuentra la visión global que ofrece cada mapa. En Europa existe la costumbre de situar este continente en el centro, mientras que en muchos países orientales es el continente asiático el que aparece más centrado y el océano Pacífico está en medio, en lugar del Atlántico. La primera es una visión eurocentrista, muy utilizada en el viejo mundo y en América. Y esto está tan identificado en nuestra mente, que cuando vemos un mapa con Asia a la izquierda, hay personas que dicen que está mal. No está ni mal ni bien, es otra forma de plasmar la superficie esférica de la Tierra. Otra característica aceptada en Occidente es que el Hemisferio Norte se representa en la parte superior del mapa y el sur abajo, cuando la Tierra es esférica y no hay una posición fija, ya que está siempre en movimiento sobre su propio eje. Son convencionalismos fuertemente arraigados. En la Edad Media un cartógrafo muy famoso, Al-Idrisi, comenzó a fijar lo que hoy conocemos como hemisferio sur arriba y el norte abajo. Esta idea se ha mantenido sobre todo en los países y pueblos que se ven afectados por este acuerdo secular.

–¿Qué papel han jugado las expediciones navales en la creación de esos mapas?

–Sin duda ha sido básico, especialmente en el desarrollo de la cartografía científica tal y como hoy la entendemos.

–¿Y a qué se debe que todavía hoy se mantengan esos desajustes?

–Estas diferencias seguirán mientras queramos dibujar el globo terrestre en una superficie plana. Lo que ocurre es que los científicos son muy conscientes de ello y suelen proponer cambios que mejoren estas divergencias.

Así, en el siglo pasado surgieron nuevas proyecciones como la de Gall-Peters, aunque la más usada actualmente es de Winkel-Tripel, que es la que desde 1998 usa la National Geographic Society. Esta proyección intenta minimizar todas las distorsiones provocadas por las proyecciones cilíndricas, y por eso es la que más se emplea en la actualidad. Pero todavía tiene pequeños errores.

–En su opinión, ¿algún día cambiará esa situación?

–Ya en el siglo XXI, con la llegada de la revolución tecnológica, se crean nuevos sistemas geográficos como Google Earth. Gracias a los satélites y fotografías aéreas, se muestra un mapa muy parecido al real, al cual tenemos acceso desde internet, incluso lo podemos ver en 3D. Sobre 3D, en 2014, se creó el mapa en tres dimensiones más preciso en la actualidad, el AW3D, que tiene actualizaciones periódicas.

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