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Trabajos de derribo de la discoteca Super Chuy's de Alcantarilla, en marzo del año 2016. Edu Botella
El desplome de los templos de la noche en la Región de Murcia

El desplome de los templos de la noche en la Región de Murcia

La generación nacida en los 70 y principios de los 80 mantuvo vivas las discotecas hasta la crisis de 2007 y la irrupción de nuevos hábitos y el tardeo

Domingo, 8 de octubre 2023, 07:28

Cada vez son menos y cada vez son más pequeñas. Las discotecas, entendidas como los grandes templos de la noche, están en decadencia. Lo del cubata en vaso de cristal, portero y sello a la entrada, tarimas, plataformas, luces de neón y bailes al ritmo de la música hasta altas horas de la madrugada es casi un recuerdo que conservan, esbozando una sonrisa, los discotequeros de la generación X (los nacidos entre 1970 y 1980). Fueron ellos, principalmente, quienes llevaron las discotecas a su apogeo, a una época dorada en las que reinaban sobre cualquier otro plan de ocio nocturno.

Las siguientes generaciones, los millennials y, sobre todo, la Z (de 1995 a 2010) han dado la espalda a este tipo de ocio de gran afluencia a establecimientos con aforos a partir de mil personas, abiertos hasta altas horas de la madrugada. Esta circunstancia se puede comprobar cada sábado por la noche acudiendo a alguna de las escasas discotecas que aún sobreviven y que, para evitar el cierre, han reducido sus dimensiones por no poder hacer frente a los importantes gastos que generan grandes espacios que ya no pueden llenar. Ahora, su supervivencia está en reinventarse y adaptarse a los nuevos hábitos, abrir por las tardes para aprovechar el tirón del tardeo; proponer ofertas gastronómicas dentro del recinto, y la organización de eventos -como conciertos y espectáculos- y fiestas puntuales en fechas señaladas. «El ocio ha cambiado», explica a LA VERDAD el presidente de Hostelor, Jesús Abellaneda, y los profesionales del sector optan por regentar locales pequeños que les permiten «subsistir» y donde «se originan menos conflictos».

Sala principal de una discoteca de la zona Atalayas de Murcia a finales de noviembre del año 2000. Juan Leal

Un estudio de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) de 2019, previo a la pandemia de la covid-19, señalaba que la actividad que más realizaban los jóvenes en su tiempo libre, en un 74,6%, era chatear o navegar por internet, frente a un 22,7% que se apuntaba a salir por la noche a discotecas para beber o bailar.

Otro estudio de la misma fundación ya avisaba, seis años antes, de este cambio de hábito. Exponía que solo el 38% de los jóvenes acudían con frecuencia a salas de fiestas o discotecas. Un descenso de un 30% en comparación con los datos de una década atrás, en 2006, cuando dos de cada tres declaraban ser clientes habituales de estos establecimientos.

Fue en esa época, en la crisis económica, cuando la tendencia comenzó a cambiar, tal y como recuerda Rafa García, un DJ que trabajó entre 1994 y 2019 en una treintena de salas de la Región, entre ellas, La Carroza y ¡Viva Murcia!, en Murcia; La Bastilla, en Lo Pagán, Super Chuy's en Alcantarilla y Maná, en San Javier, entre otras. «La primera bajada importante de afluencia de gente se produjo en 2007 durante la crisis económica. Hubo un parón considerable, es decir, de tener 1.500 personas cada fin de semana en la discoteca en la que pinchaba descendió a la mitad. La multitud que llenaba las salas con colas de gente esperando para entrar se esfumó. Luego hubo una leve recuperación en 2012 y ya, después, cayó totalmente como ahora se puede comprobar. Las que sobreviven lo hacen a malas penas y con celebraciones de eventos y fiestas organizadas», afirma.

Los cambios de hábitos en el empleo del tiempo de ocio fue objeto de un estudio del año pasado por la patronal de ocio nocturno, 'España de noche'. El documento analiza las costumbres de los jóvenes y concluye que el tardeo es la tendencia de consumo de ocio durante los fines de semana más habitual.

Las cifras

  • 22,7% de los jóvenes salen por la noche y van a discotecas

  • 2007 año en el que comenzó la caída de las salas

  • 52% de los locales abren para aprovechar el tardeo

  • 80% de los establecimientos han cerrado desde el año 2000

Y las discotecas se están adaptando a ello. Esto queda reflejado en sus horarios, ya que el 55,7% de las 700 discotecas que participaron en el trabajo señalaron que el público llega antes a sus sesiones, algo que obliga a que la mitad de los establecimientos abra por la tarde.

«A la gente joven le cuesta más llegar a altas horas de la madrugada, y si no hay grandes volúmenes de clientes, el concepto de megalocal nocturno es muy complicado», indica Jesús Jiménez, presidente de la patronal de la hostelería en la Región HoyTú . Por otro lado, explica que la copa de tarde es un fenómeno que se ha extendido. «Este tipo de clientes sale a comer, se toma una copa se recoge a las 22 horas; el cliente de la discoteca sale solo de noche», subraya. Otro golpe que se asestó a las grandes salas fue la modificación de horario para los bares. «Los pubs cierran a las 4 los fines de semana y las discotecas a las 7. Son tres horas más de ventas, algo que no es rentable», lamenta Jiménez.

La hora de cierre de los bares coincide con otra conclusión del estudio de la FAD de 2016, que indica que la mayoría de los jóvenes frecuentan bares y pubs y que su hora preferida para regresar a casa, entre los que tienen 16 y 29 años, es las tres de la mañana.

Jiménez apunta que este fenómeno ocurre en toda España. «En los últimos veinte años han cesado su actividad el 80% de las grandes discotecas y las que se mantienen se ubican sobre todo en zonas de costa. En la Región, están en San Javier, Mazarrón, Águilas y Cartagena, con una actividad de temporada, en verano, aprovechando el tirón del turismo», explica el presidente de la patronal.

Centenares de personas asisten a una fiesta organizada en la discoteca Trips de Cartagena en 2011. Fran Manzanera

Las reinas de la noche

La canción de Miguel Ríos '¡Qué noche la de aquel año!' fue el título del programa que el cantante presentó en 1987 en TVE y hacía un repaso de la historia del pop español, desde los años 70 hasta finales de los 80. Ese espacio musical fue coetáneo con el máximo esplendor que estaban viviendo las discotecas en todo el país, que aprovecharon, a finales de los 70, la demanda que habían generado las grandes salas de baile y salas de fiestas, con cena, copas, música y espectáculo en directo. Estos espacios tuvieron un gran éxito, pero el negocio se fue transformando en megadiscotecas, con una capacidad de aforo de más de mil personas.

Las discotecas que reinaban en Murcia a finales de los años 70 eran La Carroza, en Santiago y Zaraíche, y Barbus, en la pedanía de El Palmar, que quedó arrasada por un incendio en 1978. Otras dos discotecas que marcaron época en la década ochentera fueron La Mundo, en el Infante, y otra Barbus, pero en el barrio del Carmen.

En los últimos 20 años han cesado su actividad el 80% de los grandes locales; los que se mantienen se ubican en zonas de costa

En los años 90 su dominio nocturno fue desbancado por dos zonas de gran afluencia de público. Por un lado, el Cruce del Raal, con una aglomeración de pubs y discotecas. Y, por otro lado, en el centro de Murcia, dos: Rosa Rosae, en Centrofama, y Bugatti, junto al Teatro Romea, fueron los referentes en los fines de semana de la capital. Entre tanto, la discoteca SuperChuy's en Alcantarilla se constituyó como un icono del baile, llenando su gran sala de miles de metros cuadrados con almas que llegaban de todos los puntos de la Región. En el año 2000 hubo un 'boom' discotequero en la capital con la aparición de varios templos de la noche en la zona de Atalayas, como ¡Viva Murcia!, Novo y El Palacio del Caribe, y en el Zig Zag, con salas como Universal. Una de las características de estas discotecas, recuerda el DJ Rafa García, es que en muchas de ellas había salas diferenciadas por estilos de música, para dar respuesta a los gustos de cada cliente. «Las discotecas de antes estaban divididas con espacios de música distinta. Los gustos musicales definían, en la mayoría de casos, a qué tribu urbana pertenecías y eso se veía también en el tipo de vestimenta. Ahora todo es multicultural, es más genérico, los estilos son más difusos».

Las grandes salas comenzaron su declive a partir de 2007 y en Murcia queda una decena de discotecas, la mayoría se ubican en la zona Atalayas, con un ambiente de música latina debido a que su clientela es mayoritariamente de origen suramericano.

Entrada a la discoteca Alma de Cartagena, el viernes. Pablo Sánchez / AGM

Caída por el fin de la mili

En Cartagena, las dos discotecas que marcaron una época fueron La Dama de Oro, en el Ensanche, y Olimpia, en Barrio Peral. Ambas dominaron la noche en los 80 y parte de los 90. Su decadencia coincidió con la marcha de los militares, tras la finalización del servicio militar obligatorio. Esto lo recuerda muy bien Alfonso Martínez, dueño de la segunda. «Ellos eran los que llenaban las salas, muy diferentes a las de ahora. Eran macrodiscotecas con diferentes ambientes y estancias. Nosotros llegamos a llenar muchas veces y juntar a 2.500 personas en el recinto», explica.

Con ellas también coincidieron Las Brujas, Acapulco, Yucatán y Belle Epoque. En La Manga destacó La Pantera Rosa, que dejaría paso a la que hoy marca el ritmo, Trips, en Cabo de Palos, que ha añadido un espacio gastronómico en el complejo. Actualmente, hay doce establecimientos con licencia de discoteca, de los que tres están cerrados. La particularidad de estos locales es su reducido espacio, muy lejos de las grandes discotecas de hace cuarenta años. En estos casos los hay de 300 y 400 metros cuadrados, la mayoría de ellos. Sus dueños optan por este tipo de licencia para poder cerrar más tarde. Entre ellas está Alma, el antiguo Goa The Club, en la Alameda de San Antón.

En Lorca, las discotecas Noelia, JM, Metrópolis, Bymonti y Amnesia fueron las salas de moda en los 80 y 90. Todas estaban en el centro de la ciudad y era también la época de las fiestas de la espuma en las discotecas de verano como La Molineta, en la pedanía de Almendricos. Algunas de estas salas de fiestas sobrevivieron hasta el inicio de la década del 2000, pero ahora solo funciona La Abadía, abierta desde hace más de dos décadas en el casco histórico. Las discotecas están ahora en el extrarradio, en el polígono industrial Los Peñones. Las salas Tropical, Élite y Pepes's tienen sobre todo público latino que acude a bailar. «A los lorquinos no les gusta ir de fiesta a un polígono», confirma el gerente de esta última, José Mula.

Con información de Inma Ruiz y Antonio López.

  1. «La normativa contra incendios ha avanzado a golpe de tragedia»

La normativa actual en materia de prevención de incendios en discotecas y salas de fiesta es muy estricta. Entre los aspectos que se deben cumplir están los elementos de protección pasiva, como vías de evacuación, salidas de emergencia y materiales ignífugos en cerramientos, paredes, techo y decoración. Luego están los elementos activos como extintores y rociadores de agua. «Si un local cumple con la normativa actual y pasa las inspecciones periódicas, no debe tener ningún problema para hacer frente a un incendio», considera Marcos Mateo, decano del Colegio de Ingenieros Industriales de la Región.

Para llegar a las actuales medidas básicas que recoge el Código Técnico de Edificación han tenido que producirse ciertos avances en las normas de protección. El primer hito ocurre en 1982, cuando se firma el primer Código de Protección contra Incendios (CPI) que incluía aspectos como disponer de un número de extintores dependiendo de aforo del local. «Fue la primera piedra para homogeneizar las normas de protección en esta materia, aunque era una especie de recetario que no entraba a inspeccionar el interior de los locales ni su actividad», recuerda Mateo.

La legislación se endureció con el CPI del año 1991, que ya tuvo en cuenta tragedias como la del incendio de la discoteca de Alcalá 20 en 1983, en el que murieron 83 personas, o la de la discoteca Flying de Zaragoza en 1990, que dejó 43 fallecidos. «En muchos casos, las normas han avanzado a golpe de tragedia», afirma el decano de los ingenieros industriales. Alcalá 20 era un local al que se accedía bajando unas escaleras. A raíz de este suceso, las discotecas que estaban ubicadas en un sótano comenzaron a cerrar. En Murcia, por ejemplo, tuvieron que bajar la persiana Capítulo y Weekend. La normativa que se aplica actualmente se estableció en 2006 con el Código Técnico de Edificación.

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