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La suerte de empresas culturales como el Suplemento Literario (1923-1926) de LA VERDAD es, con el tiempo, descubrir las inquietudes vitales de muchos de aquellos autores que habrían de orbitar alrededor de la Generación del 27, si no fueron protagonistas consumados. José Bergamín (Madrid, 1895-Fuenterrabía, Guipúzcoa, 1983) estaba a punto de cumplir los 30 cuando aparece en LA VERDAD la primera de sus publicaciones. ¿Qué estaba sucediendo entonces? En el burbujeo editorial, muchas novedades. Por ejemplo, Eugenio d'Ors acaba de publicar 'Diálogos de la pasión meditabunda', volumen al que Antonio Marichalar le dedica cinco páginas en la recién nacida 'Revista de Occidente' (1923).
Hay entonces un enconado movimiento en contra de la instalación de un monumento a Rubén Darío, «melancólico Capitán de la Gloria», en el parque del Retiro de Madrid, pues sus devotos prefieren la reedición en condiciones de sus obras. Nadie recuerda ya a Joaquín Báguena Lacárcel, murciano ilustre, hombre de «profundo saber y dilatada erudición», según Juan Guerrero Ruiz, cronista de la actualidad literaria y uno de los críticos más evolucionados del momento, que escribe en este diario el 2 de diciembre de 1923, hace ahora un siglo: «La 'Biblioteca de Índice' va a poner a la venta el presente mes dos nuevos volúmenes cuya aparición reviste verdadera importancia. El joven escritor José Bergamín hace su debut, en esta interesante colección, con un tomo de aforismos que lleva un bello título: 'El cohete y la estrella'; el otro volumen titulado 'Niños' está formado por selectos dibujos del joven pintor Benjamín Palencia, grata esperanza del arte español».
Guerrero Ruiz es contenido en sus referencias a Bergamín en este texto fechado en noviembre de 1923, nada comparable con los elogios que brinda a 'Hélices', de Guillermo de Torre, que penetra singularmente en el alma del crítico: «Que las hélices locas de hoy se rompan en su absurda carrera, y de su polvo surjan como leves vilanos, las nuevas poesías, trémulas y puras. Este es nuestro voto para tu obra futura, poeta». Es Juan Guerrero Ruiz quien da entrada en el Suplemento Literario de LA VERDAD a toda esta pléyade de firmas. Bergamín será uno de los más activos emisores de novedades a la Redacción.
En el número 1 del Suplemento Literario, publicado el 6 de enero de 1924 -previamente en 1923 el diario publica la Página Literaria, y tres ejemplares conocidos como A, B y C del Suplemento Literario-, encontramos 19 aforismos de 'El cohete y la estrella' de Bergamín, con un asterisco a modo de aclaración: «Del libro de este título próximo a publicarse en la 'Biblioteca de Índice'», tal y como nos había anticipado Guerrero Ruiz. Entre esos aforismos o pensamientos breves [la RAE los define como «máxima o sentencia que se propone como pauta en alguna ciencia o arte»], Bergamín da cuenta de su elevada cultura, de la profundidad de su pensamiento crítico y de su habilidad para meter el dedo en la llaga. «La vida es una aventura peligrosa -dice el americano- y acierta en la mitad; la vida es peligrosa, pero no es una aventura», objeta Bergamín.
Solo en esta selección de aforismos habla del hecho de escribir, de la melancolía, de las leyes, de la naturaleza y el espíritu y de la danza. «Mientras contemplo el cielo estrellado de la noche, mi mano guarda apretadamente un taquito de cartón quemado», exclama. Juan Manuel Bonet, en su 'Diccionario de las Vanguardias en España (1907-1936)', dice que los primeros libros de Bergamín, «deslumbrantes de ingenio aforístico y de ironía», son «de un estilo deudor del de Jules Renard, Jean Cocteau o el propio Ramón [Gómez de la Serna], pero enseguida muy personal, y que pronto contó con imitadores». 'El cohete y la estrella' (1923), recuerda Bonet, fue prologado por Juan Ramón Jiménez, «que le había rechazado un libro de versos, y que luego, cuando ya habían roto, incluyó el texto en 'Españoles de tres mundos'. «En la azulada noche alta, el niño que miraba a las estrellas ve surgir un cohete repentino, y su corazón se inunda de alegría inocente y pura», anota Bergamín. «El cohete es la caña que piensa con brillantez».
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Se pregunta Bergamín si cuando en su profunda mina interna descubre una vena aforística, «¿tendré que precaverme contra posibles explosiones de «grisú»?». El arte es una de sus preocupaciones: «Se creía que estaba haciendo crítica y estaba haciendo colección», dice contra los que hacen «colección de conocimientos, como si fueran sellos, y llaman cultura al coleccionismo». «El crítico-coleccionista», persiste, «no comprenderá la belleza de ninguna obra, sin haber comprobado antes la etiqueta que lleva; y si no la lleva, la desdeñará sin comprenderla, porque no sirve para su colección». ¿Alguna objeción?
En una carta abierta, 'El mal ejemplo de Azorín', que aparece el 16 de diciembre de 1923 debajo de otra carta de Juan Ramón Jiménez sobre el monumento a Rubén Darío, un grupo de escritores murcianos suscriben unas palabras de Bergamín que son una jabalina contra el orgullo del de Monóvar, cronista de 'ABC': «Con pena primero, con verdadera indignación después, hemos seguido la lastimosa trayectoria con que Azorín camina hacia su ocaso. Como no puede tolerarse en silencio que un escritor de su fama, utilice el prestigio que antes consiguió, para enaltecer lo deleznable y escarnecer «la aristocracia del arte mismo», nos adherimos públicamente a las certezas manifestaciones de su 'Carta abierta', conscientes de nuestros deberes intelectuales, que nos obligan a significar nuestra aversión total a los actuales derroteros de quien hasta hace poco, era tenido como maestro de las nuevas generaciones literarias».
Firman a favor de esta misiva pública en apoyo a Bergamín y en contra de Azorín autores locales como José Cánovas Albarracín, Andrés Cegarra Salcedo, Antonio Oliver Belmás, Andrés Sobejano, Antonio de Urbina y Melgarejo, José Ballester, Raimundo de los Reyes, Juan Guerrero Ruiz, Gabriel Guillén y Alberto Arranz.
España sería una estantigua, una procesión de fantasmas, durante y después de la guerra. El propio Bergamín, como tantos otros, se exiliará a la Nueva España, a México, donde empezará su «peregrinaje a los infiernos», no porque América lo fuera sino por los males que le traería ese tiempo lejos de España. Pero una década antes de todo eso, Bergamín no tiene pelos en la lengua y deja patente en LA VERDAD su verbo justiciero, opinando sobre la literatura y el periodismo. Dice en 'Criba', artículo publicado el 24 de febrero de 1924, que la literatura y el periodismo son «dos órdenes de actividad completamente distintos y aún contrarios».
Como demostración, enumera a escritores que han sido o son periodistas (Unamuno, Azorín, Ortega y Gasset, Eugenio d'Ors, Ramón Pérez de Ayala, Ramón Gómez de la Serna) y periodistas que «ni han sido ni son escritores», como Ramiro de Maeztu, Manuel Bueno, Grandmontagne, Gómez Carrillo, Araquistain y Corpus Barga. «Un escritor», dice a modo de corolario, «puede degenerar hasta convertirse en periodista, pero un periodista no se puede regenerar hasta convertirse en escritor».
El 11 de mayo de 1924 Bergamín llega a una interesante conclusión en las páginas de LA VERDAD: «No preguntéis ¿qué es el estilo? Preguntad, más bien, ¿qué es el hombre? Porque el hombre es su estilo -su acción, que es pasión viva; la realización de sí mismo-; su arte. 'Los poetas -decía Shelley- son los legisladores del mundo». Modelos como Paul Valéry, «el último poeta francés que ha cumplido, maravillosamente, los deberes de la más pura aristocracia».
De la biografía de José Bergamín muchos se quedan solo en el final, cuando regresa a España del exilio en los 70 y apoya a ETA. Pero Bergamín [hijo de Francisco Bergamín, ministro de Alfonso XIII] lo fue todo como prosista y poeta. Alberti, Gerardo Diego, Lorca, Aleixandre... compañeros del 27, le dedican poemas. Fundador de revistas ('Cruz y raya') y editoriales (Séneca, por ejemplo, editó 'Poeta en Nueva York' de García Lorca), escritor de obras de teatro y libretos para ballets, impulsor de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura, y después de la guerra vagabundo por «los infiernos americanos»: México, Caracas, Montevideo... y París. En LA VERDAD libra sus batallas. Dice en 1924 a propósito del Machado de 'Soledades' que es «exaltador de toda la baratería españolista», y sobre 'Nuevas canciones' le reprocha caer «en la más vulgar y chabacana ramplonería».
La primera cosecha. El tronco
de la higuera erguido y tenso.
Te has levantado pronto,
has mirado las habas. Si crecieran
como crecen las penas, has dicho.
El día ha transcurrido tranquilo
entre cestas y pájaros que acudían
al agua fresca del bebedero.
Silencio. Se hace de noche.
Has vuelto a mirar las habas
antes de acostarte.
Hay un temblor.
Sara Martínez Navarro
Sara Martínez Navarro (Cartagena, España, 1981). Filóloga clásica, poeta y traductora. Sus poemas, traducciones y ensayos han aparecido en diferentes revistas y antologías. Es fundadora y coeditora de la revista de poesía 'América Invertida'. Ganó el III Premio Esdrújula de Poesía con 'Feliz solo en las ruinas' (Esdrújula Ediciones, 2021). Otros poemarios suyos son 'América' (IV Premio de la Facultad de Poesía José Ángel Valente, Universidad de Almería, 2020) y 'Vocación' (Alastor Editores, 2023). Su último libro es 'Nueva -muchas veces-' (Esdrújula, 2023).
¿Me he tomado la pastilla? ¿Qué pasó anoche?
¿He hecho bien la compra? ¿He separado
las aguas de los cielos? ¿He soplado sobre
la arcilla modelada? ¿Cuántos años tienes ya?
¿Cómo se llama por teléfono?
¿Por qué no puedo encender el horno?
¿Cuántos días hace que no voy al baño?
¿Por qué duermo en un colchón impermeable?
¿Has sujetado al animal mientras sangraba?
¿Has encontrado a alguien justo sobre la Tierra,
a solo uno? ¿Has pintado de rojo el quicio
de las puertas? ¿Se ha juzgado a los reyes?
¿Por qué te enfadas cuando te pregunto?
¿Esta guerra es
todavía
la de mi infancia?
Cristina Morano Carretero
Cristina Morano Carretero (Madrid, 1967) es escritora y diseñadora gráfica, ciberactivista y feminista. Es miembro de la Coordinadora municipal de IU Murcia y responsable de Comunicación regional. Ganó el premio Alfonso X de Literatura 2022 por su novela 'Las novias' (InLimbo). Obtuvo el Premio Nacional de Poesía José Hierro del año 2000 por La insolencia'. Ese mismo año, con 'El pan y la leche', ganó el Premio Poesía Emma Egea. 'Cambio climático' y 'No volverás a hablar nuestra lengua' son otras de sus más celebradas obras.
Desde anoche no he dormido. No soy un hermano, no soy un perro. Pero me parezco a la sanguijuela
Porque mientras te vampirizo la muñeca, yo te curo, te curo
Y te hablo de héroes y de nuestra semejanza con ellos
En la ternura, y es extraño
Que Héctor llorara despidiendo a su hijo y esposa
Y nosotros ya no sabemos derramar una mísera lágrima
Porque el precipicio es horizontal y creemos
Ciegamente en el vanguardismo y en la teoría
Nostálgica de las representaciones.
Pero yo no soy una representación, soy un hombre, no dejo de
Serlo, porque te miro como mira una esquina: sorda y extensiva
En su incertidumbre.
Es ya pasada la noche y aún no he dormido.
Esto sí que es mendigar
Por una nana.
Inés Belmonte Amorós
Inés Belmonte Amorós (Murcia, 1993) es filóloga y profesora de lengua castellana y literatura en Secundaria. Ganó en 2019 el IV Premio de Poesía La Montaña Mágica por 'Herida blanca'. Quedó finalista del CreaMurcia en la categoría de literatura. Coordina el fanzine 'Solanera (DM!). Es autora de 'Mudanzas' (Eolas & Menoslobos/ Cadena Trófica, 2023). Escribe reseñas en LA VERDAD desde 2018, y Zenda (XL Semanal), además de colaboraciones puntuales en la revista digital 'Dare to be one of us, girl'.
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