Ixone Díaz Landaluce
Lunes, 25 de marzo 2019, 13:53
Sus coordenadas geográficas siempre se han encargado de escribir las páginas de su convulsa historia. Bajo las Azores, situadas a 1400 kilómetros de la Península Ibérica y a 2500 del continente americano, está la falla que separa las placas tectónicas de tres continentes. La misma que, a lo largo de los siglos, ha provocado las erupciones volcánicas y los terremotos que han marcado la vida de sus habitantes. Sin embargo, esa misma naturaleza volcánica y ese clima caprichoso, en el que el sol radiante y las tormentas pueden convivir en un mismo día y una sola isla, también hacen de las Azores las islas más exóticas de Europa.
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El inventario de sus maravillas naturales es inagotable. volcanes inactivos, pero majestuosos, como el de la isla del Pico; cráteres convertidos en enormes lagos; piscinas naturales de aguas termales; playas de arena negra y acantilados dramáticos; montañas escarpadas verdes tecnicolor en las que las vacas pastan plácidamente… Y todo eso con la inmensidad del océano (y su incesable tráfico de cetáceos) siempre de fondo.
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