Julio Algar no ha soportado la presión y en la mañana de este lunes decidió dar un paso atrás. Horas antes, tras el partido ... ante la Balona en el Municipal de la Línea de La Concepción, el madrileño ya dio alguna pista. No fue el mismo de siempre y no se quedó a hablar con los futbolistas ni con el resto de expedicionarios granas como hace siempre. Sin apenas mediar palabra, arrancó su coche y salió a toda prisa hacia Murcia. Algo dejaba entrever que no había sido una derrota más.
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Tras descansar del viaje de vuelta, marcó el número de Emilio García, su gran valedor en el Real Murcia y antiguo amigo de la época del Molinense, y le confesó que la situación era «insostenible». En esa misma conversación se ofreció para dejar la entidad de mutuo acuerdo. El directivo grana, vital en la parcela económica y determinante en la deportiva, lo puso en conocimiento del resto de sus compañeros en el Consejo (no tiene cargo oficial pero sí ejerce), que no se opusieron a la marcha del hasta ayer director deportivo.
Tras una pequeña negociación, Algar recogió sus cosas de las oficinas del Enrique Roca y se marchó del estadio grana cerca de las dos de la tarde. Eso sí, lo hizo con cara de pocos amigos, dolido por las críticas a su gestión y con frases que denotan que, pese a todo, no lo ha aceptado. «Que todo el mundo esté tranquilo, me voy y los problemas se acabarán», aseguró con sarcasmo antes de abandonar el que ha sido su lugar de trabajo durante dos años.
Pero al exdirector deportivo del Murcia no lo ha catapultado la presión mediática como él y sus defensores quieren pensar, ni tampoco la crítica de la grada. Lo han defenestrado los resultados y su mala gestión en materia de fichajes y planificación deportiva. La elección de un perfil de jugador equivocado para el Real Murcia, el fichaje de su propio hijo que no cayó bien entre los aficionados, no saber manejar su relación con Adrián Hernández, su escaso poder comunicativo tanto en público como en privado y vivir pendiente del exterior, de las críticas en la prensa y las redes, han sido sus pecados.
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Pero por encima de todo, no cumplir con las directrices marcadas por la propia directiva grana: «El objetivo de máximos para la temporada 2020-21 es el ascenso a Segunda; el objetivo de mínimos es alcanzar la Liga Pro», instrucción que recoge el Plan Director expuesto por el Real Murcia el pasado mes de septiembre para la campaña 2020-21.
A día de hoy, y después de que el Real Murcia acabara la primera fase de la competición en el sexto puesto de un subgrupo de diez equipos tras perder la opción de agarrar una plaza directa para la Primera RFEF, el conjunto grana ha arrancado la segunda fase con una nueva derrota que le aleja aún más del objetivo mínimo establecido por los que le ficharon.
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La marcha de Algar ya no arregla nada y solo servirá (un par de meses antes de acabar oficialmente su contrato) para calmar la ira de la afición mucianista por los malos resultados y para comenzar a construir el proyecto de la próxima temporada, otro año en el que el conjunto grana deberá aspirar al ascenso a la Primera RFEF.
Julio Algar había perdido fuerza entre los consejeros. Aparte de Emilio García, el madrileño ya no contaba con el apoyo pleno de otros directivos como Francisco Miró o Daniel Moreno, antes totalmente de su lado. Fichajes recientes como los de Mendes y Ton Ripoll han terminado de sepultarle, aunque lo peor ha sido los agujeros de una plantilla que carece de efectivos para cubrir el lateral izquierdo, a pesar de tener dos laterales derechos de similares condiciones como Adán Gurdiel y Molinero.
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Además, el escaso nivel de algunos futbolistas fichados por el madrileño, tanto el pasado verano como en invierno, y las salidas injustificadas de Pedrosa y Silvente, canteranos con experiencia en el primer equipo a sus espaldas, han acrecentado más los problemas de un equipo que ha demostrado escaso potencial.
No poder retener a futbolistas del pasado curso como Álvaro Rodríguez y Dorrio, a pesar de que procedían de Tercera, los problemas en la portería hasta la llegada de Champagne y la salida de Chumbi, entre otras circunstancias, demostraron la falta de experiencia de Julio Algar para un cargo tan exigente como el de director deportivo del Murcia, a pesar de la experiencia del madrileño como ojeador en las secretarías técnicas del Español y el Barcelona, entre otros clubes. Algar no ha disfrutado de su experiencia, ha sufrido con las críticas y ha vivido obsesionado con el entorno. Ha sido honesto y dedicado, pero no ha sabido acertar en un año tan vital en el que el Real Murcia se jugaba tanto.
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Julio Algar llegó al club grana en marzo de 2019 para reemplazar a Pedro Cordero, entonces director deportivo grana. Pero el madrileño, al final de aquella campaña, incluso se sentó en el banquillo para reemplazar a Javi Motos y terminar la temporada. En total, dirigió al equipo grana en nueve partidos, obteniendo tres victorias y dos empates. A la campaña siguiente Algar retomó su trabajo en la dirección deportiva para armar una plantilla que, dirigida por Adrián Hernández, terminó, en una temporada marcada por el coronavirus, demasiado lejos del 'playoff'.
La Federación de Peñas Murcianistas (Fepemur) emitió ayer un comunicado en el que se mostró preocupada «por la actual situación deportiva del Real Murcia» y en el que exigió a sus jugadores que «cada vez que salten al césped con la camiseta grana mueran por ella, igual que lo hacemos los aficionados cuando la vestimos». Los peñistas, al mismo tiempo, aseguran que «hay que luchar, unos en el césped, otros en los despachos y nosotros en la grada», afirma la agrupación que preside Maribel Cabezos.
El comunicado, que también alude a todos los estamentos de la entidad centenaria concluye que «ya habrá tiempo de analizar y pedir explicaciones por lo que está ocurriendo en una institución que para esta Región, esta ciudad y para miles de personas es mucho más que un simple club».
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