La semana pasada la Consejería de Medio Ambiente anunciaba que está elaborando un instrumento de política ambiental muy interesante para nuestra región y lo presentaba ... a los ayuntamientos. Se trata de un documento que, como todos los de este tipo, tiene un nombre muy largo: la 'Estrategia de la Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauración Ecológicas'.
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A pesar de su nombre tan rimbombante, y de que la cosa no deja de tener su enjundia técnica, el concepto que hay detrás de esta estrategia es relativamente comprensible: se trata de intentar que los sistemas naturales de un territorio estén interconectados y que ese entramado de elementos naturales y seminaturales esenciales para la biodiversidad y el equilibrio ecológico nos ayuden a que los sistemas humanos funcionen mejor, lo urbano se integre en alguna forma con lo natural, mejoremos la resiliencia de los territorios ante el cambio climático y hagamos más cercano el objetivo del desarrollo sostenible.
Ya los técnicos tienen claro que la protección de trozos aislados de naturaleza a través de los espacios naturales protegidos es una política necesaria pero insuficiente. La conservación de la naturaleza, con todos los beneficios que eso nos puede aportar, es imposible si en el conjunto del territorio los sistemas naturales no tienen también un papel protagonista y mucho menos si los espacios protegidos están fragmentados y desconectados. Islas de territorio protegido en un océano de plástico y hormigón, esa es la receta para el fracaso.
Desde hace unos años hay una estrategia de este tipo a nivel nacional, pero a las de las comunidades autónomas les cuesta tirar hacia delante. Galicia ya tiene su estrategia regional y algunas comunidades autónomas van avanzando, pero aún lentamente. Por eso es tan interesante que la Región de Murcia se incorpore ahora a esta necesaria línea de actuación. El cambio climático nos está enseñando que independizarse tanto del medio natural trae problemas, que segregar radicalmente el funcionamiento de los sistemas urbanos del funcionamiento de los ecosistemas no es una buena idea y que es más inteligente buscar en la conexión y en las soluciones basadas en la naturaleza alguna de las soluciones pendientes a problemas graves.
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Pero, además, otra cosa que se busca con esto de las infraestructuras verdes es generar beneficios directos a las personas, a su salud y su bienestar. Le han llamado la 'regla del 3-30-300', que viene a decir que hace falta que en las ciudades cada persona pueda ver al menos 3 árboles desde su casa, tener el 30% de cobertura vegetal en su barrio, y estar a 300 metros de una zona verde decente. No parece mal objetivo.
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