Posiblemente, la frase que mejor define a nuestro querido Rafa Nadal, ganador de 14 Roland Garros y un total de 22 Grand Slams a lo ... largo de su carrera, sea esta: «Cuando uno hace todo lo que puede no está obligado a más» (es la vida). Llega un momento en que reinventarse es la mejor opción, pensar nuevas formas de llegar a los demás ofreciendo, como siempre, lo mejor de nosotros mismos.
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Dichos pensamientos me llevan a escribir esta carta que lleva una intención clara: intentar poner en valor un club centenario muy querido por generaciones de cartageneros. Fui socio de él más de 40 años, llenos de bonitos recuerdos y grandes amigos. A mis 73 inviernos, sin tú quererlo, el deporte te abandona. Hace unos meses me di de baja con mucha pena y creo honestamente que podría volver a ser socio veterano o lo que mejor guste.
Por ello, me dirijo a su junta directiva. Soy de los que opinan que las bases de un buen club deportivo, su prioridades, deberían pasar por los siguientes puntos. En primer lugar, conseguir dar el mayor rendimiento posible a todas sus instalaciones (pistas, gimnasio, saunas, sala de juegos, cafetería, vestuarios, terrazas...).
En segundo lugar, intentar reinventarse para conseguir el mayor número de socios y que con sus cuotas mensuales se puedan cubrir todos los gastos fijos del club, así como los gastos de mantenimiento de sus instalaciones, y ya cubiertos dichos objetivos, intentar tener una cantidad de superávit anual para cubrir pequeños imprevistos.
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Dicho esto, propongo a dicha junta directiva lo siguiente: ¿les parecería interesante recuperar esos socios que por su edad (60, 70 u 80 años) se dieron de baja en los últimos 5 o 6 años? Les pondré mi propio ejemplo, trasladable a todos los demás socios que se dieron de baja por su edad. La gran mayoría de ellos tienen nietos, este que les escribe tiene cuatro, con edades ideales para practicar tenis (13, 12, 10 y 9 años).
Si conseguimos recuperar a los abuelos como socios nuevamente, conseguiríamos también que uno o dos de nuestros nietos empezaran a dar clases de tenis (sábados y domingos), pagando esas horas. Y dos objetivos cumplidos, recuperar a todos los que se dieron de baja por sus edades (con cuota reducida) y la posibilidad de incorporar como socio infantil a la cuota de cada abuelo. Estoy convencido de que cuando pisen nuestros nietos las pistas de tierra batida, les encantará jugar en ellas, como le ocurrió a su abuelo cuando era un chavalín.
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Les doy la enhorabuena a la junta directiva por dar la oportunidad a todos los cartageneros de poder entrar a dicho club y degustar los menús diarios de su cafetería, lo cual es recomendable.
Sería un buen gesto de ustedes tener un club solidario con la AECC de Cartagena. Creo que merece la pena, porque es por una bonita causa. Tenerlo presente para cuando se celebre algún campamento. Por último, termino como empecé, «cuando uno hace todo lo que puede, no está obligado a más».
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