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Fumigación de un bosque de la Región para combatir una plaga. CARM
Las plagas que se ciernen sobre el bosque
Nuestra Tierra

Las plagas que se ciernen sobre el bosque

Los luchadores de primera línea contra la proliferación de insectos dañinos en nuestros montes explican su incremento como consecuencia del cambio climático, coincidiendo paradójicamente con el desplome de la presencia de artrópodos en general

Martes, 4 de julio 2023, 16:46

A río revuelto, ganancia de pescadores. Distintas especies de insectos dañinos para nuestros bosques están aprovechando la ruptura del equilibrio natural, que se encargaban de mantener otros artrópodos ahora en agudo retroceso, para ocupar huecos hasta los que ahora no llegaban. Procesionarias, perforadores, galerucas y cochinillas varias, entre otros, están dando buena cuenta de los árboles con mayor fruición, favorecidas por las consecuencias del calentamiento global.

«Existe una relación directa entre la temperatura y las plagas forestales», resume el ingeniero forestal José Manuel Berenguer, en alusión al incremento que ya detecta en su «incidencia, distribución y severidad».

Berenguer es experto en plagas de Orthem, compañía que realiza tratamientos fitosanitarios contra la procesionaria del pino en montes públicos de la Región, por lo que está muy bregado en el combate contra la proliferación de los taxones nocivos que, paradójicamente, se produce al tiempo que las poblaciones de insectos en general se desploman en todo el mundo. Ambos procesos son dos caras de la misma moneda.

Imagen secundaria 1 - Las plagas que se ciernen sobre el bosque
Imagen secundaria 2 - Las plagas que se ciernen sobre el bosque

El especialista advierte cómo las «tendencias climatológicas y la influencia antrópica, evidencian una tendencia poblacional bastante preocupante» de los artrópodos (insectos, arácnidos, miriápodos, etc.), que algunos estudios ya cuantifican en una caída de las poblaciones de más del 40% en la última década.

Factores como la aplicación de insecticidas y productos fitosanitarios, la agricultura intensiva y el incremento de temperatura globalizada están detrás del fuerte declive. «Por el contrario -añade-, no ocurre lo mismo con insectos con implicaciones económicas y medioambientales, como perforadores o defoliadores».

Los insectos dañinos proliferan con la altas temperaturas y se extienden además a geografías a las que antes no llegaban por ser demasiado frías

El fenómeno se hace evidente en las superficies forestales donde, por aspectos climatológicos -como sequías continuadas o fuertes nevadas acompañadas de la rotura de la parte aérea de las masas forestales-, generan un caldo de cultivo idóneo para la proliferación de insectos como 'Tomicus sps'.

Estas circunstancias, precisa, «están llegando incluso a colapsar superficies arboladas de nuestra geografía».

«La pasada primavera ha sido la más cálida de la serie histórica», explica María Teresa Campo, especialista de la Unidad de Salud de los Bosques de la Dirección General de Medio Natural. «Esto quiere decir que la pérdida de agua por evapotranspiración ha sido mucho mayor, de modo que, aunque la lluvia fue la misma, tenemos mucha menos agua disponible para el árbol, a lo que se añade que la irregularidad de las precipitaciones es muy superior». Y como la lluvia tiene que estar repartida para ser aprovechable, «al final es como si nosotros solo pudiéramos beber agua una vez al día».

Un tratamiento distinto contra cada amenaza

'Thaumetopoea pityocampa'

Procesionaria

'Thaumetopoea pityocampa'

Desde Medio Natural tratan de combatirla a base de tratamientos aéreos con productos biológicos, a través de tratamientos terrestres con fitosanitarios y también mediante la instalación de cajas nido para aves insectívoras y cajas refugio para murciélagos, además de trampeo con feromonas.

'Tomicus destruens' y 'Orthotomicus erosus'

Perforadores

'Tomicus destruens' y 'Orthotomicus erosus'

Ante la detección de estas especies, se procede a la eliminación inmediata de los pinos afectados, hasta triturarlos. También se colocan trampas de captura masiva y árboles cebo; se eliminan los árboles debilitados como medida preventiva ante los perforadores.

'Xanthogaleruca luteola' y 'Scolytus'

Galeruca del Olmo y Grafiosis

'Xanthogaleruca luteola' y 'Scolytus'

Actuación inmediata sobre ramas u olmos secos afectados por grafiosis; tratamientos con productos biológicos para controlar la Galeruca; trampeo para escolítidos vectores de grafiosis y vigilancia exhaustiva para detectar cualquier síntoma de la enfermedad mortal.

'Glycaspis brimbecombey','Leucaspis pini', etcétera

Cochinillas y otros

'Glycaspis brimbecombey','Leucaspis pini', etcétera

Dependiendo de la especie que ataca el árbol, se tratará de una forma u otra. Si bien casi siempre implica actuaciones selvícolas de eliminación del daño -y también preventivas-, por parte de la Subdirección General de Política Forestal de la Región de Murcia.

«Estas cuestiones son las que están explicando la pérdida de pies de [especies de árboles como] 'Pinus pinaster' en territorios tan forestales como Sierra Espuña y la Sierra del Gigante. «Y por este mismo motivo van desapareciendo pies de 'Pinus Nigra' en las cotas altas de Moratalla».

Las especies forestales que no sucumben en estos procesos directamente a la sequía se debilitan y son más vulnerables a la acción de agentes patógenos, como los mortales barrenillos del pino; esto es, el 'Tomicus destruens' y el 'Orthotomicus erosus'».

«Estamos ante un escenario que está cambiando a gran velocidad y no sabemos cómo se va a resolver la alteración del equilibrio natural que existía», alerta la entomóloga María Dolores García, catedrática de Zoología de la Universidad de Murcia: «Las consecuencias, desde luego, pueden ser tremendamente graves».

El problema, precisa García, está en la velocidad a la que se están produciendo los cambios, que dificulta la adaptación a tiempo de los organismos, al tiempo que otros se aprovechan y proliferan en exceso.

Berenguer condensa la relación entre los cambios en el clima y la proliferación de las plagas en cuatro puntos que aluden al ciclo de vida de las plagas, a su dispensación y migraciones, a las interacciones ecológicas y al estrés en los árboles.

Aumento de poblaciones

Sobre el primer epígrafe, el ingeniero forestal destaca la influencia de la temperatura en los ciclos de vida de las plagas forestales como las que ocasionan insectos y patógenos. «Por ejemplo, las altas temperaturas pueden acortar el tiempo necesario para que los insectos completen sus etapas de desarrollo y se reproduzcan más rápidamente, lo que lleva a un aumento en su población y daño a los árboles hospederos».

En segundo lugar, las variaciones en la temperatura pueden afectar la capacidad de dispersión y migración de las plagas forestales. Con más calor se amplía el rango geográfico de algunas especies de plagas, «permitiéndoles expandirse a áreas que antes eran inhóspitas para ellas». De este modo colonizan nuevos bosques y atraviesan zonas geográficas.

«Las consecuencias pueden ser tremendamente graves», advierte la entomóloga María Dolores García, catedrática de la UMU

Los cambios en la temperatura también trastocan las relaciones entre las plagas y sus enemigos naturales, como depredadores y parásitos. «En algunos casos -avisa Berenguer-, las altas temperaturas pueden favorecer a las plagas, debilitando a sus enemigos naturales o reduciendo su eficacia en el control de las plagas». Tercer punto en favor de éstas, por tanto.

Y, en cuarto lugar, el especialista apunta al estrés de los árboles, en referencia a la debilidad -ya señalada por María Teresa Campo- que los calores excesivos les ocasionan.

«Las temperaturas extremas, como olas de calor o sequías, pueden debilitar los árboles, haciéndolos más susceptibles a las plagas y aumentando su vulnerabilidad», coincide Berenguer.

En este ámbito, los modelos y estudios científicos son fundamentales para comprender mejor estos procesos y predecir los posibles efectos del cambio climático en las plagas. «Se trata -explica- de una información crucial para desarrollar estrategias de manejo y conservación forestal que ayuden a mitigar los impactos de las plagas en los ecosistemas».

Más presión sobre los árboles

Las expectativas no son buenas. El ingeniero forestal José Manuel Berenguer apunta a una prolongación de las temporadas de actividad de las plagas, al tiempo que aceleran su desarrollo, favorecidas por el aumento de las temperaturas. El resultado pueden ser más generaciones en cada temporada y, por tanto, más presión sobre los árboles.

A la vez, esas poblaciones se irán expandiendo a los bosques de nuevas áreas geográficas, a medida que se vayan volviendo más cálidas. «Ahora, a causa del calentamiento global -coincide María Dolores García-, pueden acceder a áreas donde antes no estaban presentes y afectar a la vegetación que antes no había tenido contacto con ellos».

Además, se percibe una desincronización de los ciclos biológicos, de modo que las plagas pueden alcanzar sus condiciones óptimas en un momento en el que ahora los árboles no lo hayan conseguido, por lo que puedan verse todavía más dañados.

Los bosques no solo incrementan con estos avatares el número de ejemplares arbóreos más débiles, sino que también disponen de menos defensas por la menor disponibilidad de enemigos naturales de las plagas (depredadores y parásitos), también afectados por los cambios en los ciclos de temperaturas.

Ante este oscuro panorama que se cierne, con desigual incidencia sobre las distintas regiones y especies, concluye Berenguer: «El manejo integrado de plagas, la investigación científica y la implementación de estrategias de adaptación son fundamentales para abordar el desafío».

Desde prevención a cortas de policía contra las plagas

María Teresa Campo, de la Subdirección General de Política Forestal de la Región de Murcia, explica que la lucha contra las plagas en nuestros bosques contempla básicamente actuaciones selvícolas, como las denominadas «cortas de policía». Consisten básicamente en cortas de mejora no programadas que afectan únicamente al arbolado seco, enfermo, dañado, etcétera.

«Desde la Dirección General de Medio Natural se tiene el objetivo de mejorar el vigor de la masa remanente, de acuerdo al artículo 52 de la Ley de Montes, que dice que la protección de los montes contra los agentes nocivos debe de ser de carácter preferentemente preventivo», apunta, si bien en este punto también hay que tener en cuenta lo establecido en la Ley 43/2002 de 20 de noviembre, que pone algún condicionante a este planteamiento.

«En el caso de la aparición de cualquier otra plaga o enfermedad -añade-, aplicamos métodos de lucha integrada, que son diferentes para cada especie dañina»

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