CARMEN ORTÍN
Sábado, 5 de octubre 2013, 14:54
Nadie recuerda una tromba de granizo tan dañina como la que descargó ayer en la pedanía de Raspay. La tormenta se inició sobre las 16.45 horas y se prolongó durante media hora. Según los testigos, el tamaño del pedrisco llegó a ser como el de una mandarina pequeña, que al caer al suelo se partía en varios trozos. La fuerza con la que cayó la piedra causó importantes destrozos en numerosas ventanas y tejados. «Era un ruido aterrador», comentaba una vecina, a la que se le saltaban las lágrimas recordando «el miedo» que pasó.
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Los principales daños los ha soportado la agricultura, sobre todo los viñedos y olivos. Los más mayores del lugar afirman que no recordaban nada parecido a la tormenta de granizo de ayer «por el tamaño que registró la piedra y por el gran daño que ha causado». Algunos agricultores, entre sollozos, aseguraban que lo habían perdido casi todo. Los vehículos también sufrieron las consecuencias del pedrisco, con las lunas de los cristales y los faros rotos e importantes abolladuras en toda la carrocería.
El alcalde, Marcos Ortuño, se desplazó inmediatamente a Raspay para comprobar los daños que causó la tormenta. Ortuño dio las órdenes oportunas para que a primera hora de hoy una brigada del Ayuntamiento se desplace a la pedanía para proceder a las labores de limpieza, incluyendo la retirada de los arrastres, así como de las distintas tejas y cornisas de las viviendas que quedaron sobre la calle.
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