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Lo que más le gusta de su trabajo a José Antonio Moreno, un joven de 22 años de Las Torres de Cotillas con trastorno del espectro autista (TEA), del que hoy se celebra el Día Mundial, es saber que cada vez que digitaliza y archiva un expediente, el trabajo queda hecho: «No se deshace, por eso me gusta hacer esto, aunque sea un poco extenuante». Sabe bien por qué. «A la discapacidad psicomotriz que tengo, se suma otra de las comorbilidades del TEA, que es el TDH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad). Por eso, mi cerebro no segrega dopamina de forma normal, así que la idea de un trabajo bien hecho por sí misma no es satisfactoria para mí. Lo que me da satisfacción es ver los resultados de ese trabajo y saber que se quedan ahí».
El centro especial de empleo de iniciativa social donde trabaja, perteneciente a la empresa Feycsa y gestionado por las asociaciones Astrade, Assido y Astrapace, es uno de los 67 que funcionan en la Región de Murcia con el apoyo de la Comunidad y que dan trabajo actualmente a 2.564 personas con discapacidad. Para ello, el Servicio Regional de Empleo y Formación (SEF) ha destinado este año una partida de 14.139.000 euros para subvencionar entre el 40% y el 60% de los costes salariales de empleados con alguna limitación intelectual, física o sensorial, y a contratar al personal técnico que les atienda a través de sus Unidades de Apoyo para superar las barreras que puedan encontrar en su puesto de trabajo, según explican fuentes de la Consejería de Empresa, Empleo y Economía Social.
Desde que José Antonio se incorporó al centro ubicado en Molina, en junio pasado, ha destacado por su meticulosidad. Se encarga de digitalizar documentos sensibles y archivarlos para su custodia. Entre ellos, se encuentran las historias clínicas del hospital de Molina de Segura y de varias empresas. «Cuando nos solicitan un documento que no está digitalizado, acudo al archivo donde los tenemos numerados, lo escaneo y se lo enviamos», cuenta.
¿Lo que más le costó? «La etiqueta social». Es decir, los comportamientos esperados y que le cuesta interpretar: «Cosas como que aunque hayas terminado toda tu tarea, tienes que encontrar algo que hacer. Antes me ponía con el móvil y eso no se puede hacer. Me costó un poco aprenderlo, pero el truco que aprendí fue coger documentación relacionada y ponerme a leerla si había terminado».
José Antonio es un ejemplo del valor de las personas con TEA en el ámbito del empleo. Según sus responsables, que están encantados con él, José Antonio es profesional, voluntarioso y responsable. Valores que complementa con otras muchas virtudes e inquietudes. Ha compaginado su desarrollo en el ámbito laboral con la carrera de Comunicación Audiovisual, a la que llegó tras abandonar Periodismo, y ya se encuentra en el último año. Por ello, se encuentra temporalmente de excedencia en el centro desde el mes de marzo, para poder realizar las prácticas que desempeña en una emisora de radio que está siendo para él todo un descubrimiento: «Me gusta mucho. Más que la tele», afirma. Aunque cuando acabe, podrá regresar al centro de documentación si lo desea.
Tiene un C1 de inglés y, sobre todo, una vocación: «Escribir. Tengo cuatro novelas publicadas con el pseudónimo de Hesperia Moreno. Y estoy rehaciendo una para llevarla a una editorial». Respecto al futuro, tiene claro el objetivo: «Sea lo que sea que haga, solo quiero que me deje satisfecho –subraya–. Ser feliz».
En el ámbito académico, el ceheginero Juan Antonio Abril Ortega, de 25 años y con síndrome de Asperger, es también un ejemplo de la capacidad de las personas con trastorno del espectro autista para alcanzar las cotas más altas de la formación superior. Tras graduarse en Fundamentos de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), se encuentra ahora realizando el máster habilitante y haciendo prácticas en Meii Estudio. Ya en la recta final para poder ser arquitecto en ejercicio. «Lo que más me gusta es el urbanismo y el modelado en tres dimensiones», señala.
En su recorrido universitario, «lo más complicado» es «el tiempo para las entregas. Hay veces que ha tocado no dormir», reconoce. Aunque con el apoyo de la familia, los compañeros, los profesores y Astrade, que ha mediado para abordar las adaptaciones que ha necesitado, ha podido ir completando cada una de las etapas y gestionando tanto la parcela emocional como la relación con los docentes.
Ahora espera que su ejemplo sirva para que otras personas con TEA no se pongan límites en el ámbito académico. Por ello, las anima a «solicitar ayuda» para afrontar los obstáculos de la mejor manera posible: «Que la busquen porque son estudios que se pueden superar perfectamente con trabajo y dedicación».
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