
JESSICA M. PUGA
Viernes, 24 de octubre 2014, 01:08
Explícito y conciso se mostró ayer Frank O. Gehry poco después de su llegada a Oviedo. Y no solo con palabras, también con gestos. El arquitecto nacionalizado estadounidense y Premio Príncipe de las Artes respondió lo que quiso -peineta incluida-, rememoró lo que significó para él la construcción del Museo Guggenheim Bilbao, definió cómo es la arquitectura y estableció las diferencias entre el modo de llevarla a cabo en Europa y en América en una rueda de prensa organizada previamente a su visita a Gijón.
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«¿Pertenecen sus obras a la arquitectura del espectáculo?», le preguntaron. No tardó en responder y con cara de pocos amigos 'regaló' una peineta al periodista. «El 98% de las obras arquitectónicas actuales son pura mierda, no tienen sentido del diseño ni respeto por lo humano», explicó Gehry después, llegando a pedir que dejasen a los arquitectos «hacer nuestro trabajo en paz». «Yo no tengo agentes que me busquen el trabajo; cuando me llaman, lo hago. Trabajo con gente con respeto por el arte de la arquitectura», explicó Gehry. El arquitecto canadiense reaccionó con enfado a las primeras preguntas que se le hicieron en el Hotel de la Reconquista, una actitud por la que se disculpó después, achacándola al aturdimiento causado por el viaje. «Me ha pillado descolocado y reaccioné así», se disculpó. Aunque verle enfadado con los medios no es algo nuevo.
En 1997, Frank O. Gehry terminó el Guggenheim de Bilbao. «Este ejemplo demuestra que los edificios pueden marcar la diferencia», aseguró, señalando otros casos en los que ocurre lo mismo como en Sídney con la Ópera o en Grecia con el Partenón. A su obra de Bilbao le tiene un especial cariño, «aunque decantarse por una en concreto es como elegir a cuál de tus hijos quieres más, algo imposible». Según explicó, fue una obra modesta, con presupuesto limitado y poco pomposa a la que han sabido sacar grandes beneficios. «Edificios como las bibliotecas o los museos deberían tener un carácter especial, son construcciones que llegan a definir a la propia ciudad y a su población», explicó el arquitecto.
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