LA VERDAD
Lunes, 25 de mayo 2015, 00:55
Pilar Barreiro Álvarez (Lugo, 1955) ha ampliado este domingo su extenso currículum político en Cartagena, puesto que ocupa desde 1995. Ha ganado sus sextas elecciones, pero lo ha hecho con mucho menos respaldo popular que en los cinco comicios anteriores en los que fue cabeza de lista del Partido Popular. Solo ha obtenido diez concejales (nueve menos que hace cuatro años) y ha perdido una mayoría absoluta que hasta ahora era sólida.
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Barreiro, licenciada en Derecho, que llegó a la política hace dos décadas tras haber sido profesora asociada en la Universidad de Murcia, juez suplente y discreta diputada regional, ha pagado en esta ocasión el desgaste de quien lleva mucho tiempo gobernando y una gestión no exenta de sospechas. Hasta hace un mes estuvo imputada por un delito de presunta prevaricación en la tramitación urbanística de la urbanización Novo Carthago. Su nombre también ha salido a relucir en los interrogatorios al exalcalde socialista de Cartagena y amigo suyo José Antonio Alonso por parte del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco, en el marco de la investigación de la trama Púnica de supuesta corrupción.
Aun así, los cartageneros han dado en las urnas más valor a la transformación de Cartagena que ella ha liderado con firmeza que a cuitas legales que han quedado en nada o a sus conocidas ausencias de la vida municipal para ejercer también como diputada en Madrid. La recuperación de yacimientos arqueológicos, como los del Teatro Romano y los del parque del Molinete, la peatonalización de calles y plazas del casco histórico, así como la llegada de más de cien mil cruceristas anuales son hitos destacados en sus últimos años de mandato. Esta política divorciada, madre de dos hijos y abuela de dos nietos, también trata de poner orden en las cuentas municipales aún fiscalizadas por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas tras años de gastos excesivos de sus propios gobiernos solo levantar El Batel costó 64 millones de euros, el triple de lo previsto y pocos ingresos, sobre todo tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. La mayoría perdida le acarreará grandes dificultades para alcanzar el consenso que le permita afianzar Cartagena como ciudad turística y regenerar el casco histórico con un proyecto en el que el talento de los jóvenes emprendedores puede ser decisivo. Ella dice tener experiencia y ganas para conseguirlo. Pero no es descartable que un pacto entre PSOE y Movimiento Ciudadano incluso pueda apartarla del puesto que viene desempeñando inflexible desde hace dos décadas. Cuando menos, esta política de gran personalidad al que sus allegados llaman la Jefa tendrá que guardar su viejo rodillo y aprender a negociar.
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