JAVIER BEIRÁN
Domingo, 14 de agosto 2016, 18:35
España empezó el partido de manera distinta a los días anteriores, con mucha presión defensiva y mucha más agresividad. Desde el principio se percibían otras sensaciones, otra imagen. Los jugadores del banquillo saltaban tras cada canasta y eso se notó en todo el primer cuarto donde las rotaciones no bajaron el ritmo defensivo ni ofensivo, donde por fin les vimos correr y, sobre todo, llegar jugando en cada transición.
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En los primeros días escuché a mucha gente decir que este equipo no servía o que ya no estaban para este nivel, yo en mi columna pedía confianza y todo el apoyo posible. Eso es lo que necesitaban, quitarse esa carga con la que empezaron el torneo y esa energía negativa. Repartieron 31 asistencias de las 39 canastas que metió el equipo y dominaron el rebote con absoluta superioridad. Me encantó ver a Ricky con esa chispa, no sólo por el acierto que tanto esperábamos sino por la intensidad que tuvo tanto en ataque como en defensa. De Pau Gasol poco que explicar, recordándonos al extraterrestre del pasado europeo y, en general, a todo el equipo que jugó un auténtico partidazo.
Todavía queda otra final contra Argentina previa a los cruces y tiene pinta de ser una auténtica batalla. Nocioni viene de hacer 37 puntos (8 triples) y Campazzo 33 puntos (11 asistencias) pero yo sigo confiando en este equipo que tanto nos ha dado en los últimos torneos y que el sábado nos dejó boquiabiertos.
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