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Cuando hice mi máster de sexualidad descubrí lo trascendente que ha sido la figura de Gregorio Marañón en algo de lo que ahora se habla ... mucho: la intersexualidad. Pese a sus profundas convicciones religiosas, fue uno de los primeros adalides de la educación sexual en adultos. La importancia capital de este apartado en nuestras vidas y de lo fundamentales que son los caracteres sexuales de los humanos.
Este interés le llevó a formar parte de la Liga Mundial para la reforma sexual sobre bases científicas. En ella estaban los alemanes Magnus Hirschfeld, Havelock Ellis y Auguste Foret. Marañón fue presidente de esta liga en España. Tenía por secretaria a la famosa Hildegart Rodríguez, cuya vida se cortó abruptamente asesinada por su propia madre. Aunque esa es otra historia que otro día contaremos.
Este es apenas un aspecto de su rica colección de inquietudes y pasiones, pues también fue un magnífico biógrafo. Su concepto para acercarse a las enfermedades de los pacientes pasaba por estudiar todo su contexto. Aseguraba don Gregorio que la silla fue el mejor invento de la historia. En ella sentaba a personas aquejadas de diversos males y diagnosticaba desde un enfoque psicosocial. Se dice que fue el creador de la medicina psicosomática y ese aspecto humanista nunca lo abandonó. Se conservan miles de apuntes de pacientes con males diversos. Todo un tesoro para los que han venido después.
Marañón nace en el seno de una familia acomodada. Un hogar donde se debatían las ideas de índole contraria: Galdós, Menéndez Pelayo y José Mª Pereda discutían en torno a un café. Las personas inteligentes son capaces de entenderse si buscan un espacio común. Este caldo de cultivo es fundamental para su actitud, que siempre evitó la confrontación. Estudia medicina y descubre el lamentable estado de algunos hospitales en España. Marcha a Europa para curtirse en experiencias y allí contacta con Flemming, quien le ayudaría en una de sus primeras tareas patrias: combatir las enfermedades infecciosas, en especial, la sífilis.
En 1909 le otorgan un premio que abre su ingreso a la Academia de Medicina con un trabajo sobre el tifus. Sus recientes compañeros académicos se sorprenden al conocer que el galardonado aún está estudiando la carrera.
Por entonces, ya estaba en relaciones con la que fuera el amor de su vida, Dolores Moya. Una pareja muy feliz según relatan quienes los conocieron. Aseguran que ella fue su gran motor.
Su viaje a Las Hurdes con un Alfonso XIII a caballo le abrió los ojos a la profunda miseria de algunos lugares de España. Esta población que no comía proteínas, ni frutas, que se alimentaba básicamente de las pobres legumbres que daba la tierra, cuya carencia de yodo marcaba sus &ndashcasi siempre&ndash cortas vidas. Las mejoras que introdujo el doctor ayudaron a eliminar la mortalidad infantil y a que las mujeres tuvieran hijos sanos.
Son trascendentales sus estudios sobre endocrinología y es en esta etapa de su vida cuando concluye que la vida física y psíquica de los humanos necesita un equilibrio. Esa pasión por los secretos del alma humana era el latido de todos sus tratados médicos, pero también de sus exquisitas biografías. O ese estudio sobre el 'Don Juan', importantísimo para entender las actitudes de algunos narcisistas.
En su hogar, Serrano 43, algunos prohombres reunidos negociaron la salida del monarca y la instauración de una república, del modo más pacífico posible. Marañón sintió como una traición que el propio rey propiciara el golpe de Primo de Rivera, pero siempre fue dialogante. «El hombre que no duda es un peligro para los demás», aseguraba.
Quizá su actitud fue recibida como tibia por parte de la República. A Marañón se lo lleva una checa y al día siguiente sale de España. Su vida corría peligro. Cuatro años estuvo en París. Regresó por sus hijos y continuó con sus actividades. Al régimen le era útil y no le importaban demasiado sus ideas políticas. Después de aquello se preocupó por los españoles en el exilio.
Sorprende Gregorio y los espacios que creó para el diálogo y el arte: García Lorca, Machado, Curie y políticos de la época, nos saludan desde los daguerrotipos tomados en su amado Cigarralejo toledano.
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