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Me parece bastante injusto suspender al El Mochuelo como espacio, porque sentado en la terraza con el sol de lado y un buen bancal de limoneros con gallinas cerca es reparador para el cuerpo y el alma. Pero tenemos que saber que la barra de la entrada, donde hay embutidos colgados, o el propio comedor, son lugares por donde el tiempo ha hecho sus estragos. Las mesas de plástico de la terraza cubiertas con mantel de papel verde se disimulan un poco, pero en el interior nos encontramos con una ausencia estética de libro y una acústica muy mejorable.
A cambio, el sol de la terraza, como digo, una cocina tradicional que me gustó bastante y un servicio de camarera cercano y campechano como un pariente de Mula, aunque hasta en dos ocasiones tengo que levantarme a pedir porque el servicio estaba muy atareado dando de comer al abarrotado comedor.
El local no tiene carta y la camarera me va diciendo lo que hay disponible, además del menú del día. Unos matrimonios con aceitunas rellenas acompañan a la primera jarra de cerveza que sale del congelador con esa cristalización que al contacto con la birra crea pequeñas láminas de hielo. A mí me gusta la cerveza helada y no me importa que los puristas del sector vean una aberración modificar la receta original de la bebida con un poco de agua de la jarra.
5
Cocina
7/10
Calidad/precio
6/10
Servicio
5/10
Local
4/10
Bodega
4/10
Dirección Carril de la Iglesia, 64. Murcia
Teléfono 968 23 30 33
Horario Abierto de 8.30 a 18 de martes a domingos. Viernes y sábados también de 20 a 24 horas. Cierra lunes.
Precio medio Unos 30 euros por persona.
El pulpo está delicioso. De los que han sido condimentados con alegría y casi dan ganas de empinarse el plato para terminar con el caldo restante. Tierno como nos gusta en Murcia y con un chorrito de limón. Pero el plato estrella de la experiencia en El Mochuelo son las patatas al ajo cabañil. Os aseguro que hay pocas patatas que hayan pasado por la sartén tanto tiempo como las de El Mochuelo. El fuego lento y el tiempo de cocción las convierten casi en una crema que, a cada bocado, te sorprende con una parte crujiente y tostada, sabrosa y profunda. Absolutamente adictivas y, sin haberlo pedido, muy bien condimentadas de ajos y vinagre, por lo que si no os va la acidez, pedirlas sin nada, porque el cabañil es persistente. Como debe de ser.
Cuando hago mi reserva telefónica en cualquier restaurante de la Región pregunto si debo de encargar algo antes de ir a comer al sitio en cuestión. En este caso, los arroces hay que preverlos con tiempo, y así hago. Encargo arroz y conejo para dos que llega a mi mesa en su punto exacto de cocción en una paellera que prefiero dejar en el centro para ir cogiendo directamente. El único motivo de mejora del arroz es el pimiento, que encuentro un tanto terso y a mí me gusta que quede caramelizado y moldeable. El resto es un arroz típico de la huerta murciana de gran nivel que, quedando seco, sin restos de caldo o agua, termina siendo meloso una vez que le clavas el tenedor. Carne tierna y un punto de sazón para una segunda cerveza escarchada.
De postre, tocino de cielo casero. El corte de la ración se le rompe un poco al pasarlo al plato, pero en El Mochuelo no es motivo suficiente como para dar marcha atrás. Y la verdad es que el resultado es muy bueno. La textura y el sabor meloso compensan la presentación. Un café con hielo y a seguir. Larga vida.
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