

Secciones
Servicios
Destacamos
Las paredes de un sinfín de inmuebles, desde templos a entidades bancarias y equipamientos deportivos, lucen la obra del artista Antonio Hernández Carpe (Espinardo, 1921-Madrid, 1977), que una fundación ya ha empezado a catalogar con el fin de garantizar su conservación. Su hija Celina Hernández-Carpe, los arquitectos Edith Aroca y José María López, el director del Museo de Bellas Artes de Murcia (Mubam), Juan García Sandoval, y la restauradora e historiadora del arte Loreto López Martínez guían para LA VERDAD este recorrido urbano por parte del legado del pintor y muralista, que a veces pasa inadvertido, y desvelan algunos secretos.
Pese a su temprana muerte, a los 56 años, Antonio Hernández Carpe dejó una extensa producción por buena parte de la geografía nacional gracias a su genio y a una inmensa capacidad de trabajo. Y aunque también dominó la pintura de caballete -tres cuadros suyos se custodian en los fondos del madrileño Museo Reina Sofía- destacó por su faceta como muralista. Desde mediados de los años 50 y hasta principios de la década de los 70 atendió innumerables encargos para decorar la arquitectura del momento. Sus composiciones de azulejos, mosaicos, pinturas murales y vidrieras dan color y porte a iglesias, sedes administrativas, centros de enseñanza (en la foto, el IES Alfonso X de Murcia), bloques residenciales y complejos deportivos. La recién creada fundación El Mural se ha marcado como misión catalogar toda su obra para darla a conocer y asegurar su protección.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, la arquitectura pública emprende una renovación de la mano de los tecnócratas del franquismo. En el empeño de proyectar una imagen más moderna, estos proyectos institucionales siguen como directriz que su decoración se complete con trabajos de artistas del momento, según explica el arquitecto y profesor de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) José María López. En la Región de Murcia, aquellos años del desarrollismo dejan conjuntos como el complejo residencial de Espinardo, la actual sede de la Consejería de Salud, ambos proyectados por Enrique Sancho Ruano, y el edificio del Gobierno Civil, obra de Francisco Prieto-Moreno, hoy convertido en la Delegación del Gobierno. En uno de sus despachos, frente a la fachada urbana del Segura, se conserva un mural de Carpe que reproduce una escena marinera.
Por encargo de Enrique Sancho Ruano, el artista de Espinardo ornamenta dos de las iglesias más vanguardistas diseñadas por el arquitecto en los años 60: la del hospital psiquiátrico de El Palmar y la de Barranda (Caravaca de la Cruz). Pero Hernández Carpe contribuye a engrandecer con su obra otros templos tanto en la Región como fuera de ella. Para la Asunción de Alcantarilla (en la imagen) confecciona «el vía crucis en mosaico más grande de Europa», recuerda su hija Celina. A este proyecto dedicó un año de trabajo en el estudio que el muralista tenía en la madrileña calle María Moliner y que compartía con otro artista de la tierra, el escultor Antonio Campillo. Celina Hernández-Carpe todavía conserva en la memoria de su niñez la imagen de su padre cortando «las teselas con unas tenazas. Era una labor artesanal, todo lo hacía él con sus manos mientras escuchaba música clásica».
La maestría de Antonio Hernández Carpe ya fue reconocida en su tiempo por escritores, críticos y compañeros de oficio, y numerosos arquitectos y constructores coetáneos recurrieron a él para que culminara sus diseños. Con Eugenio Bañón colaboró en la decoración del Club de Tenis de Murcia. Un mural cerámico, con la escena de un fondo marino en el que no faltan los caballitos de mar, recorre la barra semicircular de la terraza de la piscina del complejo deportivo. Su originalidad rebasó las fronteras regionales. Trabajó con Fernández del Amo en los llamados pueblos de colonización, que durante el franquismo se extendieron principalmente por Andalucía y Extremadura. Para Aguas Nuevas (Albacete) pintó un reloj de sol que todavía se conserva en la fachada del Ayuntamiento. Sus murales también pueden admirarse en las universidades laborales de La Rioja, Salamanca, Las Palmas de Gran Canaria, Toledo y Málaga, y en varios colegios mayores de Madrid y Cuenca.
La obra de Carpe también se puede admirar en zaguanes de bloques residenciales. Así, los cuatro portales del edificio Torre de Murcia, en Gran Vía 8, están decorados en diferentes técnicas con piezas del artista (en la fotografía, protegida con una mampara acristalada, una pintura que evoca el paisaje del Mar Menor). «Su estilo figurativo resulta muy identificable y peculiar. Y sus composiciones de colores alegres transmiten cierto optimismo», explica la restauradora Loreto López. La experta y componente del patronato de la fundación El Mural valora que, en general, «la producción del Hernández Carpe se ha conservado en buen estado», si bien hay que lamentar algunas pérdidas ya irreparables. Es el caso de unas pinturas dedicadas a la historia del libro que decoraban la Biblioteca Nacional, en Madrid, y que se destruyeron en 1988 durante unas obras de remodelación. «Algo así no puede volver a suceder».
El director del Museo de Bellas Artes (Mubam) define a Antonio Hernández Carpe, adscrito a la denominada Generación Puente, como «un artista clave del siglo XX, conocido pero no lo suficientemente valorado». «Integral y polifacético, llevó el lenguaje moderno a su obra desde una tradición renovada», comenta. Para los encargos oficiales, que fueron muchos por toda la geografía nacional, sus diseños «se adecuaban al espacio donde iban ubicados», remarca Juan García Sandoval. Así, con destino a las instalaciones del pantano del Cenajo, una de las grandes obras públicas del franquismo para impulsar la modernización de los regadíos de la cuenca, ideó un homenaje a los campesinos (en la imagen) que hoy día se puede contemplar en la entrada de la sede de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), en Murcia. En un momento complicado de la historia reciente, dominado por la censura, se mostró como un pintor «comprometido aunque sin entrar en fricciones con el sistema».
La fundación El Mural hace un llamamiento para que los propietarios de obra de Carpe colaboren en su catalogación y baraja promover una línea de mecenazgo con el fin de que las empresas que lo deseen puedan colaborar en la restauración de este patrimonio que forma parte de la historia de la Región. Dicho colectivo afirma que la conservación de murales, pinturas y vidrieras del artista de Espinardo contribuye a poner en valor los espacios donde se localizan. En el punto de mira del recién creado patronato figuran las composiciones que decoran las dependencias del colegio Jesús María de Murcia y las instalaciones de Radio Nacional de España (RNE) en el denominado parque de la Antena, en Las Torres de Cotillas. Una parte importante de la producción del pintor se encuentra en manos privadas, repartida en vestíbulos de edificios residenciales. En la fotografía, un mural animalista, con los característicos gallos de Carpe, en la entrada al bloque de pisos del número 7 de la calle Jaime I en la capital murciana.
Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Murcia y en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid), sus viajes a Italia inspiraron sus obras de gran formato. Hernández Carpe quedó fascinado con la contemplación de los murales de los maestros del Renacimiento en Asís, Florencia, Siena y Roma. García Sandoval ve una influencia clara de autores como Fra Angelico, Giotto, Masaccio o Paolo Ucello en la monumentalidad de sus composiciones, los colores planos y «el carácter robusto y escultórico de sus figuras. En Italia, se imbuye de un arte unitario, de una plástica integral». Algo de todo ello aparece en los murales que el artista murciano creó para la Hermandad Farmacéutica y que hoy se conservan en la sede de la Cámara de Comercio de Murcia (en la fotografía). Formaron parte de la exposición que el Mubam le dedicó con motivo del centenario de su nacimiento.
El Concilio Vaticano II marcó la arquitectura religiosa en los años 60 del siglo XX. Cambian los ritos (las misas ya no serán en latín y de espaldas a los fieles), pero también los espacios religiosos, que se adaptan al lenguaje contemporáneo. La arquitecta y docente Edith Aroca explica que las nuevas iglesias se diseñan como lugares al servicio de la comunidad, diáfanos y sin ornamentación añadida. Los arquitectos se apoyan en artistas de la época para expresar la religiosidad del momento, con la luz jugando un papel destacado. De ahí el protagonismo que de nuevo adquieren las vidrieras. Carpe elabora un conjunto de diez piezas llenas de color para la parroquia del Sagrado Corazón de Molina de Segura (en la imagen). Para la desacralizada iglesia del complejo de Espinardo, Sancho Ruano confía en otros artistas de la tierra como los escultores González Moreno y Francisco Toledo.
Estampas costumbristas, alegorías de la familia y del hogar, homenajes a los oficios tradicionales, una fauna de gallos, perdices y palomas (en la fotografía, aves en un árbol en un edificio de la calle González Adalid de Murcia) paisajes murcianos, santos y ángeles pueblan la obra figurativa de Carpe, que también se adentra en ocasiones por el arte abstracto. Cuenta Celina Hernández-Carpe que a su padre «nadie le decía qué pintar. Él imaginaba y realizaba sus diseños propios, sin ayudantes». No obstante, el artista solía tener en cuenta los emplazamientos donde iban a instalarse las piezas que le encargaban. Así, para la Hermandad Farmacéutica pintó los santos médicos Cosme y Damián, que después pasaron a la Cámara de Comercio de Murcia. Entre los proyectos impulsados por la fundación, pronto verá la luz la recuperación de los monumentales murales del antiguo Hospital Provincial.
Publicidad
Almudena Santos y Lidia Carvajal
Rocío Mendoza | Madrid, Álex Sánchez y Sara I. Belled
Óscar Beltrán de Otálora y Gonzalo de las Heras
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.