Ana RodrÍguez Fischer, autora de 'Notre Dame de la Alegría'. Siruela

Ana Rodríguez Fischer

Escritora
«Maruja Mallo ganó un concurso de blasfemias, le gustaba escandalizar»

La catedrática de Literatura Española novela en clave de monólogo interior la vida de la pintora surrealista

Jueves, 27 de febrero 2025, 00:42

Salvador Dalí la definió como «mitad ángel, mitad marisco». Es verdad que la pintora surrealista estada dotada de un talento prodigioso y angelical, al mismo tiempo que tenía el aire desvalido y exótico de un crustáceo. Mujer libre, bohemia y provocadora, fue una eximia representante de la Generación del 27, se codeó con Lorca, Buñuel y Dalí y se erigió en una referencia inexcusable del arte español del siglo XX. Este año se hablará mucho de Mallo, cuyo verdadero nombre fue Ana María Gómez González. El Reina Sofía le dedicará en octubre, 30 años después de su muerte, una exposición. A su vez, la escritora y catedrática de Literatura Española Ana Rodríguez Fischer acaba de publicar 'Notre Dame de la Alegría' (Siruela), una novela en la que recrea por medio de un monólogo interior la vida de la artista.

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-¿Qué es lo que define a Maruja Mallo? ¿Acaso su espíritu transgresor?

-Su imaginación, su extraordinaria creatividad, su capacidad de recorrer y explorar distintas vías y posibilidades. Su irreverencia, su independencia, su atrevimiento… Muchas cosas.

-Como mujer de la Generación del 27, ¿fue borrada de los libros de historia? Se cita mucho a Buñuel, Dalí y Lorca como miembros de la trilogía del surrealismo español, pero a ella no se la menciona.

-Así es. Ahora se la tiene más presente a raíz de movimientos como Las Sinsombrero, pero hace tres décadas era chocante el silencio sobre su figura. He trabajado bastante en el estudio de las vanguardias y los escritores de la época, y Maruja Mallo aparecía vinculada a múltiples proyectos, pero poca gente se refería a ella.

-¿Considera a Maruja Mallo un referente del surrealismo figurativo, a la altura de Magritte, por ejemplo?

-La mejor prueba de su relevancia fue la acogida que tuvo su obra en París en 1932. Breton le compró su cuadro 'El espantapeces', lo que ya es muy significativo. Sin embargo, ella evolucionó rápidamente. Tras esa etapa, entró en la Escuela de Vallecas y adoptó un compromiso más crítico y social. Nunca se estancó. Tal vez su rapidez en recorrer distintas etapas y el hecho de haber estado tan sola, salvo en sus primeros años en la Residencia de Estudiantes, contribuyeron a que su figura quedara relegada.

-¿Cómo fue posible que surgiera una mujer como Maruja Mallo en un ambiente tan poco propicio?

-Había otras, pero muchas no continuaron su camino. Maruja estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, lo que ya le dio una visibilidad mayor. Pero lo decisivo fue la acogida de Ortega y Gasset en los salones de la 'Revista de Occidente'. Ese fue su primer gran escaparate, de una categoría notable.

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Amiga de Luis Buñuel

-¿Era una mujer libre, podría considerarse una feminista?

-Sin duda. Rompió reglas, desafío cánones y convenciones, tanto en el ámbito artístico como en su vida personal. Le gustaba escandalizar. Se dice que ganó un concurso de blasfemias, algo que está documentado por su amigo Luis Buñuel.

-¿Sabía moverse en los ambientes artísticos?

-Sí, sabía desenvolverse en un mundo dominado por hombres, con una energía y una espontaneidad fuera de lo común. Su impulso era intuitivo, desafiante, casi un salto al vacío.

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-En aquella España de principios de siglo, tan cerril a veces, ¿había espacio para una figura como ella?

-No mucho. Además, su adhesión a la República y su ideología de izquierdas hicieron que quedara fuera de muchos circuitos. Su último compañero era militante del POUM, de inspiración troskista. Su anticlericalismo era notorio y lo manifestaba constantemente en sus escritos sobre la evolución de las artes. En ese periodo ensalza el mundo del trabajo y la tierra; reivindica las manos, las herramientas y los utensilios más elementales.

-¿Y cómo fue su relación amorosa con Alberti?

-Maruja fue muy discreta al respecto. Alberti conoció a María Teresa León y se marchó con ella, pero antes habían tenido una relación muy estrecha. Sin embargo, en la primera entrega de 'La arboleda perdida', Alberti no la menciona. Años después, tras la muerte de María Teresa, en los artículos que publicó en la prensa, sí le dedicó una entrada donde hablaba del accidente de tráfico que sufrió, un suceso que he incorporado a la novela.

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-Se encontraba en Galicia cuando comenzó la guerra. ¿Preveía lo que se avecinaba?

-Por supuesto. Presenció la represión de primera mano. Afortunadamente, pudo huir a Portugal, donde Gabriela Mistral y Cossío le facilitaron la salida. Desde allí partió hacia el exilio.

-En América experimentó un deslumbramiento.

-Le fascinó el continente, desde el paisaje hasta las etnias, pero vivió discretamente y bastante aislada, salvo por algunas relaciones con Neruda y Gabriela Mistral.

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